Cris Miró fue leyenda en el mundo de las LGBT y una celebridad en la Argentina. En su ADN se peleó siempre con las etiquetas, nunca le gustaron. Ni travesti, ni mujer, ni hombre. Ella se sintió artista y así buscó ser aceptada en la sociedad.
El 1° de junio de 1999, Cris Miró falleció en el sanatorio Santa Isabel, en el barrio de Caballito. Las circunstancias nunca estuvieron claras. Su círculo más cercano se encargó de desmentir que estuviera enferma de SIDA. Por lo bajo, algunos llegaron a decir que se trató de una afección pulmonar. Para más confusión, su representante señaló que fue un cáncer linfático. Hilda, su madre, les prohibió a los médicos hablar de las causas de su fallecimiento.
Cuando Cris Miró llegó al sanatorio el 20 de mayo de 1999, algo no estaba bien. Ella gritaba por un fuerte dolor que tenía en su estómago y los médicos la internaron de inmediato.
Su carrera fue meteórica: la popularidad del teatro de revista la catapultó a la pantalla chica y se convirtió en una figura solicitada en los programas que tenían mayo audiencia.
Mirtha Legrand, Nicolás Repetto, Antonio Gasalla y Marcelo Tinelli se peleaban por tenerla. Un día, la mismísima Mirtha la confrontó en sus almuerzos y hasta la trató como un hombre no asumido. Eran otros tiempos, claro. Un video que se viralizó en Twitter muestra el momento:
Cris Miró vivió rápido y en sus palabras nunca hubo reproches o cuestionamientos. Fue mucho más que una figura emblemática. Con su presencia traspasó todos los límites en la década del ´90, una época marcada por la postal del menemismo y el 1 a 1.
Jamás tuvo conciencia de todo lo que logró. Apenas unos años después de haber llegado a la fama, y con 31 años, Cris Miró murió envuelta en un misterio.
Fue vedette del momento, fue bandera de la comunidad LGBT y fue la primera celebridad travesti en ser aceptada en la industria del espectáculo. Fue también esa persona que siempre abrió un sendero. Por alguna extraña razón, algo nos privó de verla brillar aún más.
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