Así es un Mundial, sobre todo si se empieza mal como Argentina en su debut ante Arabia Saudita. Tras ese partido se supo que serían todas finales y no habrá más opciones que ganar para continuar con vida en la cita ecuménica. “Al día siguiente sale el sol”, la frase de cabecera que emplea Lionel Scaloni para descomprimir la exigencia y la presión con la que se convive estando al frente de la Selección Argentina de Fútbol. Aún sabiendo que será una lucha perdida el DT insiste con bajar la espuma, pretenciosa premisa que choca de frente con el GEN nacional, con el sentir futbolero de nuestra querida Nación.
La pelea interna de sentimientos en el cuerpo de Scaloni queriendo evitar las lágrimas tras el segundo gol ante México, el suspiro inflando el pecho con los ojos llenos de las misma lágrimas de su ayudante Pablo Aimar en el primer tanto del partido, la confesión de Dibu Martínez de haber necesitado una sesión a distancia con su psicólogo para digerir los dos goles recibidos por los árabes, el desahogo a grito pelado de un país entero, el festejo en la intimidad de un vestuario que se libró de la primera pesadumbre de la competencia, fueron el fiel reflejo de las toneladas que pesaban sobre sus espaldas hasta los 19 minutos del segundo tiempo ante los Aztecas.
Hay que mejorar
“No podemos aflojar ahora” sentenció Lionel Messi. Es así, los requerimientos son supremos. Terminada la final prematura del sábado pasado sólo había lugar para pensar en el próximo paso -igual de definitorio-, que es vencer a los polacos para pasar de fase con el agregado de terminar primeros y así evitar a Francia, el defensor del título.
Esa “criptonita” que debilitó la confianza del equipo en el primer match debe transformarse con la vitamina del triunfo ante el seleccionado de Martino. Pero una vez reestablecido el ánimo el objetivo necesario será mejorar el funcionamiento colectivo para incrementar las chances de victoria. Hasta aquí el equipo produjo más a partir de las individualidades que de la producción grupal y el certamen ingresa en la curva de crecimiento en la cual se exige mucho más que la aparición de un “salvador”.
Es muy complicado librarse por completo de las ataduras pero es imperioso romper cadenas. Argentina tiene que mejorar asociando el juego de sus intérpretes de mitad de cancha hacia adelante. Desde el momento en que el equipo recupera el balón necesita reactivar el circuito de ese juego que no fluyó como antes en los dos primeros partidos en Qatar 2022. Toque y precisión de los volantes internos en la iniciación, desborde con sorpresa de los laterales, pases entrelíneas o arranques individuales para romper las estructuras defensivas rivales. Sin descuidos defensivos porque cualquier desacople hacia atrás se puede pagar muy caro.
Polonia, equipo físico y práctico
Es cierto que los adversarios siempre juegan diferente frente a Argentina. Porque nos respetan como potencia de este deporte y desde ese punto de partida diagraman su planteo destructivo sobre nuestro juego, neutralizan e intentan golpear sobre la frustración que generan. Una contra suele ser su mejor arma junto al juego aéreo, tratando por todos los medios de no lucir desesperados por provocar la estampida, pacientes, fuertes, aplicados.
A pesar de contar con un estratega inteligente como Piotr Zielinski –jugador del Nápoli en la Serie A italiana-, y un goleador de jerarquía como Robert Lewandowski, Polonia es un equipo que cede la tenencia y territorio para desplegar su juego. Resiste con orden defensivo de mitad del campo hacia atrás y explota con velocidad por las bandas. Juega esperando sus oportunidades con paciencia, disciplinados, teniendo en su talla y entrega física, el soporte de su idea y planteo.
Búsqueda constante y concentración
Los análisis previos nos llevan a imaginar un partido con protagonismo argentino. Por “chapa” y sobre todo potencial futbolístico, Argentina cargará con el favoritismo y responsabilidad de buscar el desequilibrio en el arco de enfrente defendido por un muy buen arquero como Szczesny –jugador de la Juventus-.
En esa búsqueda que uno supone será constante no se admitirán errores en el retroceso. Marcar cuando el equipo esté en ataque será primordial para evitar sorpresas. Para eso puede ser fundamental la presencia de Guido Rodríguez, más posicional y dispuesto para los relevos; o bien, el ingreso de movida de Enzo Fernández que combina corte, juego, remate al arco. Aquí radica la duda principal a develar horas antes del match que se disputará en el 974 Stadium de Doha.
Dicen que “el talento fluye cuando hay libertad”. Ojalá que la victoria ante México haya tenido ese efecto y veamos un equipo más fresco, más suelto. Desde esa premisa nos ilusionamos con un partido difícil y complicado como todos pero con más posibilidades de que irrumpa la identidad de juego que este equipo mostró hasta el inicio de la Copa del Mundo. Depende de Argentina y nadie más, eso suele ser tan alentador como abrumador en lo previo. Con los pelos de punta, con calambres de estómago, es inevitable pues “así somos y así nos gusta”, pero conscientes y animados porque “nos sobran los motivos” para seguir creyendo. ¡¡¡Vamos Argentina!!!






