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Deportes Colón |

Perder es parte del juego, la dignidad de la aldea es otra cosa

Hace un año Colón deslumbraba con la movilización de su público hacia Asunción del Paraguay para ver la final de la Copa Sudamericana ante Independiente del Valle. A los ojos del mundo, el fútbol santafesino daba una demostración inigualable de pasión y fidelidad que derrotó al tiempo para siempre.

Colón es una especie de sueño parecido a aquel de la primera pelota del pibe de barrio, un sueño simple como el de conseguir laburo, llegar a fin de mes y vivir de una vez por todas en paz. Ahí vive mejor que nadie Colón, porque vive en el alma, en los ojos, en la piel, la boca y el corazón de ese trozo de pueblo sagrado con el que el fútbol quedó seriamente en deuda.

Hace un año, era conmovedor ver desprendimientos tan emocionantes como desgarradores de gente que arrancaba todos los días ganándole al sol sin saberlo y por primera vez sentía que el destino le guardaba una recompensa para los de abajo, para los que nunca. Gente que en esa metamorfosis palpable que significa ser hincha, hace que la fascinación sea inevitable, el miedo se haga coraje, la locura razón, la enfermedad salud y la muerte vida, reduciendo la derrota a una consecuencia y homenajeando la dignidad como la auténtica victoria.

A la locura no le interesa el sentido coherente de los hechos, es una escala a la que todos pueden llegar con un grito, con un puño cerrado atravesando el tiempo para hacerlo historia, para seguir resistiendo en ese encabronado dolor divino que aunque tajea el corazón, sana.

Lo mejor 2019 Salida de Colon a Paraguay

Son almas con dientes de sangre que muerden el mar negro de los sueños humildes encendiéndolos en fuegos ciegos y delirantes a los que le podrán sacar lo que quieran menos Colón para poder seguir.

Ellos solo han sido felices de ser uno de los “Cuarentamil” que viajaron para contarlo y que ya pueden morir en paz por haberlo vivido. No les importa que en el cielo no haya estrellas puesto que la noche siempre es más linda cuando es toda negra “...sabalé...”.

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Las rutas fueron un incordio, horas de aduana y aduana sin horas, agotamiento, estaciones de servicio sin servicios, fue comer lo que había, fue beber para soñar a la ida y para olvidar al regreso, fue parar donde se podía para descansar incómodo con los nervios contracturados y la piel engrasada por el sudor de una maldita mentira del destino.

La ruta fue despertarse entre cobijas de ilusión con el rostro hinchado en el medio de la madrugada sobre un paisaje extraño y no saber cuánto faltaba y no saber cuándo llegar.

Viajar es ir sin importar cómo volver, en todo caso regresar, si es lo mismo, significa empezar de nuevo. Colón nunca pierde cuando la fiesta es de su gente.

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