En ciudades con alta humedad como Santa Fe, los placares suelen ser el foco principal de problemas. La tiza blanca de pizarrón es un material altamente poroso que tiene una capacidad asombrosa para absorber partículas de agua del ambiente. Un truco efectivo es atar 4 o 5 tizas con una cinta y colgarlas en el barral entre las perchas.
Si no tenés tizas, el arroz crudo cumple una función similar. Colocá media taza de arroz en pequeñas bolsitas de tela (tipo tul) y distribuilas en los estantes o dentro de los bolsillos de los tapados que no usás con frecuencia. El arroz atrapará la humedad antes de que llegue a las fibras de lana o algodón, evitando las temidas manchas amarillas.
Cómo organizar para que el aire circule y la ropa "respire"
El error más común es llenar el placard hasta que no entra un alfiler. Sin circulación de aire, la humedad se estanca. Para evitarlo, intentá dejar un espacio de al menos dos dedos entre percha y percha.
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Mantener una separación mínima entre prendas es la mejor barrera contra la formación de hongos.
Además, un hábito fundamental es no guardar la ropa inmediatamente después de usarla. Aunque parezca limpia, las fibras retienen el calor corporal y una mínima humedad del ambiente; dejá que la prenda se airee fuera del placard al menos una hora antes de guardarla definitivamente. Si ya sentís olor a humedad, colocá un recipiente con bicarbonato de sodio en el piso del ropero: es el mejor neutralizador de olores que existe.