Darío Barassi aprovechó el fin de semana largo para regresar a San Juan y poder disfrutar de su familia y su tierra. Sin embargo, por sus compromisos laborales tuvo que regresar y Lucía Gómez Centurión y su hija, Emilia Barassi se quedaron para pasar tiempo de calidad con su familia. A pesar de la distancia, el conductor se comunica con su esposa y su hija y en las últimas horas, le dedicó unas tiernas palabras comentándole lo que la extraña.
“Necesito que esta niña vuelva ya. Pijama y sombrero. Reina total mi Pipi”, escribió el conductor en su cuenta de Instagram junto con una foto de la nena de dos años a quien a pesar de haber visto el lunes, ya extraña con locura.
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El domingo había compartido una foto de los dos mirándose muy cariñosamente: “Enamorado de mi niña. ¿Y cómo no? !Feliz día de la niñez! Los mejores seres humanos del mundo”. Su posteo consiguió miles de “Me gusta” y cientos de comentarios que le deseaban un feliz día a la pequeña.
Apenas llegó de nuevo a su casa escribió junto con una foto de él en su provincia: “Piernas relajadas con el aire cuyano. Fui por laburo y aprovechamos con las chicas para ver amigos, familia y tierra. Siempre es lindo volver a San Juan, sea cuando sea. Más si te tratan como nos tratan cada vez que vamos. También es lindo volver a casa. Obvio estoy en el trono. El primer trono post viaje es glorioso”.
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Además, se mostró orgulloso de algo que aprendió a hacer su hija durante su estadía en San Juan. Con una captura de una videollamada, el conductor mostró a sus seguidores que Emilia aprendió a sacar soda del sifón y expresó su orgullo con humor. “Mi hija usa sifón. Puedo morir en paz”, expresó el conductor en historias.
La increíble historia de amor de Darío Barassi: un flechazo no correspondido y una confesión a medias
Darío Barassiy Lucía Gómez Centurión tenían apenas 16 años cuando se conocieron en San Juan, la provincia en la cual crecieron. Él quedó “enamoradísimo desde el minuto uno”. Y ella... ella no. Y allí mismo comenzó esta (no) historia de amor. “Era muy muy muy claro para mí que era la mujer de mi vida”, dice el conductor de 100 argentinos dicen, en El Trece, que luego de aquellos 60 segundos iniciales (”Estuve hasta las manos desde el día uno”, admite) optó por esperar.
Claro que no lo hizo de manera pasiva. Comenzó a construir una amistad con esa joven con quien tenía mucho en común, porque el destino, por entonces esquivo, le otorgó un guiño: cuando ambos -cada uno por su lado, claro- vinieron a Buenos Aires formaron parte del mismo grupo de amigos, aunque solían despegarse del resto.
Darío Barassi y Lucía Gómez Centurión llevan seis años juntos
Es que el teatro los apasionaba: fascinados con las luces de la Calle Corrientes, no había obra a la que no concurrieran. También iban al Colón “por dos mangos”, recuerda el actor, que sentía que la gran ciudad le “explotaba la cabeza”. Y a su lado ella, Lucía, acompañándolo en esa aventura. “Juntos descubrimos otra Baires -recuerda Darío-. Todo ese camino enriquecedor lo hice con ella. Me hacía la gamba porque a mis amigos conservas todo ese trip les importaba cero”.
Por esos años Barassi tenía otros planes. La actuación lo atrapaba desde la pasión, la Abogacía (se recibió con diploma de honor) lo retenía desde el mandato familiar. Lo que resultaba una constante era el amor hacía Lucía. Cierta noche compartida, entendió que debía decírselo. Las luces tenues del bar con pool en la calle Arenales, el clericó que le dio impulso, una frase prometedora que pronunciaron a la par: “Tengo que contarte algo”. Para Darío... ¡qué noche mágica Ciudad de Buenos Aires! Nada podía salir mal.
No todo fue felicidad
Lo que se dijeron después también se superpuso: “¡Me gustás!”, exclamó él. “¡Volví con mi ex!”, precisó ella. Y todo fue “engorroso”, como define Barassi. La relación regresó a foja cero: la amistad se hizo trizas, las salidas nocturnas ya no eran oportunas, la convivencia se “complicó”. Dejaron de verse.
El origen en San Juan, el desarrollo en Buenos Aires, el desenlace en Mar del Plata: en La Feliz volvieron a encontrarse más tarde. Lucía ya no estaba de novia, Darío siguió con la prudencia. En esos días de verano del 2010 tomaron sol, caminaron por la playa, se tomaron de la mano, robaron algunos besos. Y allí mismo comenzó esta historia de amor.
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De regreso en Capital tuvieron la primera cita formal. Un restaurante de Palermo fue el sitio elegido en un día que no pareció casual en el almanaque: 14 de febrero. Y los nervios. “No me animaba a besarla. Entonces fuimos a su casa ‘a ver una peli...’, No tenía aire acondicionado y, pegado a un turbo, al borde de la deshidratación, le salté encima: ‘¡Vamos para adelante!’”. Ahora sí, estaban a tiempo.
Nuevo rumbo
La relación amorosa se afianzaba a la vez que Barassi decidía pegar el volantazo, realizar sus propias elecciones, romper con los mandatos: quería ser actor. Además, se probaba en la televisión como notero en el ciclo AM, de Vero Lozano y Leo Montero. Para la pareja, ese nuevo rumbo fue “un cimbronazo fuerte”. Así lo explica él: “Corté un año porque ella se puso de novia con el gordo pajuerano, abogado. Y de repente estaba a las 3 de la mañana persiguiendo notas”.
La obra Chicos católicos, apostólicos y romanos fue su salto a la notoriedad y en 2013 ganó una beca en Nueva York. Tomo clases de canto con el pianista y director de Broadway Christopher Stephens y de teatro en Red Door, en el mítico West Village. Y en la Gran Manzana sucedió algo más: Darío decidió que al volver, tres meses después, le propondría casamiento a la mujer amada. Lo hizo con un video en el cual muchos de sus amigos le daban motivos a Lucía para que aceptara la propuesta.
Se casaron en 2015
El 20 de febrero de 2015 dieron el sí. “Esperé esa noche toda mi vida”, describió Barassi. Y se justifica: “Con ella, la remé 70 años”. En el último aniversario de casados le dedicó un mensaje en Instagram: “Esta pareja es mágica real. Gorda, sos el amor de mi vida. Brillante y bomba, simpática y sensible, inteligente y madraza. Feliz aniversario, nani mía. Sigamos juntos en esta y en todas. Porque como ya sabés, la cosa es con vos o no es. Te amo”.
No faltó oportunidad para otro recuerdo, en rigor ocurrido en la gran fiesta en La Rural. Así lo rememoró con Sebastián Wainraich cuando su amigo lo visitó en una emisión de famosos de 100 argentinos dicen. “Cuando entré al baño y encontré a esos dos haciéndolo, ¿te acordas?”, le resaltó Wainraich, cómplice, apelando a su memoria. “Dos personas hicieron el amor en mi casamiento -aceptó Barassi, divertido-. Uno que no es famoso. No lo quería contar, un amigo sanjuanino”, dijo, haciéndose el desentendido. ¿Y el otro? “Un famoso facha facha, que no está entre nosotros porque se fue de viaje”, aportó, sin revelar más pistas del invitado célebre que compartió la celebración con Peter Lanzani y Nicolás Francella, entre otros.
Pero eso es anecdótico para este hombre que admite ser “grasa y muy cursi para el amor”, capaz de prepararle a su esposa una tostada con forma de corazón. Hoy, comparten el hogar feliz con su hija, la pequeña y hermosa Emilia. Porque al fin el tiempo está del lado de los dos, al igual que el amor.
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