Animarse a invertir en un nuevo proyecto puede generar temores válidos y genuinos y muchas veces los emprendedores deciden no apostar en el mismo dominados por emociones relacionadas con el miedo a saltar al vacío frente a lo nuevo y lo desconocido.
Y si bien es cierto que tener una cuota de dudas o reparos a la hora de apostar parte o todos los ahorros en una idea o producto que no se sabe con certeza si va a tener buena penetración en el mercado, muchas veces la falta de conocimiento y de una adecuada educación financiera obstruyen por completo el sueño de avanzar hacia una nueva propuesta de negocios.
Los 4 temores más comunes que aparecen a la hora de invertir son:
- Miedo a perder lo que se tiene en pos del proyecto.
- Miedo a que la falta de conocimiento haga fracasar el negocio.
- Miedo a que la rentabilidad no sea la esperada.
- Miedo a que una crisis afecte de manera negativa el negocio.
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Pensando en las respuestas que las neurociencias vienen dado para explicar determinadas conductas en el universo laboral y emprendedor, la pregunta que cabe hacerse es, si se trata de miedos reales o de sesgos preexistentes que moldean el cerebro y que influyen a la hora de tomar decisiones importantes.
¿Por qué aparecen los miedos a la hora de invertir?
El miedo a invertir puede ser causado por un desconocimiento general de los mecanismos que lo permiten, conocido como el famoso miedo a lo desconocido o a la incertidumbre que genera. Y “resulta lógico que una persona con poca o nula educación financiera y que trabaja en un rubro totalmente alejado al de los mercados sienta miedo de hacer algo de lo que no tiene conocimiento suficiente”, explica el Licenciado en Administración y analista financiero Bruno Arnaud mientras va un paso más allá: “también hay personas que si bien tienen conocimientos financieros, son aversas al riesgo cayendo en la trampa del status quo que significa la preferencia por el estado de las cosas”.
Y esos miedos, ¿serán reales o forman parte de preconceptos y estructuras mentales?
Para el especialista están vinculados a “preconceptos, estructuras mentales, sesgos cognitivos y heurísticas que alimentan los miedos de las personas a la hora de invertir y se vuelven reales en tanto así los perciban”.
El consultor especializado en startups y asesor en planeamiento financiero Augusto Annechini concluye que el miedo a emprender está vinculado a fallar. “En Argentina nos forman desde chicos para no equivocarnos y eso “nos seteo la cabeza”. En latinoamérica, al que intentó y falló no se lo perdona. En otras países, intentar y que te vaya mal es un activo en sí mismo”. Para explicar el miedo a emprender también recurre al síndrome del impostor “y esa sensación de que siempre faltan cinco para el peso”.
Hay que perder el miedo, dice “y arriesgar, analizando los riesgos y saber que por uno o dos años hay que ajustarse el cinturón hasta que el negocio sea rentable con lo cual la decisión de emprender requiere prolijidad en los números y tener buena cintura financiera”.
En este caso a la hora de emprender es mucho más importante tener paciencia que una abultada suma de dinero, porque si bien es cierto que el dinero atrae dinero y que las ganancias en términos nominales y reales aumentan cuando el capital invertido es mayor.
“La paciencia en las inversiones es clave”. Los mercados son volátiles y las tendencias pueden cambiar, por eso es importante no ser impulsivo e intentar medir lo mejor posible el riesgo de cada decisión que vayamos a tomar, destaca Arnaud.
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¿Qué conocimientos financieros se necesitan a la hora de emprender?
Lanzarse a la aventura de diseñar un producto novedoso o de ofrecer una solución que todavía no existe, requiere, como primera medida, “entender si hay una necesidad de mercado real para lo que se quiera llevar a cabo”, explica Arnaud.
El especialista sostiene que además hay que hacer “una correcta evaluación y gestión del riesgo, del costo de oportunidad del emprendimiento en cuestión, las proyecciones de ingresos, el retorno de la inversión y el financiamiento disponible”.
Muchos emprendedores carecen de conceptos básicos como saber diferenciar activos de pasivos y comprender los costos asociados para definir correctamente el precio del producto o servicio que se ofrecerá.
Para evitar la frustración es importante que se formen en estos aspectos porque una brillante idea no siempre es suficiente.





