Osvaldo Gross es un renombrado pastelero argentino con reconocimiento a nivel global. Su experiencia y sabiduría en este campo son indiscutibles. Su exigencia y enfoque riguroso en la enseñanza y el trabajo lo han convertido en un profesional de la más alta excelencia. No obstante, su amplio conocimiento y experiencia adquiridos a lo largo de sus años de trabajo le jugaron una mala pasada recientemente.
Todo comenzó cuando Gross aceptó la invitación al programa "Terapia Picante", en el que Alan Parodi entrevista a diversas personalidades mientras las hace probar salsas extremadamente picantes. En el marco de la conversación, el santafesino expresó sus opiniones en contra de uno de los postres más queridos por los argentinos: la chocotorta.
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El conductor mencionó que la chocotorta había sido elegida como 'la mejor torta del mundo' según el Taste Atlas, a lo que Gross reaccionó con contundencia. "Es lo que digo, la gente tiene cada vez un peor paladar. ¿Qué pienso de la torta? La odio. Ni siquiera es una torta", exclamó. "Ese ranking fue hecho por inútiles que no saben nada, nunca han comido bien", finalizó con contundencia.
Cuál es la historia de la chocotorta
La historia de la chocotorta tuvo su origen en la creatividad de Marité Mabragaña, quien trabajaba como publicitaria en la agencia Ricardo De Luca. En ese momento, esta agencia era uno de los principales referentes de la publicidad en el país, con clientes como Gillette y Renault.
A lo largo de los años, Mabragaña acumuló experiencia y ascendió al cargo de directora creativa en la agencia. "En esa época, las tortas se hacían con vainillas, y a mí me gustaba mojar las chocolinas en oporto. También sabía que la combinación de dulce de leche y queso crema era deliciosa", relató en una conversación con Clarín.
En 1982, llevó a la agencia una torta en la que había apilado estos ingredientes, y todos quedaron encantados. Esto dio origen a una nueva idea.
Al día siguiente, preparó dos tortas idénticas y se las presentó a sus dos clientes: la empresa galletitera Bagley, propietaria de las Chocolinas, y Mendizábal, fabricante del queso crema Mendicrim.
Se le ocurrió promocionar ambos productos a través de su dulce creación. Un año después, el comercial de la chocotorta se difundía en todos los canales de televisión. Además, contaron con la colaboración de la marca de dulce de leche Ronda, que era distribuido por Mendizábal.
La publicidad estuvo en el aire durante casi dos años y aumentó significativamente las ventas tanto de las Chocolinas como del Mendicrim. A pesar de su ingenio, Mabragaña nunca registró la marca ni recibió derechos de autor por su creación, ya que formaba parte de su trabajo en la agencia. Según el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial, desde la década de los 80, este postre está registrado a nombre de Bagley.
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