Lucía Maidana, una concursante de la edición 2023 de "Gran Hermano" en Argentina, compartió una historia personal profundamente conmovedora y desgarradora sobre su vida como lesbiana en una familia conservadora y tradicional.
Originaria de Salta, Lucía enfrentó una considerable oposición y desaprobación por parte de su familia debido a su orientación sexual.
Ella está en una relación con su novia, Virginia, durante cuatro años, pero su familia nunca aceptó su sexualidad ni su relación. Lucía reveló que su padre llegó a un extremo preocupante al querer "reconvertirla" a la heterosexualidad, incluso mencionando la posibilidad de enviarla a un centro de conversión en España donde se utilizan métodos como los electroshocks.
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Además, Lucía describió la cultura restrictiva y discriminatoria de su familia, ejemplificada en su participación en el Club 20 de Febrero, una institución social de élite en Salta, conocida por sus prácticas machistas y excluyentes.
Este club solo admite hombres como socios plenos y tiene áreas restringidas solo para ellos, manteniendo una tradición que dicta que las mujeres solo pueden ser invitadas a ciertos eventos sociales como el "Baile de Jovencitas", destinado a presentar jóvenes mujeres a posibles pretendientes masculinos.
La historia de Lucía no solo refleja su lucha personal, sino que también arroja luz sobre las dificultades más amplias que enfrentan las personas LGBTQ+ en contextos familiares y sociales conservadores.
Su valentía al compartir su experiencia en un entorno público como "Gran Hermano" llamó la atención sobre estas cuestiones críticas y ha generado una importante discusión social sobre la inclusión, la aceptación y los derechos de las personas LGBTQ+.
El Club 20 de Febrero: una historia de elite, machismo y discriminación
El Club 20 de Febrero, ubicado en la ciudad de Salta, Argentina, es una institución social con una larga y destacada historia. Fue fundado el 1 de enero de 1858 por el General Rudecindo Alvarado, durante el gobierno de Dionisio Puch.
La creación del club respondió a la necesidad expresada por Puch de tener un centro de reuniones para la sociedad culta de Salta, convirtiéndose así en el tercer club más antiguo de Argentina.
Desde su fundación, el Club 20 de Febrero tuvo diversas sedes. Originalmente, se estableció en la casa de Costas, donde hoy se encuentra el Cine Alberdi. Posteriormente, se trasladó a la casa de Don Juan Ramón Navea en la esquina de Alvarado y Alberdi, y luego a la casa de Ugarriza en la calle España.
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En 1883, el club se instaló en el piso alto del Teatro Victoria, donde permaneció por treinta años, hasta que finalmente se mudó al edificio frente a la Plaza 9 de Julio, actualmente el Centro Cultural América.
En 1956, el club adquirió una distinguida casona en Paseo Güemes 54, propiedad de Carlos Durand Guasch, que incluía obras de arte y muebles valiosos. Este edificio, diseñado por Fernando Lecuona de Prat, proporcionó al club un espacio refinado y cómodo. Durante la presidencia de Mario Lacroix, se construyeron los salones del club, con Lecuona de Prat como arquitecto. El Club se instaló en su nueva sede del Paseo Güemes en 1958, un siglo después de su fundación.
Fin de Año, Club 20 de Febrero
Club 20 de Febrero de Salta tiene graves denuncias
El Club 20 de Febrero en Salta es objeto de varias denuncias y críticas por prácticas consideradas elitistas y discriminatorias, especialmente en lo que respecta a la igualdad de género y la inclusión social.
Según Que Pasa Salta, el club mantiene tradiciones que excluyen a las mujeres de ciertos espacios y actividades, como la imposibilidad de votar en el sistema de admisión de nuevos socios y la restricción de acceso a ciertas áreas del club, como bares o salas de juegos, que están reservadas exclusivamente para hombres.
Además, el proceso de admisión al club es muy selectivo y se basa en un sistema de "bolillas negras y blancas", donde los postulantes deben ser propuestos por otros socios y someterse a una votación.
La aceptación en el club depende en gran medida del apellido y la familia de origen del postulante, perpetuando una dinámica que algunos consideran anticuada y fuera de lugar en el contexto actual.
Estas prácticas generan un debate en la sociedad salteña, donde algunos defienden la tradición y el derecho del club a establecer sus propias reglas, mientras que otros critican estas normas por considerarlas retrógradas y discriminatorias.
Las opiniones varían ampliamente, desde la defensa del club como un espacio privado con derecho a sus propias normas, hasta críticas severas por perpetuar un sistema elitista y excluyente.
¿El Club 20 de Febrero atrasa?
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