No alcanzó a pesar del enorme esfuerzo de la Selección: Argentina perdió la final del Mundial ante una España que fue superior

La Selección Argentina cayó 1 a 0 ante España en la final del Mundial 2026. El equipo de Scaloni resistió hasta donde pudo, tuvo en Emiliano Martínez a su gran figura, jugó más de 30 minutos con un hombre menos y terminó como subcampeón del mundo.

La Selección Argentina llegó hasta el último partido del Mundial 2026, hasta esa escena que durante tantos días parecía escrita para Lionel Messi y esta generación. Pero esta vez la historia no terminó con una vuelta olímpica.

España fue superior durante gran parte de la final y se quedó con el título después de un partido en el que la Albiceleste tuvo que resistir mucho más de lo que pudo jugar.

El equipo de Scaloni sufrió desde el comienzo. No encontró la pelota, no pudo imponer su juego y estuvo demasiado lejos del nivel que había mostrado durante el torneo. España manejó los tiempos, controló la posesión y obligó a Argentina a defender durante largos pasajes.

Y ahí apareció el jugador que mantuvo viva la ilusión hasta el final: Emiliano Martínez. El Dibu tuvo una actuación extraordinaria. Sacó pelotas imposibles, sostuvo el empate durante los 90 minutos y volvió a demostrar por qué es uno de los grandes arqueros de la historia reciente de la Selección.

Argentina no estaba cómoda. No encontraba circuitos de juego, no podía salir de la presión española y cada recuperación parecía durar apenas segundos. Pero este equipo tiene una característica que nadie puede discutir: nunca se entrega.

Esta vez no alcanzó. Esta vez tocó perder. Y también hay grandeza en saber perder después de haberlo dejado todo.

Esta vez no alcanzó. Esta vez tocó perder. Y también hay grandeza en saber perder después de haberlo dejado todo.

Cuando parecía que la derrota llegaba antes, resistió. Cuando parecía que España iba a encontrar el gol, apareció el arquero. Cuando parecía que todo se complicaba aún más, el equipo siguió peleando.

La expulsión de Enzo Fernández sobre el final del partido reglamentario cambió definitivamente el escenario. Si ya era difícil sostener la pelota con once, hacerlo con diez frente a una España dominante parecía una misión casi imposible.

Y finalmente llegó el golpe en el alargue. Ferran Torres encontró el gol que definió la final y dejó sin reacción a una Argentina que había llegado hasta ahí con el corazón.

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No hubo remontada esta vez. No hubo otra noche épica. Pero hubo una Selección que volvió a estar en una final del mundo. Que compitió hasta el último minuto. Que llegó hasta el final de un torneo durísimo y que, incluso en su peor partido, encontró la forma de mantenerse con vida hasta el desenlace.

España fue superior durante gran parte del partido.

España fue superior durante gran parte del partido.

El dolor es lógico. Perder una final del mundo duele. Duele porque este equipo había acostumbrado a todos a soñar. Duele porque Messi jugaba una nueva final. Duele porque una generación que cambió la historia de la Selección buscaba otra página inolvidable.

Pero el fútbol también es esto. Hoy Argentina es subcampeón del mundo. No era el final que todos imaginaban. No era la película que querían terminar de escribir.

Pero nadie puede borrar el camino recorrido, la identidad construida y todo lo que esta Selección volvió a representar.

Esta vez no alcanzó. Esta vez tocó perder. Y también hay grandeza en saber perder después de haberlo dejado todo.

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