A pesar de que se la pasa reivindicando su elección de “mujer soltera, independiente y satisfecha con su estilo de vida”, parece que las etiquetas de algunos medios de comunicación y de parte del público no cesan y Jennifer Aniston se hartó. Y dio una entrevista que se convirtió en una lección.
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Tapa de la última edición de Elle, cerca de cumplir 50 años el 11 de febrero, Aniston reivindicó sus matrimonios con Brad Pitt y Justin Theroux: “Fueron felices”, pero ahora, divorciada por segunda vez, siente felicidad “sin pareja estable y sin hijos”.
Cansada del cruel apodo viral “La novia desdichada de América”, apodo nacido tras su divorcio de Pitt, lanzó: “¡Tengo un trabajo genial. Tengo una familia genial. Tengo amigos geniales. No tengo razones para sentirme de otra manera que feliz!”, según publicó radiomitre.
“Lo que determina la felicidad en la vida de alguien no es el ideal que se creó en los años 50. Ese relato no lo escuchas para los hombres. Esto es parte del machismo, siempre la mujer es la despreciada, la desconsolada y la solterona. Nunca es lo contrario”, señaló.
Y se plantó: “¡No me siento vacía! Mis matrimonios han sido muy exitosos, en mi opinión. Cuando llegaron a su fin, fue una decisión tomada porque elegimos ser felices. Al fin y al cabo, esta es nuestra única vida y no me quedaría en una situación solo por miedo, por miedo a estar sola, miedo a no poder sobrevivir. Continuar en un matrimonio solo por miedo es como menospreciar tu vida”.
Aniston considera que un divorcio es “más un acto de valentía que un fracaso personal”. “Vivimos en una sociedad que envía ciertos mensajes a las mujeres; a esta edad, debes estar casada; a esta edad, deberías tener hijos. Ese es el molde que estamos intentando romper lentamente. Tenemos estos clichés en torno a todo esto que necesitan ser reelaborados y retocados”, sentenció.
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Por otro lado, a la actriz le viven preguntando por qué no explota las redes sociales, teniendo en cuenta que con su fama sería un ingreso millonario extra, a lo que la rubia dio una explicación sencilla: prefiere no regalar instantes que, por insignificantes que parezcan, son solo suyos. “Lo único que tengo que mantener es ese pequeño círculo sagrado que es solo mío. Si estoy sentada publicando algo sobre mis perros o estoy haciendo un boomerang de mis taza de café por la mañana, estoy regalando un trozo más de algo que es mío”, explicó.






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