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Economía

A 30 años del “Plan Primavera” de Alfonsín

En un intento por afrontar con éxito los comicios presidenciales de 1989, en agosto de 1988 el presidente Raúl Alfonsín, junto con su ministro de Economía, Juan Vital Sourrouille anunció el llamado Plan Primavera, destinado a corregir el alarmante deterioro de la situación económica, luego del naufragio del Plan Austral.

Para ese entonces, problemas harto conocidos, castigaban a la economía doméstica: el déficit fiscal se ubicaba en el 3,6% del PBI, que se elevaba al 4,4%, si se sumaba el déficit cuasi-fiscal del BCRA, mientras que la inflación apuntaba a superar el 400% anual.

El ministro Sourrouille y equipo en conferencia de prensa.

El 3 agosto de 1988 Juan Vital Sourrouille, ministro de Economía de Alfonsín, lanza el Plan Primavera, cuyo principal objetivo económico era reducir la inflación, y eliminar el fuerte déficit fiscal que en aquellos años eran adjudicados a las empresas estatales.

El Plan Primavera, fue el último intento del gobierno de Raúl Alfonsín por detener, sin éxito, la escalada inflacionaria y reactivar la economía.

El paquete de medidas se dio en un contexto de una inflación de dos dígitos, y una gran debilidad política tras la derrota en las elecciones legislativas del 87.

El objetivo político del plan era estabilizar las expectativas inflacionarias evitando una aceleración irrefrenable, a menos de un año de las elecciones presidenciales. Entre los puntos salientes, se encontraban:

Tapa del diario Clarín, día posterior a los anuncios.

Las medidas tuvieron cierto éxito inicial, ya que en diciembre la inflación se mantuvo en un dígito. Pero el plan presentaba dos fuertes debilidades, la escasez de divisas y la incertidumbre política generada por las inminentes elecciones.

El efecto duró poco, mientras, seguía creciendo el déficit “cuasi fiscal” a raíz que la emisión monetaria, necesaria para financiar el gasto público, que era luego absorbida por el BCRA mediante la colocación compulsiva de bonos y encajes a los bancos para retirar el dinero de circulación.

En el verano del 89 el colapso era previsible. La corrida se inició a fines de enero, cuando trascendió que el Banco Mundial suspendería su ayuda a la Argentina. En unos pocos días, el Banco Central tuvo que sacrificar una cantidad sustancial de divisas de las reservas para sostener el austral. Pero la fuga hacia el dólar continuaba por lo que a principios de febrero se decidió crear un nuevo mercado cambiario, “el libre”. Esto fue el principio del fin, para el Plan Primavera. El dólar más que triplicó su valor entre abril y mayo.

A su vez, el sistema de cambios múltiples, usado para impedir el traslado de la devaluación a los precios internos alentaba que los exportadores no liquidaran las divisas.

La inflación llegó casi a 80% en mayo, y el gobierno radical veía escurrir entre sus manos el escaso poder que había logrado retener.

El objetivo primordial del Plan Primavera era llegar a las elecciones con la economía bajo un mínimo de control.

La gravedad de la crisis económica y la incapacidad del gobierno de la UCR para para hacerle frente, condujo a una erosión de la confianza en los inversores, a la fuga masiva de capitales, a la fuerte devaluación del peso y terminó en una inflación que se tornaba incontrolable. Ante esta situación, renunció Sourrouille y asumió Juan Carlos Pugliese, que poco después le cedió su puesto a Jesús Rodríguez. A esa altura ya era evidente que el Plan Austral no contaba con una política de largo plazo. No se estimulaba la inversión productiva, y dependía demasiado de que hubiera buenos precios para las exportaciones argentinas.

Por otra parte, el programa económico impulsaba la apertura de la economía y la privatización de empresas estatales, tuvo la decidida oposición, principalmente del sector rural y escaso apoyo de los sectores industriales. A los pocos meses, el programa se desvaneció.

Durante mayo de 1989, el tipo de cambio -que oficialmente se encontraba fijo- se elevó de 80 a 200 australes por cada dólar estadounidense -equivalente a una abrupta devaluación mensual de un 150%- lo que naturalmente tendió a acrecentar en gran medida las ya de por sí fuertes presiones inflacionarias.

Debido a la situación del país, fueron adelantadas las elecciones presidenciales varios meses antes, en mayo, estando originalmente previstas para octubre.

En esa oportunidad, Carlos Menem obtuvo una amplia victoria con el más del 47% de los votos, en gran medida debido a la desfavorable situación económica.

Traspaso de mando anticipado de Raúl Alfonsín a Carlos Menem

El traspaso de mando entre el presidente electo Carlos Menem y el presidente saliente, Raúl Alfonsín, se dio anticipadamente el 8 de julio de 1988.

Como corolario del proceso o fenómeno inflacionario, las tasas de interés subieron de forma descontrolada y las reservas de moneda extranjera del Banco Central comenzaron a descender de manera preocupante a medida que vendía dólares en un infructuoso esfuerzo por intentar mantener el valor de la moneda. Hubo un retiro masivo de depósitos de los bancos.

El alto endeudamiento externo e interno, estancamiento, escasa inversión en bienes de capital e infraestructura y un grave desequilibrio fiscal; se sumó la pérdida del valor de la moneda Austral, llevada cabo por el Banco Central en 1989, cuando estalló una hiperinflación que alcanzó el 3.079% anual.

El Plan Primavera, representó el último intento del Gobierno de Raúl Alfonsín por detener, sin éxito, la escalada inflacionaria y reactivar la economía. Fueron, en realidad, los prolegómenos de la hiperinflación que luego se desataría.

Hoy, 30 años después, tanto inflación, el dólar y el déficit fiscal continúan desvelando a los argentinos. Y a pesar del tiempo, aún nos debemos como sociedad afrontar el fundamental desafío de romper, de una vez por todas, con el péndulo que hace décadas enfrenta el país con ciclos de marchas y contramarchas que hacen que esta sea una efeméride necesaria de recordar.

Fuente: Material de archivo / Clarín / LA NACION

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