A mediados de febrero, Silvina Luna contó que su estado de salud era bastante delicado, ya que necesitaba un trasplante de riñón que le permitiera mejorar su calidad de vida. El tiempo pasó y varias personas la llamaron para ofrecerse como donantes, pero no pudo aceptar ninguno por varios motivos.
“Familiares míos se ofrecieron para donarme un riñón. Todavía falta y no me quiero adelantar. Primero tengo que estar en la lista del INCUCAI. Una de las personas que se ofreció fue mi hermano, pero a mí todavía me da cosa hablarlo. Yo sé que él está ahí, pero todo depende de muchas cosas y quiero ir paso a paso”, manifestó en el ciclo radial de Catalina Dlugi hace un mes.
La ex Gran Hermano luego agregó: "Tengo que hacerme diálisis tres veces por semana. Para entrar en la lista de espera para un trasplante de riñón, antes tengo que vencer una bacteria que está dando vueltas por mi cuerpo. Tengo que pensarlo como un paso a paso. Si pienso en todo lo que tengo que encarar, me agarra una ansiedad bárbara".
Por último, reconoció que desde que le comunicaron lo de la cirugía comenzó a encarar la vida de otra manera: “Lo que vivo y lo que comparto con gente que está en la misma es que hay que vivirlo día a día. ¿Cómo me levanté hoy?, ¿Estoy dolorida? Hay que aprender a escuchar al cuerpo. ¿Necesito quedarme descansando? Ok, me quedo. Otro día me levanto sin dolores y lo aprovecho al máximo, visito amigos, hago todo lo que me hace bien”.
El calvario de Silvina Luna comenzó en 2010, cuando se hizo una liposucción para luego agregarse la grasita en los glúteos. El médico, Aníbal Lotocki, le recomendó que además se pusiera metacrilato y las consecuencias fueron terribles con el correr de los años.





