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Nicolino Locche, la historia del intocable que fue un ídolo del boxeo argentino

Hoy se cumplen 51 años de la coronación mundialista de Nicolino Locche en Tokio, ante el hawaiano-japonés Paul Takeshi Fujii. El intocable ingresó al Hall de la Fama del Boxeo de Canastota, Nueva York, en 2003, y murió el 7 de septiembre de 2005, a los 66.

A la hora de subir a un ring para combatir por un título mundial –el tan esperado tren que, muchas veces, solo pasa una vez–, algunos boxeadores son una muy homogénea mezcla de nervios y ansiedad pero, en el caso de Nicolino Locche, fue todo lo contrario. Mientras muchos estarían caminando por las paredes en la previa de la pelea, solo media hora antes de ascender al cuadrilátero para vérselas con el hawaiano-japonés Paul Takeshi Fujii en el estadio Kuramae Sumo (Templo de Lucha) de Tokio, el Intocable –tras fumarse a escondidas el enésimo cigarrillo– se durmió plácidamente sobre la camilla del vestuario.

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Mientras el árbitro estadounidense Nick Pope le levantaba la mano al flamante campeón mundial welter junior AMB, el público japonés coreaba “nisei” (maestro).

Mientras el árbitro estadounidense Nick Pope le levantaba la mano al flamante campeón mundial welter junior AMB, el público japonés coreaba “nisei” (maestro).

Lo despertó el promotor Juan Carlos Lectoure quien, aunque lo conocía muy bien, no podía creerlo y, una vez más, fue sorprendido por Locche, quien le quitó dramatismo y se tomó con soda todo – pero absolutamente todo, ¿eh? – lo que emprendió en la vida. Incluido el boxeo, claro.

Con la estrella de los elegidos

Nicolino Locche nació en Vista Flores, Tunuyán, Mendoza, el sábado 2 de septiembre de 1939. Fue el sexto hijo del matrimonio de los inmigrantes italianos Felipe Locche y Nicolina Di Vendittis, quienes se radicaron en nuestro país en busca de un futuro mejor y, sobre todo, en paz, ya que habían huido de su tierra natal –precisamente– por la inminencia de lo que comenzó solo un día antes de la llegada de Nicolino: la Segunda Guerra Mundial.

Acompañado por su madre y, con solo 8 años, ingresó al Julio Mocoroa Boxing Club, donde conocería a Francisco Paco Bermúdez, uno de los inolvidables maestros de la historia del boxeo nacional.

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Nicolino y su maestro, don Francisco Paco Bermúdez, titular del Julio Mocoroa Boxing Club de Mendoza, uno de los inolvidables entrenadores de la historia del boxeo nacional.

Nicolino y su maestro, don Francisco Paco Bermúdez, titular del Julio Mocoroa Boxing Club de Mendoza, uno de los inolvidables entrenadores de la historia del boxeo nacional.

En su campaña como aficionado, Locche disputó 122 combates, con solo cinco derrotas y, su debut como rentado –encuadrado en liviano– se produjo el jueves 11 de diciembre de 1958 cuando, en Mendoza, le GKO 2 al sanjuanino Luis García. En su décimo combate, resignó su invicto en la misma ciudad ante el capitalino Vicente Milán Derado, quien le GPP 10 el viernes 6 de noviembre de 1959.

El viernes 26 de febrero del año siguiente, Nicolino terminó con el invicto de 87 combates en seis años exactos del chaqueño –nacido en Charata, y radicado en la ciudad de Córdoba– Jaime Guillermo Juan Miguel Giné, a quien le GPP 10 en Mendoza. Ya campeón de su provincia y cuyano liviano, se alzó con el cetro nacional de las 135 libras o 61,235 kilos al GPP 12 a Giné el sábado 4 de noviembre de 1961 en el estadio Luna Park de Buenos Aires. Pero no solo esto: tras retener una vez esta corona, el sábado 29 de junio de 1963 se proclamó campeón sudamericano de esta división al GPP 15 al brasileño Sebastiao Nascimento en el Luna Park.

Al título argentino liviano lo resignó el sábado 14 de noviembre de 1964 ante el capitalino Abel Ricardo Laudonio (ídolo de Carlos Monzón en su juventud y, por eso, Escopeta bautizó con estos nombres a su segundo hijo varón) quien, en el Luna Park, le GPP 12, y lo recuperó en el mismo estadio el sábado 18 de diciembre de 1965 al derrotar, por puntos, en 12 asaltos, al rosarino Héctor Hugo Rambaldi.

Por su parte, al cetro subcontinental lo había retenido una vez, ante Laudonio –hermano menor de Oscar, o Cacho, el Loco Banderita de la cancha de Boca–, el sábado 10 de abril de 1965 cuando, tras 12 rounds, derrotó en el Luna Park a quien ganara la medalla de bronce, en liviano, en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.

El crecimiento de Locche era sostenido: el sábado 17 de julio de 1965, en el Luna Park, había empatado, en 10 asaltos, con el formidable panameño Ismael Laguna, monarca mundial liviano reinante, quien no expuso su corona y, el 30 de marzo de 1966, fue declarado campeón argentino welter junior (140 libras o 63,503 kilos), la división inmediata superior.

El jueves 6 de abril del mismo año, en el estadio de Corrientes y Bouchard, empató en 10 asaltos con el puertorriqueño Carlos Ortíz, titular de la corona mundial liviana –quien no expuso la misma– y, el sábado 10 de septiembre siguiente, en el mismo escenario y en otra pelea no titular, igualó tras 10 rounds con el italiano Sandro Lopópolo, dueño del cetro mundial welter junior. Nicolino cerró 1966 con su proclamación –el 30 de diciembre– como campeón sudamericano de las 140 libras.

“Rompé ese papel”

¿Pero cómo voy a hacer eso, Nicolino? ¿Vos estás loco? ¿Querés que me maten?” Esta fue la respuesta del reconocido locutor y conductor radial y televiso Cacho Fontana (cuyo verdadero nombre es Norberto Palese, y que actualmente tiene 87 años) a la solicitud del Intocable poco antes del combate con Paul Takeshi Fujii.

¿Qué había pasado? Fontana tenía dos textos que Peñaflor –que auspiciaba a Locche– había preparado para la ocasión. El primero se había redactado por si Nicolino perdía la pelea y, el segundo, en caso de que el mendocino se alzara con la corona. Este último comenzaba con “¡Bodegas Peñaflor saluda al nuevo campeón mundial!” y, el Intocable, le pidió encarecidamente a Fontana que se deshiciera del primero y solo conservara el restante. “Escuchame, hoy gano. Dejate de joder, rompé el primero, si no lo vas a usar, y quedate con el otro”, tiró el retador al título del mundo.

Obviamente, por más hincha de Locche que fuera, Fontana adujo que no podía hacerlo pero, ante la insistencia de Nicolino, rompió en su presencia el primer texto, aunque no “en mil pedazos” (como le había pedido el mendocino), sino en pocas partes que luego podría unir y leerlas si Fujii retenía su corona…

Casi una hora después de este diálogo –que pinta de cuerpo entero al Intocable, genio y figura hasta el final de sus días–, un emocionado Fontana leyó en la transmisión televisiva para nuestro país el segundo texto porque, tras una clase magistral de boxeo, Locche se convirtió en el tercer campeón mundial que la Argentina consagró en su historia.

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La consagración del tercer campeón mundial argentino de la historia fue la tapa de la edición 2567 de la revista El Gráfico, del martes 17 de diciembre de 1968.

La consagración del tercer campeón mundial argentino de la historia fue la tapa de la edición 2567 de la revista El Gráfico, del martes 17 de diciembre de 1968.

Una verdadera obra maestra

Lo que se vivió en el lluvioso atardecer del jueves 12 de diciembre de 1968 en la capital nipona, quedará como una de las más grandes exhibiciones pugilísticas de todos los tiempos. Locche –quien cobró una bolsa de 5.000 dólares, más 1.500 que desembolsó la bodega Peñaflor por los derechos de televisación– llegaba como retador de Fujii, quien había conquistado el título welter junior AMB-CMB el domingo 30 de abril de 1967, en Tokio, frente a Lopópolo (a quien noqueó en el segundo round) aunque, ante el mendocino, expuso solo el de la Asociación Mundial de Boxeo.

Esto se debió a que el Consejo Mundial de Boxeo le había quitado su reconocimiento como monarca a Fujii en 1968, y ordenó cubrir la vacancia del título entre el filipino Pedro Adigue, Jr., y el estadounidense Adolph Pruitt. El sábado 14 de diciembre de 1968 (solo dos días después del choque Fujii-Locche), en el Araneta Coliseum de Quezón City, Filipinas, el asiático le GPP 15 (unánime) al moreno oriundo de Aberdeen, Mississippi, y se adueñó de la corona CMB welter junior.

Fujii, nacido el 6 de junio de 1940 en Honolulu, Hawaii –y radicado en Tokio desde muy pequeño–, hijo y nieto de japoneses, realizaría la segunda defensa de su título ya que, el jueves 16 de noviembre de 1967, en el mismo lugar donde se mediría con el argentino, noqueó en 4 asaltos al alemán Willi Quatuor. El nipón, que actualmente tiene 79 años, combatió como profesional entre 1964 y 1979, lapso en el que disputó 38 peleas y, su récord, fue 34-3-1 (29 ko).

El imponente estadio Kuramae Sumo estaba colmado por 13.000 espectadores. En el ringside no había butacas, sino almohadones blancos sobre el piso y, en el rincón del retador, además de don Paco Bermúdez, estuvieron Tito Lectoure y el sparring, Juan Mendoza Aguilar. Durante la pelea, Nicolino fue el torero que eludió todos y cada uno de los embates de un Fujii que fue pura impotencia desde el principio hasta el fin, ante un Locche que no solo esquivó todo lo que le tiró el hasta ese entonces monarca, sino que además fue minando su resistencia física y anímica hasta que, al llamado de la campana del 10° round, Fujii dijo basta, con ambos ojos prácticamente cerrados, humillado y arrasado por el talento pugilístico del Intocable, quien le dio una lección de boxeo con galera y bastón. Irrepetible. ¡Ah! Y el público japonés, rendido ante la genialidad del nuevo campeón, lo llamaba “nisei” (maestro).

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El jueves 12 de diciembre de 1968, en el estadio Kuramae Sumo (Templo de Lucha) de Tokio, el Intocable le dio una lección de boxeo a Paul Takeshi Fujii.

El jueves 12 de diciembre de 1968, en el estadio Kuramae Sumo (Templo de Lucha) de Tokio, el Intocable le dio una lección de boxeo a Paul Takeshi Fujii.

La superioridad de Locche fue tal que, todas las autoridades de la pelea, lo reconocían como amplio dominador en las tarjetas. Al momento de la definición, el árbitro, el estadounidense Nick Pope, tenía 45-40 y, los jueces, los locales Hiroyuki Tezaki y Takeo Ugo, 44-41 y 45-39, respectivamente. Estos números se deben a que, en esa época, al ganador de un round se le otorgaban 5 puntos, y no 10 como ahora.

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Durante la pelea, Nicolino fue el torero que eludió todos y cada uno de los embates de un Fujii que fue pura impotencia desde el principio hasta el fin.

Durante la pelea, Nicolino fue el torero que eludió todos y cada uno de los embates de un Fujii que fue pura impotencia desde el principio hasta el fin.

Un personaje único

Dueño de un talento defensivo inigualable, el máximo ídolo de la historia del boxeo argentino –ya que superó en la consideración popular al capitalino Justo Suárez, El Torito de Pompeya, y al puntano José María Gatica, el inolvidable Mono– hizo del pugilismo un espectáculo único: para Nicolino, subir al ring era como hacerlo a un escenario.

Se reía con el público, les hacía guiños a los periodistas o a las damas en el ringside como si no hubiera un rival y, en una disciplina tan dura, Locche fue el duende que derrochaba alegría y diversión. El Intocable (bautizado así en 1962 por el periodista Piri García, de la revista El Gráfico), lo transformó en algo inédito: “El arte de no pegar sin dejarse pegar”, según la definición del maestro Félix Daniel Frascara.

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Con un talento defensivo inigualable, durante las peleas se reía con el público, les hacía guiños a los periodistas o a las damas en el ringside como si no hubiera un rival y, en una disciplina tan dura, Locche fue el duende que derrochaba alegría y diversión.

Con un talento defensivo inigualable, durante las peleas se reía con el público, les hacía guiños a los periodistas o a las damas en el ringside como si no hubiera un rival y, en una disciplina tan dura, Locche fue el duende que derrochaba alegría y diversión.

Hasta los jueces y los periodistas eran sus hinchas. Muchas veces, puntuar, escribir o hablar con objetividad de Nicolino fue una misión casi imposible.

Era tal su popularidad que, en 1971, el compositor y cantante santafesino Chico Novarro (su nombre real es Bernardo Mitnik) escribió el tango Un sábado más y, en uno de sus pasajes, dice: "Total esta noche, minga de yirar, si hoy pelea Locche en el Luna Park". En su época de esplendor, la presencia del Intocable como fondista de una velada en el mítico estadio capitalino era sinónimo del cartel de “localidades agotadas”.

Pero, su poco apego al sacrificio y a toda disciplina y responsabilidad, hizo que solo confiara en su clase y reflejos para retener la corona del mundo, lo que hizo en cinco oportunidades, todas por puntos, en 15 rounds, y en su segunda casa: el Luna Park. Sus vencidos fueron el venezolano Carlos Morocho Hernández (el 3 de mayo de 1969), el brasileño Joao Henrique (11 de octubre de 1969), el estadounidense Adolph Pruitt (16 de mayo de 1970), el español Domingo Barrera Corpas (3 de abril de 1971), y el colombiano Antonio Cervantes (11 de diciembre de 1971).

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En la primera de las cinco defensas exitosas que realizó de su corona, el 3 de mayo de 1969 le GPP 15 al  venezolano Carlos Morocho Hernández en el Luna Park.

En la primera de las cinco defensas exitosas que realizó de su corona, el 3 de mayo de 1969 le GPP 15 al venezolano Carlos Morocho Hernández en el Luna Park.

Como cada vez se entrenaba menos, resignó su cetro el viernes 10 de marzo de 1972 en la ciudad de Panamá, al caer por puntos, tras 15 asaltos, ante el local Alfonso Peppermint Frazer. Intentó recuperarla el sábado 17 de marzo de 1973 ante Antonio Cervantes en Maracay, Venezuela, pero Kid Pambelé fue muy superior ante la sombra que ya era Locche, quien abandonó en el noveno asalto.

Anunció su retiro pero, los malos negocios e inversiones, provocaron que volviera en 1975. Hizo seis peleas, las que ganó todas y, el sábado 7 de agosto de 1976, en el hotel Llao Llao de San Carlos de Bariloche, disputó su último combate y le GPP 10 al chileno Ricardo Molina Ortiz. La carrera del Intocable había llegado a su fin donde, entre 1958 y 1976, disputó 136 peleas, con un récord de 117-4-14-1 S/D (14 ko). Fue campeón mendocino, cuyano, argentino y sudamericano liviano y, además, monarca argentino, sudamericano y mundial AMB welter junior.

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Entre 1958 y 1976, Locche disputó 136 peleas, con un récord de 117-4-14-1 S/D (14 ko). Fue campeón mendocino, cuyano, argentino y sudamericano liviano y, además, monarca argentino, sudamericano y mundial AMB welter junior.

Entre 1958 y 1976, Locche disputó 136 peleas, con un récord de 117-4-14-1 S/D (14 ko). Fue campeón mendocino, cuyano, argentino y sudamericano liviano y, además, monarca argentino, sudamericano y mundial AMB welter junior.

Las fechas que unen a Locche, Monzón y Firpo

El miércoles 12 de diciembre de 1962 –seis años exactos antes de la consagración de Locche en Tokio–, Carlos Monzón disputó su último combate como amateur, del que hoy se cumplen 57 años. Esa noche, el formidable Escopeta le GKO 2 al rosarino Benito Cejas en el Pabellón de Industrias de nuestra ciudad. El sanjavierino había debutado como aficionado –en el mismo escenario, al lado de la Sociedad Rural, y donde hoy se encuentra un supermercado– el viernes 2 de octubre de 1959 (empató en 3 rounds con Raúl Cardozo) y, en su campaña amateur, disputó 87 combates, con un récord de 73-8-6.

Locche y Monzón siempre fueron muy buenos amigos y compañeros y, el 7 de agosto de 1976, cuando el Intocable anunció su retiro, Escopeta cumplió 34 años, y era el indiscutido monarca unificado mediano AMB-CMB. Asimismo, ese sábado se cumplieron 16 años de la muerte del juninense Luis Angel Firpo, el padre de la patria boxística nacional, y licencia profesional número 1, quien había fallecido en 1960, a los 65.

Sus últimos años

Tras colgar definitivamente los guantes, Locche vivió con lo justo con su segunda esposa, María Rosa Gelleni; sus hijos Ana María, Nicolino Felipe (Lolo) y Nancy –frutos de su primer matrimonio con Ana María Corvalán–, y sus nietos, y lejos del dorado esplendor con el que tuvo el mundo a sus pies.

Su incontrolable adicción al cigarrillo –¡lo que hizo renegar a don Paco Bermúdez, su familia y los médicos por esto!– fue minando su salud. En septiembre de 1994, le realizaron un triple bypass coronario y, tanto en julio de 1998, como en enero de 2000, la Epoc (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) que padecía, lo tuvo contra las cuerdas.

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Su incontrolable adicción al cigarrillo fue deteriorando su salud, hasta que el miércoles 7 de septiembre de 2005, cerca de las 22.45 y, a los 66 años, Nicolino murió en su casa de Las Heras, en su Mendoza natal.

Su incontrolable adicción al cigarrillo fue deteriorando su salud, hasta que el miércoles 7 de septiembre de 2005, cerca de las 22.45 y, a los 66 años, Nicolino murió en su casa de Las Heras, en su Mendoza natal.

A pesar de que su frágil salud lo tenía a maltraer, Nicolino recibió en vida el mejor reconocimiento para un púgil: en 2003 inscribió su nombre junto a los de los inmortales en el legendario Hall de la Fama del Boxeo Internacional de Canastota, Nueva York. Fue el quinto argentino en ingresar, detrás de Carlos Monzón (1990), el mendocino Pascual Pérez (1995), el capitalino Juan Carlos Lectoure (2000), y el bonaerense Víctor Emilio Galíndez (2002). En 2007, hizo lo propio el maestro Amílcar Oreste Brusa, y se convirtió en el segundo santafesino cuya trayectoria boxística se perpetúa en el mítico lugar.

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El 7 de septiembre de 2018, al cumplirse 13 años de su fallecimiento, la ciudad de Mendoza inauguró una escultura en honor de Locche. Obra de la artista Sonia López, quien realizó el trabajo en resina poliéster y en tamaño natural, está ubicada en la intersección de Perú y Videla Castillo, en el Parque Lineal de la capital provincial.

El 7 de septiembre de 2018, al cumplirse 13 años de su fallecimiento, la ciudad de Mendoza inauguró una escultura en honor de Locche. Obra de la artista Sonia López, quien realizó el trabajo en resina poliéster y en tamaño natural, está ubicada en la intersección de Perú y Videla Castillo, en el Parque Lineal de la capital provincial.

Hasta que el miércoles 7 de septiembre de 2005, cerca de las 22.45 y, a los 66 años, Nicolino murió en su casa de Las Heras, en su Mendoza natal. Se fue mientras dormía, en paz, tal como 51 años atrás lo había hecho poco antes de pelear con Fujii y, sus restos fueron sepultados al día siguiente en el cementerio privado Parque de Descanso, en Rodeo de la Cruz, Guaymallén.

Descansá en paz, Intocable, y gracias por tu magia.

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