miércoles 3 de marzo de 2021
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Manchester United: a 63 años de la tragedia de Munich, los Busby Babes siempre serán recordados

Ocho integrantes del plantel del conjunto británico, y otras 15 personas más –entre miembros de la tripulación, periodistas y directivos del club–, perderían la vida el jueves 6 de febrero de 1958, y en los días siguientes, cuando el avión que los transportaba se estrelló en su tercer intento de despegue en el aeropuerto de Munich-Riem, Alemania.

—Recibido, Munich. Zulú Uniform rodando.

Era la tercera vez que la torre de control de este aeropuerto, ubicado al este de la tercera ciudad más grande de la, por entonces, Alemania Federal le indicaba, en menos de una hora, a la tripulación del Airspeed AS.57 Ambassador 2 de la British European Airways (BEA), matrícula G-ALZU –y llamado Lord Burghley–, que podía decolar por la pista 25, de 1900 metros de extensión. El destino era Manchester, donde estimaban arribar a las 17.

La temperatura era cercana a 0°, había nevado casi todo el día y, además, los fuertes vientos cruzados complicaban la maniobra que estaban por realizar.

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La última foto de los Busby Babes, y de algunos de los periodistas que los acompañaban, en la plataforma del aeropuerto de Munich-Riem, antes de embarcar en el vuelo 609. Tras dos intentos previos de despegues, abortados por problemas de sobreaceleración del motor número 1 (el izquierdo), en el tercero sobrevendría la tragedia.

La última foto de los Busby Babes, y de algunos de los periodistas que los acompañaban, en la plataforma del aeropuerto de Munich-Riem, antes de embarcar en el vuelo 609. Tras dos intentos previos de despegues, abortados por problemas de sobreaceleración del motor número 1 (el izquierdo), en el tercero sobrevendría la tragedia.

Tras dos intentos previos de despegues, abortados por problemas de sobreaceleración del motor número 1 (el izquierdo) y, con esta nueva autorización, el capitán James Thain, de 37 años, un ex piloto de la Royal Air Force, aplicó toda la potencia en los dos motores radiales de 18 cilindros Bristol Centaurus 661, refrigerados por aire, de 2.625 HP cada uno, y hélices cuatripalas.

El copiloto, Kenneth Gordon Rayment, de 36 años y, también, ex integrante de la RAF, controlaba la velocidad de carreteo de la aeronave, de casi 22 toneladas. Cuando alcanzaron los 85 nudos (unos 157 km/h), el motor número 1 volvió a sobreacelerarse; Thain redujo levemente la potencia hasta que, muy poco después, los parámetros del mismo fueron otra vez normales y volvió a aplicar full power.

La carrera de despegue continuaba y, a los 117 nudos (unos 217 km/h), alcanzaron la V1 (NdeR: es la velocidad de decisión y, superada la misma, el avión debe irse al aire –pase lo que pase– ya que, dependiendo de la longitud de la pista, la temperatura, presión, altura del aeropuerto, y peso de la aeronave, entre otros parámetros, ya no quedará espacio remanente para abortar el despegue y detenerse con seguridad).

Pero, antes de llegar a los 119 nudos (unos 220 m/h), que era la VR (NdeR: la velocidad de rotación, cuando la rueda de la nariz se despega del piso y, el avión, aun manteniendo el tren principal en tierra, comienza a ascender), la aeronave ingresó en una zona de aguanieve que se había acumulado sobre el último tercio de la pista. La velocidad se redujo rápidamente a 105 nudos (unos 194 km/h), y que era absolutamente insuficiente para poder elevarse y volar.

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El Airspeed AS.57 Ambassador 2 de la British European Airways (BEA), matrícula G-ALZU –y llamado Lord Burghley–, fotografiado sobre la plataforma del aeropuerto de Munich-Riem, poco antes del fatídico accidente. La temperatura era cercana a 0°, había nevado casi todo el día y, además, los fuertes vientos cruzados complicarían el despegue que estaban por realizar.

El Airspeed AS.57 Ambassador 2 de la British European Airways (BEA), matrícula G-ALZU –y llamado Lord Burghley–, fotografiado sobre la plataforma del aeropuerto de Munich-Riem, poco antes del fatídico accidente. La temperatura era cercana a 0°, había nevado casi todo el día y, además, los fuertes vientos cruzados complicarían el despegue que estaban por realizar.

No obstante, el Ambassador continuó con su carrera en tierra y, una vez que salió de la pista, derribó una valla, cruzó una calle e impactó contra una casa –donde una madre y tres de sus hijos se salvaron de milagro–, rompiendo el ala izquierda. El avión derrapó otros 100 metros hasta estrellarse contra un garaje donde había un camión con neumáticos y combustible –que estalló en llamas–, mientras que la sección delantera de la aeronave, que finalmente se partió al medio, se detuvo unos 70 metros más adelante. Eran las 15.04 del jueves 6 de febrero de 1958.

El avión transportaba al plantel y el cuerpo técnico del Manchester United –uno de los conjuntos deportivos más famosos del mundo por entonces–, además de dirigentes del club británico y periodistas. De las 44 personas que iban a bordo, 20 murieron en el lugar y, los heridos, algunos de extrema gravedad, fueron trasladados al Hospital Rechts der Isar, donde fallecerían tres más.

En total, el desastre aéreo de Munich, como se recuerda a este lamentable accidente, y del que hoy se cumplen 63 años, tuvo un saldo de 23 muertos –ocho de ellos, jugadores de los Red Devils– y 21 sobrevivientes. Esta es la historia del mismo, que enlutó al fútbol mundial.

Los Busby Babes

El Manchester United de la década de 1950 era un equipo joven, formado por Alexander Matthew Busby, quien había asumido la dirección técnica en 1945, después de la Segunda Guerra Mundial. El entrenador escocés también revolucionó la figura del manager ya que, como responsable de todos los aspectos deportivos de la institución, decidía a quién había que incorporar, quién jugaba, y hasta el salario que percibían los futbolistas.

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Los Busby Babes, antes de viajar a Belgrado. De izquierda a derecha, arriba: Colin Webster, Wilf McGuinness, Jackie Blanchflower, John Doherty, y Eddie Colman. En el medio: Tom Curry (entrenador asistente), Bill Foulkes, Bobby Charlton, Fred Goodwin, Ray Wood, Billy Whelan, Mark Jones, Duncan Edwards, y Bill Inglis (asistente). Debajo: Dennis Viollet, John Berry, Matt Busby (entrenador principal y manager), Roger Byrne, Jimmy Murphy (entrenador asistente), Tommy Taylor, y David Pegg.

Los Busby Babes, antes de viajar a Belgrado. De izquierda a derecha, arriba: Colin Webster, Wilf McGuinness, Jackie Blanchflower, John Doherty, y Eddie Colman. En el medio: Tom Curry (entrenador asistente), Bill Foulkes, Bobby Charlton, Fred Goodwin, Ray Wood, Billy Whelan, Mark Jones, Duncan Edwards, y Bill Inglis (asistente). Debajo: Dennis Viollet, John Berry, Matt Busby (entrenador principal y manager), Roger Byrne, Jimmy Murphy (entrenador asistente), Tommy Taylor, y David Pegg.

Merced a su duro trabajo, el equipo fue creciendo sin pausas, tal es así que, los Red Devils, se consagraron campeones de la Liga inglesa en las temporadas 1951-1952, 1955-1956 y 1956-1957. Demás, la Academia del club incorporaba cada año a los mejores talentos.

La filosofía futbolística de Busby suponía un gran énfasis en la habilidad, un ataque eficaz, y libertad de movimientos en la cancha, junto con una alta dosis de improvisación. Por ello, sus tácticas no eran rígidas, ni sus planteamientos eran defensivos, ya que quería que su equipo siempre buscara el arco rival.

El plantel del Manchester United llegó a promediar los 22 años y, por ello, los integrantes del mismo comenzaron a ser conocidos como los Busby Babes (los Bebés de Busby), bautizados así por el periodista Tom Jackson, del Manchester Evening News, y que conquistaron la Copa FA juvenil de 1952 a 1957.

Esa formidable generación de jugadores incluía, entre otros, a David Pegg, Dennis Viollet, Bill Foulkes, Liam Whelan, Tommy Taylor, Mark Jones y Geoff Bent. Sin embargo, el más destacado era Duncan Edwards, de 21 años, que integraba la Selección de Inglaterra y era considerado uno de los mejores jugadores del mundo merced a su incansable despliegue, el excepcional timing para quitarles limpiamente la pelota a sus rivales, la gran precisión de sus centros y tiros libres, y la enorme potencia de sus remates.

El salto a las competiciones europeas

En abril de 1955, la Union of European Football Associations (Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas, o UEFA) creó la European Cup (Copa de Europa, predecesora de la actual Champions League, o Liga de Campeones), un certamen donde participarían los campeones de sus países afiliados, y que comenzaría en la temporada 1955-1956.

Pero el secretario de la Football League, Alan Hardaker, creía que lo mejor para el fútbol inglés era no tomar parte del flamante certamen –con el argumento de que las competencias internacionales le restarían interés al torneo local–, por lo que impidió la participación del campeón 1954-1955, el Chelsea londinense.

En la temporada siguiente, la Liga inglesa fue ganada por el Manchester United pero, la Football League, volvió a negar el ingreso de su campeón en el torneo continental. Por ello, entre Busby, el presidente del United, Harold Hardman, y la ayuda del titular de la Football Association (FA), Stanley Rous –quien sería presidente de la FIFA entre 1961 y 1974–, desafiaron esta prohibición y, así, los Red Devils se convirtieron en el primer equipo inglés en competir en certámenes del viejo continente.

El United debutó en la Copa de Europa en septiembre de 1956 y, como visitante, venció por 2 a 0 al Anderlecht belga. Al cotejo de vuelta lo disputaron en el estadio del Manchester City –el Maine Road, demolido en 2004 porque el de Old Trafford no contaba con suficiente iluminación para disputar partidos nocturnos. Con un aplastante 10 a 0, los Red Devils avanzaron de ronda y, en las fases siguientes, eliminaron al Borussia Dortmund alemán y al Athletic Club de Bilbao español.

El sueño se terminó en semifinales, donde el poderoso Real Madrid –que era el campeón defensor, y que repetiría la conquista en esta segunda edición del certamen, se quedó con el duelo al superar a los Red Devils por 5 a 3 en el global (el Merengue ganó 3 a 1 en la ida, en la capital española, e igualaron 2 a 2 en la vuelta, en Manchester). El máximo goleador del certamen fue el inolvidable Alfredo Di Stéfano, con siete tantos, mientras que los artilleros del United fueron los delanteros Dennis Viollet y Tommy Taylor, con cuatro conquistas cada uno.

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Alfredo Di Stéfano, la Saeta Rubia, festeja uno de los goles que terminó con el sueño europeo del Manchester United en 1957.

Alfredo Di Stéfano, la Saeta Rubia, festeja uno de los goles que terminó con el sueño europeo del Manchester United en 1957.

Tras repetir el título local en la temporada 1956-1957, en una campaña en la que Tommy Taylor anotó 22 goles, Liam Whelan 26 y, el joven debutante y futuro capitán y símbolo del equipo, Bobby Charlton, marcó 10, el United era uno de los grandes candidatos a ceñirse la corona europea en la edición 1957-1958. Como los partidos de la Liga inglesa se disputaban los sábados y, los del certamen europeo, entre semana, el avión fue el medio de transporte que los Red Devils utilizaron para poder cumplir con todos sus compromisos.

Tras vencer al Shamrock Rovers irlandés (fue triunfo por 6 a 0 en Dublín, y por 3 a 2 en la vuelta) y el Dukla Praga de la por entonces Checoslovaquia (los Red Devils se impusieron por 3 a 0 como locales, y cayeron como visitantes por 1 a 0), el rival para los cuartos de final fue el Estrella Roja deBelgrado.

Antes del viaje a la ex Yugoslavia, el entrenador Matt Busby le había pedido al secretario de la Football League, Alan Hardaker, posponer el próximo partido de los Red Devils por la Liga local, que sería contra el Wolverhampton, pero la solicitud fue rechazada. Por eso, Busby debió modificar el plan original: en lugar de trasladarse en ferry, resolvió contratar un vuelo chárter para regresar cuanto antes a Manchester.

Con un gol sobre la hora de Eddie Colman, el United había ganado por 2 a 1 en la ida y, en la vuelta, disputada el miércoles 5 de febrero de 1958 en la actual capital de Serbia, igualaron 3 a 3 (con un doblete de Charlton y uno de Viollet para el 3 a 0 parcial en solo 17 minutos de la etapa inicial). Con un global de 5 a 4, el elenco inglés se instaló en semifinales, donde se mediría con el Milan italiano.

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El miércoles 5 de febrero de 1958, el Manchester United empató 3 a 3 con el Estrella Roja, en Belgrado. Fue el último partido de los Busby Babes antes del accidente. Esa tarde, los titulares fueron (de izquierda a derecha) Duncan Edwards, Eddie Colman, Mark Jones, Ken Morgans, Bobby Charlton, Dennis Viollet, Tommy Taylor, Billy Foulkes, Harry Gregg, Albert Scanlon, y Roger Byrne.

El miércoles 5 de febrero de 1958, el Manchester United empató 3 a 3 con el Estrella Roja, en Belgrado. Fue el último partido de los Busby Babes antes del accidente. Esa tarde, los titulares fueron (de izquierda a derecha) Duncan Edwards, Eddie Colman, Mark Jones, Ken Morgans, Bobby Charlton, Dennis Viollet, Tommy Taylor, Billy Foulkes, Harry Gregg, Albert Scanlon, y Roger Byrne.

Tras cenar y dormir en el Hotel Majestic de Belgrado, la delegación emprendió el viaje hacia Manchester el jueves 6 por la mañana. El vuelo incluía una escala en Munich –por entonces Alemania Federal, u Occidental– para que el Airspeed AS.57 Ambassador 2 de la British European Airways recargara combustible.

El capitán Thain había volado desde Munich hacia Belgrado y, en el tramo opuesto –vuelo identificado como BEA 817–, lo haría el copiloto Rayment. El despegue se demoró una hora, ya que Johnny Berry había extraviado su pasaporte y, por eso, arribaron al aeropuerto de Munich-Riem a las 13.15.

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Esta foto se encuentra actualmente en el lobby del Hotel Majestic, de Belgrado –actual capital de Serbia–, donde el plantel compartió la última cena y durmió antes de viajar, al día siguiente, hacia Munich y luego proseguir hacia Manchester.

Esta foto se encuentra actualmente en el lobby del Hotel Majestic, de Belgrado –actual capital de Serbia–, donde el plantel compartió la última cena y durmió antes de viajar, al día siguiente, hacia Munich y luego proseguir hacia Manchester.

El desastre

A las 14.19, el ahora denominado vuelo 609, con destino a Manchester, le informó a la torre de control que estaba listo para despegar y, tras obtener la autorización para hacerlo, el controlador le dijo que la misma expiraría a las 14.31. El primer intento de despegue se abortó cuando Thain advirtió que el indicador de presión de sobrealimentación del motor número 1 fluctuaba cuando alcanzaba su máxima potencia, además de emitir un sonido “extraño”.

Tras regresar a la cabecera 25, se hizo un segundo intento tres minutos más tarde, pero se canceló solo 40 segundos después porque, debido a una mezcla demasiado rica, el número 1 (y, en un momento, también el número 2) se aceleró demasiado.

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Tras salirse de la pista, el avión derribó una valla, cruzó una calle e impactó contra una casa, rompiendo el ala izquierda. Derrapó otros 100 metros hasta estrellarse contra un garage donde había un camión con neumáticos y combustible, mientras que la sección delantera, que finalmente se partió al medio, se detuvo unos 70 metros más adelante.

Tras salirse de la pista, el avión derribó una valla, cruzó una calle e impactó contra una casa, rompiendo el ala izquierda. Derrapó otros 100 metros hasta estrellarse contra un garage donde había un camión con neumáticos y combustible, mientras que la sección delantera, que finalmente se partió al medio, se detuvo unos 70 metros más adelante.

Tras el segundo despegue abortado, la aeronave regresó a la plataforma y, los pasajeros, descendieron en la misma y se guarecieron del intenso frío en el hall del aeropuerto. Como le pareció que el vuelo no se realizaría, Duncan Edwards envió un telegrama a Manchester, que decía: "Todos los vuelos cancelados, volando mañana. Duncan".

Thain se contactó con el ingeniero de vuelo Bill Black, y le informó sobre el problema de sobreaceleración del motor izquierdo. Luego de que la tripulación comprobara en los despegues que, aplicar la potencia más lentamente, no había funcionado, Black sugirió que se volara al otro día, mientras él solucionaría este inconveniente.

¿Por qué el capitán Thain decidió continuar con el viaje? Solo él y su alma tienen la respuesta. Es más: le adelantó a Black que aplicaría la potencia aún más lentamente y, esto, sería suficiente. Pero existía un riesgo: la carrera de despegue sería más larga y, en vez de rotar a los 1200 metros, debería hacerlo más adelante, cerca del final de la pista.

Tan solo 15 minutos después, todos regresaron a bordo. Durante la escala en el aeropuerto alemán, David Pegg y Tommy Taylor habían cambiado los asientos con Bobby Charlton y Dennis Viollet, ya que querían irse al fondo del avión para dormir…

El avión comenzó a desplazarse por la calle de rodaje a las 14.56. Tres minutos después, alcanzó el punto de espera antes de ingresar a la pista 25, donde Thain y Rayment acordaron intentar un tercer despegue, aunque prestarían especial atención a posibles sobreaceleraciones de los motores. A las 15.03 le comunicaron a la torre de control esta decisión y, tras recibir una nueva autorización, el avión comenzó a carretear. El radio operador, George William Rodgers –el tercero que iba en el cockpit–, le informó al controlador: "Zulú Uniform (la identificación del Ambassador) rodando".

Fue la última comunicación del vuelo 609 ya que, un minuto después, la aeronave no pudo despegar, se despistó y provocó la muerte de 20 personas en el lugar. Tres más lo harían después. Así, un equipo genial e irrepetible, había quedado diezmado para siempre.

Parte de la cola del avión se partió y, el combustible derramado por el ala derecha –unos 2300 litros–, provocó una explosión interna. Por eso, los que viajaban en el sector trasero se convirtieron en las primeras víctimas, entre ellos, David Pegg y Tommy Taylor, los que les había cambiado los asientos a Charlton y Viollet…

El capitán Thain resultó ileso, mientras que el copiloto Rayment quedó atrapado e inconsciente por un duro golpe que recibió en la cabeza. Las azafatas Rosemary Cheverton y Margaret Bellis fueron las primeras en salir por una ventana de emergencia, mientras que otros sobrevivientes las siguieron.

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El capitán Thain resultó ileso, mientras que Rayment quedó atrapado e inconsciente por un duro golpe que recibió en la cabeza. El malogrado copiloto del vuelo 609 nunca recuperó el conocimiento y, por el grave traumatismo de cráneo que sufrió, murió el sábado 15 de marzo siguiente, a los 37 años.

El capitán Thain resultó ileso, mientras que Rayment quedó atrapado e inconsciente por un duro golpe que recibió en la cabeza. El malogrado copiloto del vuelo 609 nunca recuperó el conocimiento y, por el grave traumatismo de cráneo que sufrió, murió el sábado 15 de marzo siguiente, a los 37 años.

El arquero Harry Gregg quien, tras el impacto final, había sido despedido a unos 30 metros del fuselaje, perdió momentáneamente el conocimiento. Al recuperarlo y, a pesar de sus heridas, regresó a los restos en llamas del avión y ayudó a escapar a Charlton, Viollet, Busby, y a la pasajera Vera Luki –esposa de un diplomático yugoslavo, que estaba embarazada de su hijo Zoran– y a su hija, Vesna, de 22 meses. Por esta acción, el norirlandés, que sería titular en la Selección de su país en el Mundial de Suecia de ese mismo año, siempre fue recordado como el Héroe de Munich.

Dos horas después del accidente, los rescatistas dieron por finalizada la búsqueda de sobrevivientes pero, unas cinco horas más tarde, dos periodistas alemanes descubrieron a Ken Morgans, de 18 años, entre los restos del avión. Él era otro de los que habían cambiado de asiento para ubicarse en la parte trasera de la aeronave. Volvería a jugar al fútbol, pero nunca superaría el trauma que sufrió esa fatídica tarde en Munich.

El saldo de la tragedia

Los jugadores que murieron el acto fueron siete: Geoff Bent, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Liam Billy Whelan. El octavo fue la estrella del equipo y del fútbol británico, Duncan Edwards, quien falleció a las 2.16 del viernes 21 de febrero, 15 días después del accidente. Tenía sus riñones destrozados y, a pesar de que uno artificial llegó al Hospital Rechts der Isar de Munich, las severas hemorragias que sufrió le provocaron su deceso. Tenía 21 años.

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Los jugadores que murieron el acto fueron siete: Geoff Bent, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Liam Billy Whelan. El octavo fue la estrella del equipo y del fútbol británico, Duncan Edwards, quien falleció a las 2.16 del viernes 21 de febrero, 15 días después del accidente. Tenía 21 años.

Los jugadores que murieron el acto fueron siete: Geoff Bent, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Liam Billy Whelan. El octavo fue la estrella del equipo y del fútbol británico, Duncan Edwards, quien falleció a las 2.16 del viernes 21 de febrero, 15 días después del accidente. Tenía 21 años.

Los periodistas fallecidos en el lugar del accidente también fueron siete: Alf Clarke (del Manchester Evening Chronicle), Don Davies (Manchester Guardian), George Follows (Daily Herald), Tom Jackson (Manchester Evening News), Archie Ledbrooke (Daily Mirror), Henry Rose (Daily Express), y Eric Thompson (Daily Mail). Por su parte, Frank Swift (News of the World, y ex arquero de Inglaterra y del Manchester City), murió cuando era trasladado al hospital. Fue el octavo trabajador de prensa muerto.

También perdieron la vida Walter Crickmer, secretario del United, y los entrenadores Bert Whalley y Tom Curry (quien reemplazó a Jimmy Murphy –asistente de Matt Busby– el cual, a último momento, no pudo viajar a Belgrado).

La lista de 23 muertos se completó con Bela Miklos (el agente de viajes que organizó el chárter a Belgrado); Willie Satinoff (un acaudalado fan del United, amigo de Busby y que estaba por ingresar a la Junta Directiva del club); Tom Cable (comisario de a bordo), y el capitán Kenneth Rayment.

El malogrado copiloto del vuelo 609 nunca recuperó el conocimiento y, por el grave traumatismo de cráneo que sufrió, murió el sábado 15 de marzo, a los 37 años. Sus restos fueron trasladados a Inglaterra el martes 18 siguiente.

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De las 44 personas que iban a bordo del Ambassador de BEA, 20 murieron en el lugar y, los heridos, algunos de extrema gravedad, fueron trasladados al Hospital Rechts der Isar, de Munich, donde fallecerían tres más.

De las 44 personas que iban a bordo del Ambassador de BEA, 20 murieron en el lugar y, los heridos, algunos de extrema gravedad, fueron trasladados al Hospital Rechts der Isar, de Munich, donde fallecerían tres más.

De los 21 sobrevivientes, nueve fueron futbolistas y, dos de ellos nunca volvieron a pisar un campo de juego. Uno fue Johnny Berry (el que demoró el vuelo por perder su pasaporte en Belgrado), quien sufrió fractura de cráneo con pérdida de memoria y, aunque recuperó el conocimiento un mes después, jamás recordaría las horas previas al accidente, y murió en 1994.

El otro fue Jackie Blanchflower, quien sufrió fracturas de pelvis, brazos, piernas y aplastamiento de riñones. Aunque recibió la extremaunción por la gravedad de sus heridas, se recuperó y dejó el hospital dos meses después del accidente. Murió en 1998.

Los otros siete que salvaron sus vidas fueron Dennis Viollet (falleció en 1999), Ray Wood (murió en 2002), Bobby Charlton (tiene 83 años y vive en Manchester), Bill Foulkes (falleció en 2013), Harry Gregg (el Héroe de Munich, que murió en 2020), Ken Morgans (falleció en 2012) y Albert Scanlon (murió en 2009).

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Harry Gregg y Bill Foulkes visitan a Duncan Edwards en el hospital Isar der Rechts de Munich, quien murió producto de las heridas del accidente el 21 de febrero de 1958.

Harry Gregg y Bill Foulkes visitan a Duncan Edwards en el hospital Isar der Rechts de Munich, quien murió producto de las heridas del accidente el 21 de febrero de 1958.

También se salvaría el entrenador, Matt Busby, quien presentabavarias costillas rotas, un pulmón perforado y diversas fracturas en las piernas. Por lo crítico de su estado, se le dio dos veces la extremaunción y, a su familia, se le comunicó que no había “muchas esperanzas” de que se salvara. Sin embargo, finalmente se recuperó y fue trasladado a la localidad suiza de Interlaken para completar su rehabilitación. Volvió a Inglaterra el viernes 18 de abril, 71 días después del accidente, viajando por ferrocarril y por mar.

El periodista que sobrevivió fue Frank Taylor (del News Chronicle, fallecido en 2002), junto con otros dos enviados del Daily Mail: el fotógrafo Peter Howard (fallecido en 1996) y el telegrafista Ted Ellyard (murió en 1964).

El listado se completa con Vera Luki y su hija Vesna; Eleanor Miklos (esposa de Bela Miklos, muerto en el accidente); Nebosja Tomaševi (diplomático yugoslavo, fallecido en 2017); las azafatas Rosemary Cheverton y Margaret Bellis (fallecida en 1998), y el radio operador George William Rodgers (que murió en 1997).

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Dos horas después del accidente, los rescatistas dieron por finalizada la búsqueda de sobrevivientes pero, unas cinco horas más tarde, dos periodistas alemanes descubrieron a Ken Morgans, de 18 años, entre los restos del avión. Morgans volvería a jugar al fútbol, pero nunca superaría el trauma que sufrió esa fatídica tarde en Munich.

Dos horas después del accidente, los rescatistas dieron por finalizada la búsqueda de sobrevivientes pero, unas cinco horas más tarde, dos periodistas alemanes descubrieron a Ken Morgans, de 18 años, entre los restos del avión. Morgans volvería a jugar al fútbol, pero nunca superaría el trauma que sufrió esa fatídica tarde en Munich.

Por su parte, el capitán James Thain, que también sobrevivió –y nunca más volvió a volar para una aerolínea–, fue señalado como el responsable directo del accidente por no haber desistido de realizar el tercer despegue. Tiempo después se comprobó que la gran acumulación de aguanieve al final de la pista causó la rápida desaceleración del avión, impidiendo que se alcanzara la adecuada velocidad de rotación para iniciar con seguridad el ascenso.

A pesar de ello, las autoridades de Alemania Federal, a las que también les cabía parte de la responsabilidad por las condiciones de la pista del aeropuerto de Munich-Riem, iniciaron acciones legales contra Thain, quien fue despedido de BEA en 1960.

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De los seis miembros de la tripulación, sobrevivieron cuatro: el capitán James Thain, comandante del vuelo 609 (de bigotes), el radio operador George William Rodgers, y las azafatas Rosemary Cheverton y Margaret Bellis. La imagen es de cuando regresaron a Manchester tras el accidente.

De los seis miembros de la tripulación, sobrevivieron cuatro: el capitán James Thain, comandante del vuelo 609 (de bigotes), el radio operador George William Rodgers, y las azafatas Rosemary Cheverton y Margaret Bellis. La imagen es de cuando regresaron a Manchester tras el accidente.

En 1965 y, a pedido de Thain –que luchó una década por limpiar su nombre–, las autoridades británicas y germanas accedieron a reabrir el expediente. Se determinó que el avión no tenía hielo en sus alas (lo que sostenía la investigación llevada adelante por Hans J. Reichel, designado por la Luftfahrt Bundesamt, la Oficina Federal de Aviación alemana), y que sí había una gran acumulación de aguanieve en la pista.

A la misma conclusión arribó un equipo investigador británico –que agregó como otro factor desencadenante de la tragedia a las muy malas condiciones meteorológicas– al punto tal que, en marzo de 1969, el capitán Thain fue eximido de cualquier responsabilidad en el desastre de Munich del 6 de febrero de 1958. El comandante del vuelo 609 murió de un infarto el 6 de agosto de 1975, a los 54 años.

La reconstrucción y la vuelta a la gloria

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De los 21 sobrevivientes, nueve eran futbolistas. Uno de ellos fue Bobby Charlton, alrededor del cual se reconstruiría el United. Considerado como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, entre otros logros se consagró con su Selección en el Mundial que Inglaterra organizó en 1966. En la foto, mientras estaba convaleciente en el Hospital Rechts der Isar, de Munich.

De los 21 sobrevivientes, nueve eran futbolistas. Uno de ellos fue Bobby Charlton, alrededor del cual se reconstruiría el United. Considerado como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, entre otros logros se consagró con su Selección en el Mundial que Inglaterra organizó en 1966. En la foto, mientras estaba convaleciente en el Hospital Rechts der Isar, de Munich.

El impacto de la tragedia del United fue brutal y devastador. Todo el mundo estaba en shock, y nadie podía entender cómo esta fatalidad le puso fin a los sueños de un plantel de jóvenes talentos que no tenían techo.

Al día siguiente, los restos de los fallecidos fueron trasladados desde Munich a Manchester y fueron velados toda la noche en el gimnasio de Old Trafford, antes de que cada familia dispusiera de los mismos para los respectivos funerales.

El United tuvo que ser reconstruido completamente en torno a Bobby Charlton, uno de los sobrevivientes del accidente y uno de los jugadores con mayor proyección por entonces, como después lo demostraría largamente con el equipo y en la Selección de su país, al consagrarse campeón en el Mundial que Inglaterra organizó en 1966.

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Bobby Charlton celebra el triunfo en la final del Mundial 1966, luego de que Inglaterra derrotó 4-2 a la Alemania de Franz Beckenbauer.

Bobby Charlton celebra el triunfo en la final del Mundial 1966, luego de que Inglaterra derrotó 4-2 a la Alemania de Franz Beckenbauer.

Jimmy Murphy dirigió al equipo –integrado por muchos jugadores cedidos por otros conjuntos– en ausencia de Matt Busby. Bajo su conducción, el United llegó a la Final de la Copa FA pero, el sábado 3 de mayo, perdió por 2 a 0 ante el Bolton Wanderers ante 100.000 espectadores en Wembley. El equipo utilizó unas camisetas con un escudo que mostraba a un fénix que se elevaba sobre las llamas, todo un símbolo del momento.

Asimismo, los Red Devils superarían al Milan por 2 a 1 como locales, en la ida de las semifinales de la Copa de Europa, pero caerían por 4 a 0 en la vuelta, en el estadio San Siro. Por su parte, el Real Madrid se coronaría por tercer año consecutivo al vencer en la final –y tras el alargue- al Rossonero por 3 a 2, en Bruselas.

Busby no pudo dirigir a la Selección de su natal Escocia en el Mundial de Suecia de ese año, y retomaría los entrenamientos del United a comienzos de la temporada 1958-1959. A pesar del dolor por las pérdidas –siempre presente–, reconstruiría a los Red Devils. Además de Charlton, los otros pilares del equipo fueron Harry Gregg, Bill Foulkes y George Best, junto con David Herd y Denis Law, las flamantes incorporaciones del club.

El trabajo dio sus frutos y, en 1963, ganarían la Copa FA tras derrotar al Leicester City por 3 a 1. Fueron por más, y se adueñaron de la Liga inglesa en las temporadas 1964-1965 y 1966-1967. En la Copa de Europa de 1965-1966, fueron eliminados en semifinales por el Partizan de Belgrado con un global de 2 a 1 y, meses después, Charlton, Nobby Stiles y John Connelly fueron los integrantes del United que se coronaron en el Mundial de Inglaterra.

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Nobby Stiles, George Best y Sir Bobby Charlton, los pilares de la reconstrucción del Manchester United.

Nobby Stiles, George Best y Sir Bobby Charlton, los pilares de la reconstrucción del Manchester United.

Busby tenía una deuda con sus Babes que, diez años atrás, habían muerto mientras buscaban la gloria continental. Por eso, no descansaría hasta obtenerla y, en la temporada 1967-1968 de la Copa de Europa, el United superó por primera vez la barrera de las semifinales. Y lo hizo con un agregado especial, ya que los Red Devils eliminarían al mismísimo Real Madrid.

Derrotaron al Merengue por 2 a 1 en Old Trafford y, en el Santiago Bernabéu, alcanzaron la final en un modo épico: al término del primer tiempo, perdían por 3 a 1 pero, con los goles en el complemento de David Sadler y Bill Foulkes –sobreviviente del desastre de Munich– igualaron 3 a 3 y avanzaron al cotejo definitorio con un global de 5 a 4.

La final se disputó el miércoles 29 de mayo de 1968 en el estadio de Wembley, donde el Manchester United fue por el título ante el Benfica de Portugal. El cotejo finalizó 1 a 1, con goles de Charlton –capitán de los ingleses– y Graça, y hubo que ir al alargue para consagrar al campeón.

El United fue muy superior, y con los tantos de George Best, Brian Kidd y otro de Charlton, aplastaron por 4 a 1 a los portugueses y, por primera vez en su historia, los Red Devils eran los reyes de Europa, y el primer equipo inglés en lograrlo. El entrenador Matt Busby, el defensor Bill Foulkes, y el capitán Bobby Charlton, eran los únicos sobrevivientes de la tragedia de Munich que permanecían en el equipo.

Al año siguiente, Matt Busby dejó su cargo en el club tras 24 años, lapso en el que el United se alzó con cinco títulos de la Liga, dos Copas FA y la citada Copa de Europa de 1968. El inolvidable DT murió el 20 de enero de 1994, a los 84 años. Una estatua en su honor fue erigida en el exterior de Old Trafford y, una calle cercana al estadio, también lleva su nombre.

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En el exterior del estadio de Old Trafford y, sobre la East Stand, un reloj perpetúa la fecha y hora de la tragedia –ocurrida el jueves 6 de febrero de 1958, a las 15.04– en la que murieron ocho de los Busby Babes, junto con dos entrenadores y el secretario del club. Todos los años, el club realiza homenajes en sus memorias.

En el exterior del estadio de Old Trafford y, sobre la East Stand, un reloj perpetúa la fecha y hora de la tragedia –ocurrida el jueves 6 de febrero de 1958, a las 15.04– en la que murieron ocho de los Busby Babes, junto con dos entrenadores y el secretario del club. Todos los años, el club realiza homenajes en sus memorias.

Diez años después de su hora más oscura, la brillante luz del Manchester United iluminó a todo un continente. La conquista de 1968 fue la resurrección por la que trabajaron muy duro y, por eso, se aseguraron un lugar en la Historia. Y no solo eso: se había cristalizado el sueño de los ocho Babes fallecidos en Munich que, desde el cielo, festejaron también.