A lo largo de la riquísima historia del fútbol de nuestra ciudad, muchos jugadores vistieron las camisetas de Colón y de Unión, ya sea en torneos del ascenso, o en Primera División. Y es más: tras jugar en uno de los dos equipos, ya como entrenadores cambiaron de vereda y obtuvieron logros inolvidables como, por ejemplo, los casos de Humberto Zuccarelli y Carlos Alberto Trullet quienes, tras vestir la Rojinegra, alcanzaron sendos ascensos con la Rojiblanca en 1989 y 1996, respectivamente,
Pero hubo un jugador que, dos años seguidos, subió a la A con ambos colores. A la fecha, no hay otro caso de que –consecutivamente– alguien lo hiciera con uno y, 365 días después, con el otro.
Y esto, precisamente, es lo que logró Luis Ángel Tremonti –fallecido el pasado jueves 1 de diciembre, a los 84 años– ya que, en 1965 ascendió a Primera División con Colón y, en 1966, alcanzó la máxima categoría de nuestro fútbol con Unión.
Su debut en Primera
Luis Ángel Tremonti nació en Olivos, Gran Buenos Aires, el 2 de junio de 1938. De imponente contextura física (medía 1,86 metro) se incorporó a Independiente y debutó en Primera División el 8 de mayo de 1960, en la 5ª fecha del certamen, cuando el Rojo venció por 2-1 a Huracán en Parque de los Patricios.
Este fue el único partido que Tremonti jugó para el elenco de Avellaneda (el arquero titular era Osvaldo Toriani), que se consagró campeón con 41 puntos, y cuyo plantel integró también en 1961. Entre 1962 y 1963 defendió la valla de All Boys, de la Primera B, en diez ocasiones y, en 1964, custodió el arco de Sarmiento de Junín, de la misma categoría, en 19 oportunidades.
Haciendo historia en Santa Fe
En 1965, Tremonti se sumó a Colón, donde sería el titular indiscutido, disputaría 40 de los 44 partidos del certamen de la Primera B (uno de los más largos en el historial de esta división del ascenso) y, además, lograría llegar a la A cuando, el martes 14 de diciembre de ese año, venció por 1-0 a Atlanta, en la cancha de Deportivo Español, con gol de Alfredo Obberti a los 38’ del segundo tiempo.
Con este triunfo frente al Bohemio, el Sabalero se aseguró el ascenso a la Primera División y, cuatro días más tarde, el sábado 18, le ganó a Nueva Chicago por 2-1, en Santa Fe, con los tantos de Orlando Medina Leites y Obberti. De esta manera, el equipo dirigido por el uruguayo José Pepe Etchegoyen gritó campeón con 62 puntos y, el segundo ascenso, fue para Quilmes, que acumuló 59 unidades.
De yapa, el elenco del barrio Centenario se convirtió en el primer equipo de la ciudad de Santa Fe en jugar en la máxima categoría.
Tremonti ya había grabado su nombre en la historia del fútbol santafesino y, en 1966, decidió dejar la entidad del barrio Centenario y mudarse a la de la avenida López y Planes donde, dirigido por otro uruguayo, Washington Etchamendi Sosa, repetiría el brillante logro alcanzado con Colón: ser campeón de la Primera B.
Con una primera rueda con el arco invicto como local, el Tatengue se alzó con título en la 39ª fecha, tres antes del final del torneo. El sábado 26 de noviembre de ese año, el Rojiblanco goleó en su cancha a Talleres de Remedios de Escalada por 3-0 (con dos goles de Orlando Ruiz y otro de Victorio Nicolás Cocco) y, por primera vez, ascendió a la Primera División. El equipo del Pulpa Etchamendi sumó 58 puntos, y subió acompañado por Deportivo Español.
Tremonti lo había hecho de nuevo: en dos años seguidos, obtuvo dos ascensos a la máxima categoría, con dos equipos distintos y, de yapa, clásicos rivales. Pasaron 56 años y, esta conquista, aún no fue igualada.
Jugó el primer clásico en la A
Además de haber ascendido a Primera con los dos equipos más importantes de la capital provincial –y, valga reiterarlo, consecutivamente–, Tremonti seguiría haciendo historia en nuestra ciudad. En la temporada 1967 del fútbol argentino, se disputaron dos torneos: el Metropolitano (con los equipos directamente afiliados a la AFA) y el Nacional (este último, con la participación de combinados del interior del país).
En el primero –donde Estudiantes de La Plata se consagraría campeón de la mano de Osvaldo Zubeldía–, los elencos, que jugaban todos contra todos en dos ruedas, fueron agrupados en dos zonas de 11 conjuntos cada una, y en el que había un interzonal por fecha, que eran los clásicos.
Colón integraba la zona A y, Unión, la B. Así, el 30 de abril de 1967 y, por la 9ª fecha, se disputó el primer derby santafesino de la historia en la máxima división. Ese domingo y, con el arbitraje de Guillermo Nimo –quien, años después de su retiro, se volcaría al periodismo deportivo, tanto radial como televisivo–, Tatengues y Sabaleros igualaron 0-0 en el estadio de Unión.
En el arco de los Rojiblancos estuvo Tremonti quien, de este modo, enfrentó al Rojinegro del barrio Centenario con el que había ascendido a fines de 1965, y cuya valla ocupó el capitalino Néstor Martín Errea.
Y no solo eso: por la 20ª fecha del mismo certamen, Tremonti fue el arquero de Unión en el primer clásico en la A donde se marcaron goles (el segundo en el historial de los jugados en la máxima categoría, y que también fue dirigido por Guillermo Nimo), cuando el domingo 16 de julio de 1967 y, en el Cementerio de los Elefantes, igualaron 1-1.
Los visitantes abrieron el marcador a través de Mario Nogara (PT 35’), mientras que el Sabalero (en cuyo arco estuvo José Luis Burtovoy –La Polaca–, suplente de Tremonti en el ascenso de Colón de 1965 y que, en 1974, subiría a Primera con Unión) lo empató con el tanto de Carlos Alberto Colman (ST 18’).
Su último clásico
Tremonti finalizó su vínculo con Unión (en total, completó 63 partidos en el Tatengue) y, en 1968, emigró a Colombia y se sumó al América de Cali, aunque no jugaría ningún encuentro. Al año siguiente regresó al país y se incorporó a Deportivo Morón (solo disputó cinco cotejos) y, en 1970, volvió a Santa Fe, ahora para defender nuevamente el arco de Colón.
Su segunda etapa en el Sabalero no fue lo buena que hubiera deseado. Fue titular en 14 partidos (comenzó el 22 de marzo, en la victoria por 3-2 ante River, en el estadio Brigadier López) pero, en el clásico del 14 de junio de ese año, por la 15ª fecha del Metropolitano, disputado en la cancha del Rojinegro, su actuación estuvo lejos de su mejor nivel.
A los 9’ de la etapa inicial, César Toyé marcó el 1-0 para Unión con un disparo por elevación que superó a Tremonti –que estaba adelantado– y, luego de otras flojas respuestas en su valla (aunque el 2-0 del visitante llegó por un penal ejecutado por Héctor Scotta a los 42’ de la misma etapa), el técnico local, Jim Lópes, decidió reemplazarlo por Jorge Alberto Drago en el entretiempo.
Este fue su último encuentro en el que comenzó como titular en el Sabalero (y en nuestra ciudad), donde ahora enfrentó al elenco con el que había ascendido en 1966, y que terminó imponiéndose por 3-1. A los 4’ del complemento, José Luis Motura había descontado para el local pero, a cuatro minutos del final, Roberto Juan Martínez anotó el último tanto del Rojiblanco.
El adiós a Santa Fe, y su retiro
Los siguientes seis años de su carrera, Tremonti se radicaría en Asunción del Paraguay, donde integraría los planteles de Guaraní entre 1971 y 1973, y los de River Plate entre 1974 y 1976. Al igual que su otra experiencia en el exterior, no disputó partido alguno.
Regresó definitivamente a la Argentina y, a sus últimos 25 cotejos, los jugó para San Telmo, en la Primera B, entre 1977 y 1978, temporada en la que anunció su retiro. En el total de su trayectoria profesional, disputó 177 encuentros.
Su hijo Daniel Luis (nacido en la Capital Federal el 3 de enero de 1967) seguiría sus pasos y, en la temporada 1987-1988 de la Primera D, jugando para Barracas Central, entre la 25ª y 37ª fecha (del 7 de noviembre de 1987 al 20 de febrero de 1988) estableció el récord del arco invicto en el fútbol de ascenso, contabilizando un total de 1113 minutos sin recibir goles. Incluso, integró el plantel de Colón en la temporada 1989-1990 de la B Nacional, en la que solo disputó un partido.
Desde hacía varios años, Luis Ángel Tremonti se había radicado en España, donde murió el pasado jueves 1 de diciembre y, su paso por esta ciudad, será imborrable tanto para Sabaleros como para Tatengues.
Descanse en paz, don Luis. El fútbol de Santa Fe jamás lo olvidará.
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