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Brecha social y educativa: sólo uno de cada 10 jóvenes de los sectores más pobres asiste a la universidad

La información se desprende de un análisis de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares. "Para los jóvenes que no se forman hoy, el futuro está negado, porque en el mundo actual el recurso más valioso es el conocimiento", advirtió un especialista en diálogo con AIRE.

Apenas uno de cada 10 jóvenes (12,4%) del decil con ingresos más bajos cursa estudios universitarios en la Argentina. En el otro extremo de la pirámide social, en el decil más alto, casi la mitad de los jóvenes (46%) asisten a la universidad. Si se consideran también las carreras terciarias, se observa que el 17,5% de los jóvenes más pobres (decil 1) cursan estudios superiores, mientras que la cifra es del 52,3% para los jóvenes de mayores ingresos (decil 10).

Los datos surgen del informe “Desigualdad educativa en el nivel superior”, del Observatorio de Argentinos por la Educación, con autoría de Ivana Templado (FIEL), Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman. El documento analiza las desigualdades educativas en el ámbito de la educación superior. Los autores tomaron como insumo los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), a partir de los cuales indagan en las asimetrías en el acceso y permanencia en el nivel superior, así como en otros trayectos postsecundaria.

Al respecto, AIRE entrevistó a Norberto Fernández Lamarra, director del Núcleo Interdisciplinario de Formación y Estudios para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Contundente, afirmó que "el sistema educativo argentino, a pesar de que se inició con un fuerte espíritu democrático, nunca pudo superar las vallas sucesivas que se fueron erigiendo en cada uno de los niveles".

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"En la década del '80, con el regreso de la democracia, sí se pudo superar las barreras en la educación primaria ,y hoy podemos decir que, afortunadamente, casi la totalidad de los niños que inician la primaria la terminan, salvo excepciones puntuales. En cambio, no se pudieron superar las barreras de la enseñanza media y la enseñanza superior", indicó Fernández Lamarra y apuntó que "en la enseñanza media esto es muy grave, porque según la Ley Nacional de Educación la enseñanza media es obligatoria hasta su finalización. Sin embargo, alrededor del 50% de los jóvenes que inician la escuela secundaria se quedan en el primero o en el segundo año", advirtió.

También reveló que "de los pocos que logran ingresar a la educación universitaria, a pesar de que no tiene restricciones para el ingreso y que es gratuita, la mayoría se queda en el primer año. Por eso es tan bajo el nivel de argentinos que logran cursar la universidad", agregó.

Ante esta situación, el especialista considera que "hay que democratizar la enseñanza media elevando los niveles de calidad. Las pruebas estandarizadas muestran que no tenemos muy buenos niveles de calidad ni de promoción. Y para eso hay que poner los mejores profesores en las escuelas de mayor complejidad social y cultural, pero esto no se logra gratuitamente: tenemos que hacer una propuesta de pagarles un sobresueldo a quienes sean los profesores mejores formados para que trabajen en las escuelas de esas áreas, de manera de mejorar la conclusión de los estudios y la calidad", propuso.

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Sobre la situación en la Universidad, Fernández Lamarra opinó que es un ámbito en el que "hay muy buenos profesionales que son excelentes en su área, pero que no están formados para ser profesores, y eso significa una barrera en la enseñanza y en el aprendizaje. Necesitamos hacer una buena formación de los profesores universitarios", señaló y sugirió como estrategia de contención en la universidad "no poner las llamadas 'materias filtro' en los primeros años".

Finalmente, el entrevistado advirtió que "este estudio muestra un grave problema de la educación argentina, que tenemos que resolver sin grietas, con un fuerte aporte de todos los sectores para lograr una educación realmente democrática. Los jóvenes que ahora no se forman, que abandonan la enseñanza media o la enseñanza universitaria, serán marginales en 15 o 20 años. Para ellos el futuro está negado, porque en el mundo actual el recurso más valioso es el conocimiento", concluyó.

2022 01 25 ENTREVISTA A NORBERTO FERNÁNDEZ LAMARRA

La desigualdad se profundiza a lo largo de la carrera universitaria

El informe de Argentinos por la Educación revela que los estudiantes de sectores pobres no sólo tienen enormes dificultades para ingresar a la universidad, sino que, además, a medida que avanza la carrera, los alumnos que permanecen en la universidad pertenecen a los deciles de mayores ingresos, mientras que los estudiantes de los deciles más bajos tienden a representar un porcentaje cada vez menor de la población universitaria.

En el primer año, los estudiantes de menores ingresos (decil 1) representan el 7,9% del total de alumnos, mientras que en el quinto año representan el 1,1% del total. En contraste, en el primer año, los jóvenes de mayores ingresos (decil 10) representan el 5,3% de la matrícula y alcanzan el 12,7% en el quinto año.

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Además de la desigualdad en el acceso a la universidad, también hay asimetrías en el acceso a los estudios terciarios, aunque en este caso no hay un patrón tan claro respecto a la distribución por ingresos. Son los deciles intermedios (5, 6 y 7) los que concentran la mayor cantidad de estudiantes que cursan carreras terciarias (en torno al 10%), mientras que la proporción de jóvenes que eligen esta opción desciende a 6% o menos entre los más ricos (decil 10) y entre los más pobres (deciles 1-2).

“La educación es uno de los factores vinculados a las posibilidades de empleo: las mayores tasas de empleo se observan entre quienes cuentan con estudios secundarios o superiores completos. Hay un fuerte componente de desigualdad asociado a esta estadística porque tanto la terminalidad del nivel medio, como el posterior acceso, permanencia y finalización de los estudios superiores, están muy relacionados con el nivel de ingresos de los estudiantes –explica Ivana Templado, coautora del informe–. Para desarticular este círculo, urge regenerar la capacidad igualadora del sistema educativo”, advierte.

“Es conveniente analizar las políticas que desde el Estado se han tomado para intentar resolver un modelo que resulta regresivo en sus resultados (los que más tienen reciben una mayor recompensa). Si bien es cierto que la apertura de nuevas universidades nacionales en localidades de los cordones más vulnerables del conurbano –en los 1990 y a partir de mediados de los 2000– facilitó la llegada de estudiantes de primera generación universitaria, el sistema continúa siendo expulsivo para aquellos alumnos provenientes de los sectores de menores ingresos, a pesar del libre ingreso”, señala Marcelo Rabossi, profesor e investigador de la Universidad Torcuato Di Tella, otro de los autores del informe.

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