La maravilla que no entró en la lista: el día que Messi nos recordó el verdadero significado del asombro
A sus 39 años, Messi entró ante Jordania para sellar el pase a dieciseisavos y revivir el dilema de Jordan: la eterna fortuna de verlo jugar por primera vez.
A sus 39 años, Messi sigue saliendo a la cancha como si fuera la primera vez
Existe una frase que los fanáticos del básquet suelen atribuirle a Michael Jordan: "Cada vez que juego miro hacia las gradas y veo a un adulto llevando a un niño a un partido. Tal vez sea la única vez en su vida en la que puedan verme jugar". Ver jugar a Leo Messi tiene algo —o todo— de eso.
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A sus 39 años, sigue saliendo a la cancha como si fuera la primera vez. Aunque no lo confiese, sabe que en las tribunas hay quienes, maravillados, lo descubren por primera vez; así como también existen aquellos que nunca pudieron ni podrán hacerlo, por una simple y caprichosa decisión del destino, de Dios, o de quien sea que maneje esos hilos. En ese escenario, Argentina venció 3 a 1 a Jordania y superó sin sobresaltos la primera fase del Mundial de 2026.
Leo Messi y las primeras veces: una maravilla
Malacostumbrados a su genialidad, muchos buscan siempre una excusa para intentar explicar lo inexplicable. "Se lo comió el arquero", fue el argumento recurrente tras el tercer gol argentino: un tiro libre excelso que Messi ejecutó apenas unos minutos después de ingresar desde un banco de suplentes que, ciertamente, no está muy habituado a tenerlo allí sentado.
Es un capricho muy nuestro, muy argentino, esto de querer racionalizar lo milagroso. ¿Será que detrás de ese impulso se esconde la ansiedad o la incertidumbre de no saber qué pasará después? Científicamente, al menos en el fútbol, predecir el futuro es imposible.
Las maravillas, simplemente, no se explican. ¿O acaso quienes conocen las ruinas de Petra, justamente allí en Jordania, pueden explicar racionalmente por qué son tan imponentes? No, no pueden. Son hermosas y ya.
De hecho, la palabra maravilla proviene del latín vulgar mirabilia, que significa "cosas admirables, sorprendentes o extraordinarias". El término es la forma neutra plural del adjetivo mirabilis (aquello que se puede admirar), derivado a su vez del verbo mirari: asombrarse.
Cosas admirables, sorprendentes, extraordinarias. Algo de eso —o todo— nos ocurre a quienes todavía lo vemos jugar a él. Es la belleza indescifrable de lo que no se puede diseccionar: no se explica el amor, no se explica la pasión, no se explican tantas cosas.
En 2007, más de cien millones de personas participaron en la votación global organizada por la empresa New Open World Corporation para elegir las Nuevas Siete Maravillas del Mundo. Los resultados se anunciaron el 7 de julio de aquel año y ninguna de las elegidas fue argentina. Para esa fecha, paradójicamente, faltaba apenas una semana para que Messi perdiera su primera final con la Selección.
El tiempo pasó, pero la fascinación humana ante lo extraordinario sigue. Chichén Itzá en México, el Coliseo de Roma, el Cristo Redentor en Brasil, la Gran Muralla China, Machu Picchu en Perú, el Taj Mahal en India y la propia Petra en Jordania continúan despertando el mismo asombro.
Como Messi. Porque en algún rincón del planeta siempre existirán ganas de vivir esa fascinación ante lo extraordinario. Las ganas de los que ya lo vimos, de los que no pudieron, y de los que aún guardan la profunda esperanza de ver, por primera vez, una maravilla.





