viernes 15 de enero de 2021
Economía | Maíz | Argentina | Soja

Se levantó el cepo: por qué es importante proteger la cosecha de maíz

La marcha atrás del Gobierno en la decisión de cerrar las exportaciones es clave para una cadena que representa el 16% de las ventas globales argentinas y que tiene un enorme potencial para agregar valor a los granos.

En cuatro años, la cosecha de maíz creció en 20,5 millones de toneladas. Los productores trillaron 31,8 millones de toneladas en la campaña 2015/16 y 52,3 millones de toneladas en el ciclo 2018/19. En la última campaña (2019/20) cosecharon 51,5 millones de toneladas y por primera vez en más de 20 años en la Argentina se produjo más maíz que soja (49 millones de toneladas).

¿Por qué es importante proteger el crecimiento de la cosecha de maíz, que demostró ser muy sensible a las intervenciones, para el horizonte del país? En primer lugar porque la cadena del maíz representa el 16% de las exportaciones argentinas. Son unos 6.000 millones de dólares (sólo grano), que son más de 10.000 millones si se suman los 3.900 millones que vienen de las ventas globales de carne y leche, en las que el maíz -un grano forrajero- es uno de los principales insumos.

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Son datos que presentó Agustín Tejeda Rodríguez, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en el Congreso de Maizar. El maíz es el 4,5% del PBI argentino y suma una recaudación de casi 3.000 millones de dólares a las arcas del Estado.

Su impacto en la generación de empleo es muy significativo. La cadena representa el 6,2% del empleo privado registrado. Son 735.524 puestos de trabajo directos, según este mismo informe de la Bolsa porteña.

No se trata de demonizar a la soja, sino de comprender lo que aporta el maíz y la necesidad de cuidar un balance de cultivos que ahora es mucho más equilibrado y sustentable.

Pero en la Argentina, la cadena del maíz tiene un desafío importante: más del 60% se exporta todavía como grano sin procesar, lo que implica que hay un enorme potencial para que genere más valor agregado, desarrollo económico y empleo.

Al maíz se le agrega valor transformándolo en asado, pechuga, bondiola, leche y energía, entre muchas otras posibilidades. Es una pata clave en los feedlots, las granjas avícolas y porcinas, los tambos y el polo de producción de etanol que floreció en el sur de Córdoba y también en San Luis. Pero en realidad hay muchas más oportunidades. Con maíz se elaboran bioplásticos, resinas, insumos para la construcción y hasta fármacos como muestra este gráfico de la Bolsa porteña.

Los usos del maíz.jpg

Una agricultura más diversificada y sustentable

Entre el 2010 y el 2015, en un escenario con intervenciones a las exportaciones, la producción argentina de maíz osciló entre las 25 y las 30 millones de toneladas. Del 2016 al 2019 pegó el salto de las 20 millones de toneladas y superó las 50 millones de toneladas. Hay un factor que potencia a los cereales y que el Gobierno actual mantuvo: las retenciones a las exportaciones de soja son del 33% y las del maíz y el trigo del 12%.

Los ingenieros agrónomos y entidades técnicas como Aacrea y Aapresid no se cansan de explicar que el maíz es central para la sustentabilidad de las rotaciones. En palabras más sencillas para cuidar el recurso suelo.

El maíz mejora la infiltración de agua y con los rastrojos deja mucho más biomasa sobre el lote que la soja. Cuando la soja se siembra en un lote en el que el antecesor fue el maíz rinde unos 500 kilos más.

Ahora en la Argentina hay 50 millones de toneladas de maíz y prácticamente lo mismo de soja. Hace seis años (campaña 2014/15) había 60 millones de toneladas de la oleaginosa y 29,5 millones de toneladas del cereal. La mitad. Era la era del “refugio en la soja" y no sólo lo pagaron los suelos. También impactó en las inundaciones.

“La reducción de rotaciones de cultivos en esos años generó un incremento del nivel del agua en las napas freáticas por falta de consumo productivo, hecho que constituyó una de las causas que potenciaron las inundaciones recurrentes sufridas en gran parte del territorio argentino, con elevados costos ambientales, sociales y económicos”, sostuvo la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) en un comunicado que publicaron cuando se conoció la medida del cepo al maíz.

En su ciclo, la soja consume menos agua que el maíz y en un año húmedo esos milímetros recargan los acuíferos y levantan el nivel de la napa. No se trata de demonizar a la soja, un cultivo que representa el 30% de las exportaciones y es un eje de desarrollo estratégico para Santa Fe y la Argentina, sino de comprender lo que aporta el maíz y la necesidad de cuidar un balance de cultivos que ahora es mucho más equilibrado y sustentable.