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Liverpool no lució pero derrotó a Tottenham y se quedó con la orejona

Con un gol de penal de Mohamed Salah y otro en el complemento de Divock Origi, Liverpool se quedó con la Champions League en Madrid. Es la sexta para los Reds en su historia.

La primera incidencia en el juego fue nada más y nada menos que un penal. Una mano dentro del área propia de Moussa Sissoko, del Tottenham, hizo que Damir Skomina marcara el penal para el Liverpool. Quien se hizo cargo de la ejecución fue el egipcio, figura de los Reds, Mohamed Salah. El zurdo remató fuerte hacia donde se arrojó Hugo Lloris pero lo venció de todas formas y puso a su equipo por encima en esta final en el Wanda Metropolitano de Madrid.

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La ventaja prematura hizo que los Reds demostraran cierto relajo. Tottenham, si bien no apabulló, intentó con pelotazos a los costados poner en riesgo la victoria parcial de Liverpool. Con un Heung Min-Son enchufado pero falto de eficacia, con un desaparecido Harry Kane que volvió de una lesión y un Dele Alli que no incidió en el juego, a los Spurs de Mauricio Pochettino les costaba reponerse del sorpresivo mazazo inicial.

En cambio, Liverpool tenía en Sadio Mané y Andrew Robertson, el tándem izquierdo, a sus principales amenazas para la defensa rival. Las intervenciones del lateral escocés Robertson eran productivas y abrían la defensa del Tottenham. Mientras, en la mitad de la cancha, Jordan Henderson y Fabinho se mostraban sólidos y marcaban el ritmo del partido.

La primera parte no tuvo muchas más emociones más allá del gol tempranero. Ambos equipos, con diferentes necesidades, no lograban finalizar con eficacia las jugadas que ensayaban. Lejos del nivel habitual de lo que suelen mostrar en la Premier League, los equipos se mostraron precavidos, cautos, lejos de querer tomar riesgos que sentencien el partido.

Segundo tiempo:

Para los segundos 45 minutos, los equipos mantuvieron la misma filosofía. Timoratos e intentando asegurar cada pase, el juego no ganó en intensidad y ritmo en ningún momento. Jürgen Klopp decidió hacer que su equipo ceda la tenencia de la pelota para salir de contra con un Mané que comandaba cada ataque de su equipo con mucho criterio.

Con el correr de los minutos, Tottenham se hizo protagonista absoluto del juego y la ventaja del Liverpool peligraba. Pochettino decidió poner en cancha a los jugadores que lo llevaron hasta la final, Lucas Moura y Fernando Llorente. Los Spurs se estaban llevando por delante a los Reds y Klopp acumulaba tensión.

En los minutos finales fue cuando la ventaja del Liverpool corrió más peligro. Los de Klopp no reaccionaban, no tuvieron buen juego en todo el partido y la “orejona” parecía cambiar de mano.

Pero en Liverpool iba a aparecer uno de los héroes del equipo en esta Champions, Divock Origi. El delantero belga que le anotó un doblete en la remontada al Barcelona por 4-0, fue el autor del 2-0 ante los Spurs y sentenció cualquier aspiración del conjunto londinense para ganar, por primera vez en su historia, la Champions League. Con el tanto, los fanáticos del Liverpool le aportaron su habitual fervor y el clima en el Wanda Metropolitano se hizo un “infierno”.

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Con esta victoria, Liverpool logró cortar una racha negativa de  tres finales perdidas a nivel internacional (una Europa League y dos de Champions), la última en la edición pasada ante el Real Madrid. Los Reds levantan en Madrid la que es su sexta “Orejona”, la última fue en la épica final de Estambul, ante el Milan. Jürgen Klopp rompe también con su “maleficio” y logra levantar la copa después de dos intentos fallidos, una vez como entrenador del Borussia Dortmund cuando perdió ante el Bayern Munich, la otra, ya dirigiendo a los Reds ante los Merengues.

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