En la tercera temporada de Westworld hay una noción dolorosa sobre el libre albedrío y la promesa de redención de Dolores, que jamás llega a cumplirse. En lugar de eso, la batalla final es una confusa premisa, en la que la noción sobre la libertad individual, la voluntad, el mundo como una creación aleatoria al servicio de un brumoso bien común, se cristaliza en un enfrentamiento final sin consecuencias claras.
La utilización de los androides
En definitiva, los humanos resultan los anfitriones para los androides en plan de venganza. Incluso asomó Caleb (Aaron Paul) como un Homo Sapiens dispuesto a apoyar la causa de los androides hacia 2058. “En la primera temporada nos focalizamos en la aventura del Western y la dicotomía con lo futurista. En la siguiente lo externo seguía siendo algo misterioso y elusivo, casi una antesala, un puente, de lo que vimos ahora. La tercera temporada no solo sucede en el exterior sino que unifica y le da sentido a lo que vimos antes”, repasa Jonathan Carlos, su director de arte, en entrevista exclusiva para Página/12.
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Las primeras dos temporadas optaron por un metrónomo narrativo tan ambicioso como encriptado, el modelo 2020 de Westworld resurgió como un thriller futurista y elegante. Aunque la cuestión relativa al libre albedrío pivoteó todo este arco, se fue al hueso –metálico- de la cuestión. La vaquera comanda la represalia contra los humanos que juegan a ser Dios. Su mayor objetivo es Serac (Vincent Cassel), el creador de la Rehoboam, la máquina de Inteligencia Artificial que ordena los designios de la humanidad.
Preguntas que quedaron sin respuesta
¿Logrará finalmente su cometido en “Crisis Theory”?, ¿o el episodio final dará lugar a una nueva bisagra?, ¿será un adiós para estos días venideros angulosos, hipnotizantes y caóticos? En una entrega que invita a ver más allá de lo obvio, admirada por su puesta en escena, un nuevo entorno no puede ser simplemente eso. “Es el mundo del futuro pero es ese mundo el que hacía funcionar al parque. Y es un futuro que también puede ser visto como un parque, tiene esa estimulación permanente, de color, textura y naturaleza. Es otro teatro de operaciones, por detrás”, explica Carlos.
Vale decir que la adaptación del relato de Michael Crichton ya fue confirmada para una cuarta temporada que arribaría en 2022. Dos años en los que, seguramente, se debatirá fuerte acerca de los caminos que tomaron los showrunners Jonathan Nolan y Lisa Joy: Westworld es una de esas que se ama, debate y también genera animadversiones fuertes. ¿Y qué queda de esa obra de culto emitida a rabiar en Sábados de Superacción? “Hay una admiración por lo que se propuso en ese film. Por la emoción, temáticas y las líneas narrativas que sirvieron de base para la primera temporada y, aunque no se vea a simple vista, tiene vínculo con lo que estamos haciendo ahora. Hubo una referencia directa en un episodio cuando mostramos el subsuelo y apareció equipamiento de ese viejo parque, y si mirás detenidamente, aparece fugazmente el personaje de Yul Brynner, el hombre de negro de la película. Su vaquero negro está en las sombras como un homenaje”, repasa Carlos.
Tráiler
La singularidad desnuda en Westworld 3x08
Desde su primera temporada, Westworld se esforzó por crear un dilema poderoso basado en la concepción de la creación y el poder que puede conferir, la mera idea del reconocimiento de la propia existencia. Se trata de un viejo concepto de la ciencia ficción, que aplicado a la serie, permitió a los personajes seguir el ritmo de una iluminación violenta y dolorosa, hacia una admisión de la realidad que terminó por pulverizar toda esperanza.
Comprendido el propósito de su existencia, todos los personajes debieron asumir la carga borrosa de su incapacidad para luchar contra lo inevitable.
Desde William/El hombre de Negro, que cavó en lo profundo de sus terrores para encontrar algo más profundo y notorio que la maldad simple de los traumas y sufrimientos transmutados en oscuridad, hasta Robert Ford, el trágico gigante que decidió morir a manos de sus creaciones. Tanto uno como el otro, se miraron a las caras para comprender el universo al que dieron forma, sin lograr jamás hacerlo.
Y en medio de ambos, Bernard/Arnold, se convirtió en el reflejo distorsionado del propósito del parque de Delos y su posible trascendencia. Durante la primera temporada, la efigie del creador de Westworld fue el mayor secreto en una trama cargada de pistas falsas. En la segunda, se convirtió en el bien en medio de una super estructura creada para destruirle o absorberle. Y en la tercera, en la puerta abierta para comprender la humana percepción del mundo de criaturas creadas como meros reflejos de algo más elaborado.
Pero el truco sabe a poco y el personaje encarnado por Jeffrey Wright termina por convertirse en una excusa para la búsqueda de significado de lo que Westworld fue y un antagonista invisible para la sempiterna presencia de Dolores. Una y otra vez, el personaje avanzó de un lado a otro a los largo de los ocho capítulos, el personaje fue desperdiciado en una blanda lucha de sombras como un contrincante con quien jamás llegó enfrentarse.
Al final, la serie (y especialmente en Westworld 3x08) parece incapaz de dejar ir a una de sus figuras emblemáticas y es quizás esa renuencia, uno de los peores momentos del argumento.
Lo mismo podría decirse del William de Ed Harris, sin norte ni valor en medio de un tablero de juegos maquiavélicos que le sobrepasa y le desborda. Para el capítulo final (Westworld 3x08), el hombre de negro recupera propósito… sólo para convertirse en una caricatura que va de un lado a otro, sin otro sentido que mostrar su poder crepuscular convertido en cenizas. Una y otra vez, el personaje lucha por encontrar sentido pero el argumento lo ignora, lo disminuye y por último, lo convierte en la última víctima de un juego de sustituciones carente de toda importancia y solidez.
Una sombra de sí misma
Maeve fue la primera de los anfitriones en rebelarse, la primera en enfrentarse a sus creadores, la primera en comprender los limites de su naturaleza.
Al final, la mujer capaz de controlar cada parte del parque que habitó en un interminable ciclo de horrores, se subordina a Serac, un villano de operata que termina por ser aplastado por un argumento que jamás encontró un lugar para él.
Es la dupla entre ambos personajes, el eslabón más blando y simple en lo que debió ser un enfrentamiento a toda regla entre dos fuerzas idénticas con objetivos contradictorios. Pero Maeve, reducida a una una sombra de su antiguo poder, insiste en dar vueltas en círculo por la improbabilidad.
De forma inexplicable, el argumento se aferra al hecho de la maternidad ficticia de Maeve para mover sus acciones y es esta fragilidad sin sentido, forma o fuerza, lo que arrasa al personaje en un laberinto absurdo del que no logra escapar, incluso después de tomar partido y comprender — en apariencia — la intención de Dolores.
Con Serac, la tragedia de la ausencia de significado es incluso más preocupante: el personaje es una marioneta en manos de su máxima creación, el creador vencido y aplastado por algo mucho más complejo que la serie muestra apenas, como una esperanza rota y sin el menor valor. Cuando herido y aturdido, suplica a la conciencia superior que le controlaba una respuesta, el personaje termina por desplomarse en una nada fragmentada y confusa.
Caleb, libre al final
Quizás el único arco que se cierra con cierta elegancia Westworld 3x08 es el de Caleb, Mesías involuntario de la gran rebelión de Dolores.
Es Caleb quien destruye la perfección inmaculada de un mundo construido a la medida de una pulcritud perversa y es también Caleb el que redime la memoria de Dolores, vencida al fin por el peso de su épica fallida. Las líneas del pasado que apenas recuerda y del futuro que es pura incertidumbre se unen en una escena final en que el personaje contempla su obra: el fuego quema los últimos vestigios de un mundo bajo el poder implacable. “Contempla, este es un mundo nuevo”, dice Maeve a su lado y la escena tiene algo de un brillo lóbrego, con David Bowie de fondo, recordando que todos los intentos por la redención, terminan en ser ceniza brillante contra el cielo nocturno.
Pero ni el despertar a la conciencia de Caleb, la claudicación final de Maeve e, incluso, la aparición de Dolores detrás del rostro de Charlotte Hale son suficientes para sostener los hilos de una super estructura en exceso blanda y sin forma que para ser otra cosa que una ilusión, tan fugaz como la promesa enigmática de lo sublime y la puerta abierta hacia un nuevo tipo de libertad.
Westworld: fin de la partida
Más allá de las preguntas sin respuestas que Westworld 3x08 deja para su cuarta temporada, aún sin fecha, es el hecho que el centro motor de todas sus acciones carece del lustre que alguna vez tuvo y del impulso fundamental que le sostuvo.
El enfrentamiento entre anfitriones y seres humanos ocurrirá — y William resulta ser su primera víctima — pero ni aun esa percepción inquietante sobre un enfrentamiento desigual e inevitable en el futuro, es otra cosa que una pieza rota en mitad del mecanismo defectuoso, sin verdadero sentido y objetivo en que Westworld se convirtió en su último capítulo.
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