Adiós a las hojas amarillas: el error que muchos cometen al regar la lengua de suegra en invierno
En esta planta resistente y común en los hogares, el exceso de agua es el error más común y puede dejarla sin vigor en los meses fríos.
Importante evitar que la lengua de suegra se ponga amarilla.
La lengua de suegra es una de las plantas de interior más populares por su capacidad de sobrevivir a casi cualquier descuido. Sin embargo, en invierno, muchos caen en un error que puede costarle caro: regarla como si fuera verano.
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Cuando bajan las temperaturas, la planta entra en una etapa de crecimiento lento y necesita mucha menos agua. A pesar de esto, es habitual que se mantenga la misma rutina de riego que en los meses cálidos, lo que termina por saturar el sustrato y ahogar las raíces.
El resultado más común es la aparición de hojas amarillas, pérdida de vigor y, en los casos más graves, la pudrición de las raíces. El sustrato húmedo de manera constante impide que la planta respire correctamente y favorece la aparición de hongos y malos olores.
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Cómo detectar si la lengua de suegra sufre exceso de riego
Las señales de alerta son fáciles de identificar. Las hojas amarillas suelen ser el primer síntoma, seguidas de hojas blandas y manchas oscuras cerca de la base. También puede aparecer un olor desagradable en la tierra y una notoria falta de crecimiento.
Si se observan estos signos, lo más probable es que la planta esté recibiendo más agua de la que necesita en esta época del año.
El consejo clave de los jardineros para el invierno
Los especialistas recomiendan comprobar siempre que el sustrato esté completamente seco antes de volver a regar la lengua de suegra. En la mayoría de los hogares, durante el invierno, alcanza con hacerlo cada dos o tres semanas.
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Dejar que la tierra se seque entre riegos es fundamental para mantener la planta sana y evitar problemas que pueden ser irreversibles.





