Pampita y Benjamín Vicuña atraviesan sus horas más complejas. Blanca Vicuña Ardohain hubiese cumplido 15 años, pero el maldito destino le jugó una mala pasada. Momentos por los que ningún padre desea pasar. Pero allí están, con el alma deshilachada, pero caminando por la vida, poniéndole el corazón a la cuestión porque hay otros hijos que necesita apoyarse en ellos y porque la vida continúa y suma capítulos.
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Cómo empezó todo
En agosto de 2012, la familia, en medio de un descanso laboral, no lo pensó dos veces y partió con destino a la Riviera Maya, uno de los lugares más paradisíacos de México. Los primeros días fueron de felicidad, de chapuzones en la playa y castillos de arena. Pero de repente el cielo se nubló. Una batería que habría ingresó al cuerpo de Blanquita y lo que vino es historia conocida.
El 30 de agosto, recién llegados de las vacaciones, la nena ingresó directamente a la terapia intensiva de Las Condes, en Chile. Mientras su salud se deterioraba, los médicos no lograban dar con lo que le estaba generando eso. La batería de estudio siguió hasta que al fin dieron con el diagnóstico: una neumonía hemorrágica que había provocado una falla multisistémica.
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Falleció nueve días después
Los últimos días fueron de desconsuelo, en un coma farmacológico hasta que, luego de un derrame cerebral producto de su estado, hizo que su cuerpo no lo aguantara y se produjera su deceso. Allí, como no había sido bautizada, sus padres llevaron a un cura para que pudiera recibir el sacramento.
Blanca murió nueve días después de su ingreso al sanatorio, el 8 de septiembre, con apenas 6 añitos. Desde entonces, ese número maldito se transformó en el recuerdo más cruel de todo lo que vivió la familia. Todos los meses, en esa fecha, todos los aniversario o en cada fecha de cumpleaños, Benjamín y Carolina acuden a sus corazas para no romperse en el recuerdo.
Desde entonces sus restos descansan en Chile, país en el que residía la pareja cuando se dio tal acontecimiento hasta 2013, que se instalaron en Argentina. Incluso, en aquella casa que habitaban, como una suerte de santuario, la conductora y el actor decidieron no tocar nada en el cuarto de la nena. Allí están los recuerdos más profundos, de los que no se quieren desprender.
Desde entonces a esta parte, Benjamín Vicuña y Pampita se encargaron de que el recuerdo siga más vivo que nunca. De que sus hijos no se olviden de su hermana mayor. Cuando sucedió la desgracia, Bautista tenía 4 años y Beltrán apenas dos meses. Benicio no había ni nacido, pero él también lleva a Blanca en sus venas, porque así lo establecieron sus padres trasmitiendo el legado.
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