lunes 26 de octubre de 2020
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Lavallén recordó a Colón: "Desde lo institucional estábamos como en un velorio"

El ex entrenador del Sabalero prendió el ventilador y dio su versión sobre cómo fue la experiencia de dirigir al primer equipo. Habló de un club con "mucha desidia" y que los vestuarios eran como los de una cancha de Fútbol 5.

El paso de Pablo Lavallén por Colón será recordado por haber sido el DT que estaba al frente del plantel finalista de la Copa Sudamericana 2019. Más allá de que ese hito representa un mérito enorme por haber sido la primera final internacional en la que participó el Sabalero, el entrenador nunca pudo llegar a los corazones de los hinchas que ni inmersos en el éxtasis que representaba jugar la final se sintieron representados con su filosofía futbolística y sus decisiones dentro del campo.

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Lavallén no volvió a dirigir desde que se fue de Santa Fe allá por diciembre del año pasado, pero en cada reportaje al que es sometido se encarga de rememorar su paso por el Rojinegro y no en los mejores términos.

En esta ocasión, en una entrevista con Página 12, el ex entrenador de Colón, Belgrano de Córdoba, Atlético Tucumán, entre otros liquidó sin titubear las épocas que lo ubicaban dirigiendo a uno de los grandes clubes de la capital provincial. "Llegamos a un club en el que se decía que había mucha desidia", comenzó el entrenador.

Y detalló: "Los mismos jugadores lo decían. La primera charla que tuve con el plantel fue para comprometerlos con la competición, pero en el medio como contraparte el jugador te decía 'bueno, pero ahora cuando vayas a hablar en la utilería y te digan que no hay ropa o que la ropa no la lavaron y la tenés que usar sucia…'"

Para profundizar en ese sentido, Lavallén relató una vivencia que incluye a una da de las figuras del Sabalero en el 2019: Luis "Pulga" Rodríguez. En concreto, el DT dijo que el delantero "tuvo que hablar con la cervecería Santa Fe (N.) para que vinieran a hacer los vestuarios nuevos y le pusieran los casilleros a cada uno de los jugadores. Había un banco largo como en una canchita de fútbol 5. Y frente a eso teníamos dos caminos: o nos amoldamos a la estructura del club o salíamos a hacer lo que hicimos: luchar contra eso para conseguir cosas. Fue un doble laburo que nos terminó desgastando. Desde lo deportivo fue lindo pero desde lo institucional estábamos como en un velorio por el estrés que significaba convivir y luchar permanentemente contra gente que supuestamente estaba de tu lado", disparó.

También recordó a la gente, esa que hasta el día de hoy le provoca "piel de gallina" por una experiencia que nunca vivió, como lo fue el marco de público que colmó La Nueva Olla de Asunción con 40.000 almas rojinegras.

"Lo de Paraguay nunca lo vi, sentir lo que sentí cuando entramos a la cancha fue maravilloso y era para sacarse el sombrero. Al día de hoy lo sigo viendo y se me pone la piel de gallina. Ahora, si vos vas y preguntas en Santa Fe qué pasa con nosotros, pienso que todavía somos resistidos. A una gran parte de la gente, la que se hacía escuchar por la prensa, nunca le pudimos entrar como cuerpo técnico. Eso me deja un sabor agridulce. Es como que no terminan valorando lo que llegó a alcanzar el equipo. En mis redes sociales todavía me siguen insultando porque perdimos la final, pero nadie se da cuenta que nosotros agarramos un equipo con problemas de descenso y que por primera vez en 115 años lo pusimos en una final. Y también por primera vez lo hicimos llegar a cuartos de final en una Copa Argentina, cuando antes nunca habían pasado la primera fase", dijo.

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A pesar de todo esto, Lavallén valoró la experiencia de dirigir a Colón: “Para nosotros como cuerpo técnico la experiencia fue excelente. Los nueve meses que trabajamos en el club pudimos competir al máximo nivel en tres torneos: el local, Copa Sudamericana y Copa Argentina. El tema es que enfrentamos ciertas dificultades que tiene un club como Colón. Para jugar un partido contra Zulia en Venezuela teníamos que ir a Ezeiza primero, que ahí tenes seis horas de micro, y después el avión. Y para volver era lo mismo. Son doce horas más de traslado a diferencia de un equipo de la capital y eso te achica el tiempo de recuperación. En nueves meses jugamos 36 partidos, un partido cada cuatro días. No tuvimos el tiempo que nos hubiese gustado para trabajar con los entrenamientos de adquisición de conceptos”, concluyó.