Mariano De La Canal, mejor conocido como "el fan de Wanda", se volvió popular cuando iba con vinchas multicolores a la tribuna de Showmatch a alentar a su ídola, Wanda Nara, llorando y gritando desesperadamente por ella.
El joven contó en "¿Dónde están los signos?", que se emite por el Trece, que tiene un nuevo "currito" ¿De qué se trata? Al parecer, sigue haciendo lo que tanto sabe, llorar y dramatizar momentos.
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“Hay que trabajar, chicos", se justificó De La Canal. Y reveló su nuevo trabajo.
"A mí el pueblo argentino me conoció llorando, tengo curritos, por ejemplo, creé una empresa que se llama Lágrimas de olvido y me contratan para llorar en velorios. Es gente que por ahí no tiene familiares que lloren al muerto, y voy yo”, explicó.
Cómo funciona el servicio para los velorios de Mariano de la Canal
“Tengo varios paquetes. El más económico es el simple, vale 5.000 pesos e incluye solamente un llantito. Media hora en total. El intermedio consta de un llanto y un gritito, y el premium es el mejor porque incluye patada en el cajón, echar a un familiar que no guste, llanto y griterío”, detalló Mariano su cuadro tarifario.
Pero este no es el primer emprendimiento del mediático. “Las vinchas de Wanda me cansé de venderlas, 600 pesos las cobraba”, cerró.
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El servicio "lágrimas de olvido" de Mariano De La Canal tiene tres paquetes:
- El básico: incluye una "lloradita" de 30 min al lado del cajón.
- El medium: incluye llorar por mucho tiempo, hacer escándalo y dar "vuelta" el cajón.
- El premium: incluye todo lo anterior, más echar un familiar no deseado.
El oficio de las lloronas, unas lágrimas a cambio de dinero
Las mujeres que eran contratadas para llorar a un difunto se llamaban plañideras. Esta palabra proviene del verbo plañir, es decir, sollozar. Esta tradición se realizaba en los velorios donde había una escasa presencia de personas y tiene sus orígenes en el antiguo Egipto donde sus servicios eran variados: lamentos que podían convertirse en gritos desconsolados, golpes en el pecho, echarse tierra en diversas partes del cuerpo o tirarse los cabellos. Diversas manifestaciones que permitían teatralizar el profundo dolor que conllevaba la pérdida de un familiar.
Por qué se contrataban a las lloronas
Estas lloronas eran contratadas porque se creía que los llantos que emitían limpiaban el alma del difunto de pecados facilitando así su alcance rápido a la gloria eterna. Además de brindar sus lágrimas, estas lloronas servían de posta para que los deudos pudieran atender de manera adecuada a quienes habían venido a esta ceremonia de despedida. Una vez finalizado el entierro, las plañideras o lloronas pedían el pago de sus honorarios por haber realizado su trabajo. Esta paga podía ser en dinero o víveres como trigo, yerba o harina.
Descripción del oficio de las lloronas
Estas personas que tenían como función llorar por el alma del muerto eran de mediana edad, algunas eran viudas o personas que, por diversas razones, habían quedado solas. Las lloronas asistían a los velorios completamente de negro, se solían contratar de dos o tres y eran ubicadas en un sitio especialmente reservado para que emprendieran su dramático sollozo hasta el momento del sepelio.
Se trataba de una contratación sumamente popular ya que no era pertenencia exclusiva de un determinado grupo social sino que cualquier miembro de la sociedad contrataba sus servicios de actuación.
En Taiwán continúa el oficio de llorona
Al igual que en el resto de los países, las plañideras tienen una larga historia en Taiwán donde los difuntos necesitan irse de manera ruidosa para pasar de manera más adecuada a otra vida. Muchos años atrás, las mujeres dejaban su hogar para ir a trabajar a otras ciudades mientras que el transporte era muy limitado por lo que si un familiar moría no llegaban a tiempo para el funeral por lo que la familia contrataba a una llorona para que los acompañara en este duelo.
Liu Jun-Lin, de 30 años, es la llorona más famosa de Taiwán y la contratan cada día para hacerlo en funerales de personas desconocidas junto a su hermano, A Ji, que toca instrumentos tradicionales de cuerda. La abuela y la madre de Liu eran plañideras profesionales pero sus padres murieron cuando ella era pequeña por lo que quedó al cuidado de su abuela que no poseía recursos económicos suficientes. Así fue su abuela quien la introdujo a Liu en el negocio familiar cuando tenía tan sólo 11 años.
Consiente de los cambios culturales y económicos, Liu diversificó su negocio y contrató a 20 mujeres asistentes que ayudan a los directores de las funerarias al embalsamamiento y otros servicios funerarios.






