Fue un martes feriado y a pura fiesta albiceleste en la ciudad de Buenos Aires. Las concentraciones masivas comenzaron en el Obelisco, pero los cambios de planes llevaron a los hinchas a copar toda la ciudad para cumplir el sueño de ver a los campeones. Las autoridades calculan que entre 4 y 5 millones de personas se reunieron en la ciudad capital. El desborde fue tal que el operativo de seguridad se desbordó y el plantel argentino debió regresar en dos helicópteros al predio de Ezeiza.
Tras el cambio de recorrido para que el colectivo con los jugadores muestren la Copa, los hinchas de todas partes del país colmaron las calles de la Capital.
Desde temprano, y con algunos sin dormir desde hace tiempo, la fiesta argentina comenzó este martes con sus rasgos característicos: cánticos, banderas y bebidas para paliar los efectos del calor. El Obelisco fue el primer epicentro de la marea albiceleste.
La falta de información oficial y el boca en boca hizo que, ante las dudas que se generaron por el cambio de recorrido del colectivo con los jugadores, el público se movilice a todos lados para intentar ver de forma fugaz a los campeones.
Además de los 26 que levantaron la Copa en Lusail, los otros grandes ganadores del país son los vendedores ambulantes que agotaron todo lo que tenían. Cervezas, gaseosas, banderas, espuma y cualquier otra cosa que aporte a la fiesta que se vive desde hace horas.
La consulta principal es por qué la masa se dirigió a media mañana hacia Cada Rosada, a pesar de que no estaba previsto que los jugadores vayan allí. Hubo muchas idas y vueltas al respecto, pero finalmente -y debido al colapso del operativo- los jugadores debieron volver por aire a Ezeiza. No hubo balcón, ni escenario, ni fiesta en la Plaza de Mayo.
Para tomar dimensión de la movilización que ocurre este martes hay que tener en cuenta el relato de los que son de Capital, gente acostumbrada a grandes eventos. Agustín, de barrio Caballito, quien con sus amigos forma parte de la caravana desde las primeras horas del día, todavía no entiende la cantidad de gente que recorre las calles: "Esto es una locura", dice, mientras intenta averiguar por qué la masa va a Casa Rosada.
No hay calle principal, paralela o alternativa que no esté colapsada, pero claro, tenemos la tercera y todo se aguanta.
Te puede interesar





