El BCRA trazó sus objetivos para 2017
Muchos de estos objetivos vienen en sintonía a lo que afirma el propio BCRA desde hace varios meses atrás, cuando asumió al frente Federico Sturzenegger.
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Según el organismo monetario, por lo que le indica el artículo 3º de su Carta Orgánica, su primer objetivo es “velar por la estabilidad monetaria de la Argentina. Dicho propósito implica continuar priorizando, en el contexto actual, la disminución de la tasa de inflación para cumplir con las metas de entre 12% y 17% para 2017, de 8% a 12% para 2018 y 5% para 2019″.
En segundo lugar, se propone asegurar la estabilidad y crecimiento del sector financiero, bajo el objetivo de un “desarrollo económico con equidad social”.
Es decir, apunta a continuar promoviendo instrumentos de inversión en pesos que “permitan resguardar el ahorro de los argentinos”.
Para el Banco Central, estas medidas permitirán darle mayor solidez al sistema crediticio, canal por el que se potenciará el desarrollo productivo y se buscará ampliar la oferta de crédito hipotecario “a tasas y plazos más accesibles para toda la población”.
Finalmente, el tercer pilar fundamental de la entidad será fomentar “decididamente” la bancarización, con el fin de facilitar la función del dinero electrónico como medio de pago.
“Incentivar la utilización masiva de medios de pago electrónicos y facilitar su acceso a toda la población equivale a obstaculizar el crimen organizado, el narcotráfico y el lavado de dinero. La bancarización contribuye, a su vez, a la formalización de la economía, que permite cargas tributarias más parejas y más moderadas”, resumió el BCRA.
De acuerdo al informe de la entidad monetaria, lograr una inflación baja y estable es la mejor contribución que puede hacer al desarrollo económico con equidad social, ya que “el impuesto inflacionario es muy regresivo”.
Para el Banco Central, la evolución de los precios en 2016 “deja a la sociedad bien posicionada para el logro de la meta de inflación de 2017“.
Los datos oficiales indican que en el último semestre de 2016 la inflación mensual promedio se ubicó ligeramente por debajo del 1,5% mensual, equivalente a 19% anual. Este es el menor valor de la última década, con excepción del año 2008.
Las expectativas de suba de precios de la economía para 2017, relevadas por el BCRA a principios de diciembre entre analistas económicos, aún se encuentran por encima de la meta establecida, tomando un valor de 20%.
Sin embargo, el organismo espera que sus metas converjan con las estimaciones de los economistas a medida que los registros mensuales del año próximo “consoliden la tendencia decreciente registrada a fines de 2016″.
En ese sentido, el BCRA aclaró que el esquema de metas de inflación se basa en cuatro pilares para lograr su objetivo:
“El esquema de metas de inflación, en el cual la tasa de interés es la principal herramienta de política monetaria y el tipo de cambio flota, tiene la ventaja de proteger a la economía de shocks externos“, explicó la entidad dirigida por Sturzenegger.
Y agregó: “Al anclar las expectativas de inflación a las metas preanunciadas se disocian las mismas de la evolución del tipo de cambio. En este contexto, el tipo de cambio nominal fluctúa cuando hay shocks reales permitiendo que el tipo de cambio real se acomode a la situación de la economía”.
De esta manera, mientras la política de metas de inflación conduce a la estabilización monetaria, la flotación cambiaria puede desempeñar sin obstáculos su rol de estabilización real de la economía.
En conclusión, el BCRA consideró que en el 2016 “la economía argentina se benefició de este esquema“, frente a eventos externos como la votación por el Brexit o el resultado de las elecciones en Estados Unidos, en los que el dólar se apreció en relación a las monedas de los socios comerciales, y el peso se depreció marcadamente de forma rápida, pero sin traspaso a precios.
“Si el peso argentino no se hubiese depreciado frente al dólar estadounidense, el tipo de cambio real multilateral con nuestros socios comerciales se hubiese desalineado”, analizó el Banco Central.
En su informe, la entidad monetaria hizo también hincapié en la dominancia fiscal, es decir, el financiamiento del déficit del Tesoro con transferencias del BCRA, que fue catalogada como “la causa principal de la inflación”.
En 2016, la dominancia fiscal “se ha quebrado” a través de un acuerdo entre el Central y el Poder Ejecutivo Nacional. Y para el 2017 ya se acordó una transferencia de recursos al Tesoro de $150.000 millones.
“La misma representará aproximadamente un tercio, en términos reales, de la magnitud que exhibía en 2014. Ello tendrá lugar junto con una trayectoria de cierre del déficit fiscal, proyectado en 0,3% del producto para 2019, lo que refuerza la tendencia decreciente de la inflación”, concluyó el BCRA.




