El 17 de agosto de 2008, el estadounidense Michael Phelps inscribió su nombre no solo en la historia del Olimpismo sino, también, en la del deporte mundial. Ese domingo, en el Centro Acuático Nacional de Beijing –al que todos llamaban Cubo de Agua–, cristalizó el gran objetivo que perseguía desde su primera participación olímpica: superar el récord de siete medallas de oro conquistadas en los Juegos de Munich 1972 por su compatriota Mark Spitz.
Con la victoria en los 4x100 metros combinados, el oriundo de Baltimore se alzó con su octava presea dorada, en otras tantas pruebas –con siete récords mundiales incluidos– y, finalmente, batió una marca que pareció inalcanzable durante 36 años.
En los Juegos de Atenas 2004, había ganado seis oros y dos bronces y, en el Mundial de Natación de Melbourne 2007, se llevó siete preseas doradas. Hasta que, al año siguiente, en Beijing, asombró a todos al convertirse en el atleta olímpico que más oros obtuvo en una sola edición de los Juegos.
¡Ah! Y la cosecha de medallas de este extraterrestre, continuaría en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016, para convertirse –al momento de su retiro, con 31 años– en el deportista olímpico más ganador de todos los tiempos, con un total de 28 preseas: ¡23 de oro!, tres de plata y dos de bronce.
Un superdotado
Michael Fred Phelps II nació y creció en el vecindario Rodgers Forge en Towson, al norte de la ciudad de Baltimore, Maryland, el 30 de junio de 1985. Es el hijo menor de Michael Fred Phelps, un policía, y Deborah (Debbie) Sue Davisson, una maestra de secundaria, y, sus hermanas mayores, son Hilary (nacida en 1978) y Whitney (1980).
Cuando tenía seis años, le diagnosticaron un cuadro de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y, para canalizar la inagotable energía que poseía –que, entre otros aspectos, le impedía mantenerse concentrado durante sus clases–, comenzó a nadar en el North Baltimore Aquatic Club. Allí fue donde el entrenador Bow Bowman, quien lo acompañaría durante toda su carrera, lo detectó y estimó que el pequeño Michael era un diamante en bruto. No se equivocó en absoluto y, tras años de muy duro trabajo, lo llevaría a convertirse en el indiscutido rey de la natación mundial.
¿Y cómo este fuera de serie llegó a la cima? Además de sus extraordinarias condiciones físicas, aplicó otra fórmula para el éxito: “En natación, cuando te perdés un día de entrenamiento, tardás dos días en recuperar el punto en el que estabas. Durante años, nunca me perdí un solo día. Me hizo mejor que los atletas que se tomaron un domingo libre. Como deportistas, esta idea nos tiene que llevar a ser conscientes de cuán duro es mejorar unas milésimas”, recordaría.
Así, con solo 15 años, disputó sus primeros Juegos Olímpicos: los de Sidney 2000 donde, si bien no logró ninguna medalla, fue finalista en los 200 metros mariposa, donde arribó quinto.
El 30 de marzo de 2001, con 15 años y nueve meses y, en los torneos clasificatorios para el Mundial de Fukuoka, Japón, se convirtió en el nadador más joven en poseer un récord del mundo, al batir la plusmarca de los 200 metros mariposa. Y no solo eso: meses después y, en el certamen japonés, quebró su propio registro y se consagró campeón mundial.
Comienza la cosecha de medallas olímpicas
Cuatro años después de su primera participación olímpica, Phelps había evolucionado enormemente como nadador –los distintos récords mundiales que fue acumulando así lo ratificaban–, por lo que las expectativas sobre sus resultados en los Juegos de Atenas 2004 eran altas. Y no defraudó: Michael se alzó con seis oros y dos bronces.
Su obsesión era igualar (y superar, de ser posible) el récord de siete oros logrado por su compatriota Mark Spitz en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, todos con récords mundiales incluidos. Así fue como, en el Mundial de Natación de Melbourne 2007, por fin logró igualar al californiano, al conquistar siete oros en un mismo torneo, cinco de ellos con nuevo récord mundial y, otro, con la plusmarca del certamen.
Y, al año siguiente, tendría la oportunidad de cristalizar su sueño: se avecinaban los Juegos Olimpicos de Beijing, donde iría decididamente por las ocho preseas doradas.
El dueño del récord que Phelps quería batir
Lo que Mark Andrew Spitz –nacido en Modesto, California, el 10 de febrero de 1950– logró en Munich 1972 fue tan impresionante que, para siempre, le permitió ser considerado como uno de los más grandes deportistas olímpicos de la historia: ganó siete oros sobre siete pruebas disputadas y, en todas, marcando el récord mundial. Sí, para él fueron los Juegos perfectos pero, aunque solo tenía 22 años, muy pocas semanas después decidió retirarse de la natación.
A estas siete preseas hay que sumarles otras dos de oro, una de plata y otra de bronce, obtenidos cuatro años antes, en los Juegos de México 1968. En total, en su carrera logró 11 medallas olímpicas.
Sus logros en Munich parecían de otro planeta. Pero, más de tres décadas y media después, un torpedo humano de 1,93 metro, 85 kilos y una envergadura de ¡2,08 metros!, manos y pies grandes (que le facilitaban el nado,) y un torso muy largo con piernas cortas, que reducían la resistencia y ayudaban a la propulsión, asombraría al mundo, tal como Spitz lo había hecho en 1972.
Hizo Historia en la capital china
Phelps llegó a Beijing rodeado de una gran expectativa. Sin dudas, fue el fenómeno de aquellos Juegos Olímpicos, y el deportista del que todo el mundo hablaba. Pero, si quería superar a Mark Spitz, no podía fallar ni una sola vez en las ocho finales que disputaría.
La natación es un deporte extremadamente sacrificado, que no permite un día de descanso ni un gramo de mala alimentación. Entre Sidney 2000 y Beijing 2008, Phelps completó más de 5000 sesiones de entrenamiento: nadó casi 30.000 kilómetros, cuando la circunferencia de la Tierra en el Ecuador es de 40.000, e ingiriendo ¡12.000! calorías por día.
Spitz había ganado sus siete oros en Munich en los 100 y 200 metros libres, 100 y 200 metros mariposa y los tres relevos. Para ello tuvo que disputar 11 carreras, entre series clasificatorias y finales. Por su parte, Phelps lo mejoraría: 200 metros libre, 100 y 200 metros mariposa, 200 y 400 metros combinados y los tres relevos, para un total de 18 pruebas.
En la séptima final, que tuvo lugar el sábado 16 de agosto, Phelps disputó los 100 metros mariposa, una de sus especialidades, donde superó por apenas 1/100 al serbio Milorad Cavic, y fue la única carrera donde no estableció el récord mundial, aunque sí el olímpico. La diferencia fue tan ajustada que, el balcánico, reclamó el resultado. Por ello, la FINA se vio obligada a revisar el video mediante fotogramas tomados 1/10.000 segundos y, finalmente, declaró ganador al estadounidense.
Como la empresa Omega, responsable de cronometrar todas las pruebas de los Juegos, también era sponsor de Phelps, muchos dudaron del resultado pero, la polémica, se zanjó cuando Cavic aceptó públicamente el mismo. El oriundo de Baltimore ganó con un tiempo de 50”58/100 y, el del serbio, fue de 50”59/100.
Hasta que, cuando el equipo de los Estados Unidos logró al día siguiente la victoria en los 4x100 metros combinados, Michael Phelps se convirtió en el primer atleta de la Historia en ganar ocho medallas de oro en unos mismos Juegos Olímpicos y, por fin, superó el récord que compatriota Mark Spitz había establecido 36 años atrás.
Con 23 años, ya era leyenda y, además, el monarca absoluto de la natación mundial.
Tras la fantástica actuación de Beijing, la empresa de indumentaria para natación Speedo –otro de sus sponsors– lo premió con un bonus de un millón de dólares, que Phelps utilizó para crear la fundación que lleva su nombre, dedicada al el desarrollo de la natación y promoviendo estilos de vida saludables.
Londres 2012 y Río de Janeiro 2016
En Londres 2012, Phelps se convirtió en el nadador estadounidense con más apariciones en unos Juegos Olímpicos, ya que fue la cuarta vez que tomó parte de los mismos, donde continuó escribiendo una historia que, muy difícilmente, sea siquiera igualada.
Por caso, con sus victorias en los 200 metros combinados y en los 100 metros mariposa, se convirtió en el primer nadador que ganaba el mismo evento en tres Juegos Olímpicos consecutivos. Y, además, con un total de cuatro oros y dos platas, en la capital británica se convirtió en el nadador más exitoso por terceros Juegos consecutivos.
Aunque anunció su retiro, habría más. En 2014 reveló que volvería a la natación de alto rendimiento para competir en los Juegos de Río de Janeiro 2016 y, en su quinta y última participación olímpica, fue el abanderado de la delegación estadounidense.
En la Cidade maravilhosa se convirtió en el primer nadador en disputar cinco finales olímpicas consecutivas de la misma carrera (los 200 metros mariposa); en el campeón olímpico de más edad(31 años), y en el primer nadador en ganar medallas de oro con 12 años de diferencia. En total, en Brasil ganó cinco oros y una plata.
Fue el fin de sus presencias en los Juegos Olímpicos, donde debutó con 15 años, y se retiró (esta vez, definitivamente), con 31.
Su impresionante legado
Michael Phelps es el nadador más laureado de la historia, incluyendo Juegos Olímpicos, Mundiales y Pan-Pacíficos. En total suma 83 medallas: 66 oros, 14 platas y tres bronces y a todas, excepto un oro, las obtuvo en piscinas de 50 metros.
También estableció 39 récords mundiales (29 de ellos individuales, y todos, excepto dos, son en piscina olímpica), que es más que cualquier otro nadador FINA de la historia, y solo es superado por los 67 del rumano-estadounidense Johnny Weissmüller como nadador amateur.
Los expertos opinan que la clave del éxito de Phelps en la natación se debió a la depuración de su técnica de patada (patada de delfín), que le permitía ejecutar un número elevado de movimientos de sus piernas antes de emerger a la superficie y realizar la primera brazada. Asimismo, la alta eficacia de sus brazadas y su impresionante resistencia física, completaban el tridente de fortalezas del estadounidense.
Considerado como el mejor nadador de todos los tiempos, su increíble fortaleza mental y sólido carácter le permitieron convertirse en el sinónimo de la natación. Y en la actualidad, con 36 años, disfrutando de su retiro, casado y con tres hijos, reveló para las nuevas generaciones cómo encaró cada desafío deportivo: “Odio perder, pero nunca tuve miedo de hacerlo. Por eso, nunca te rindas ante algo que realmente querés. Si tenés un sueño de verdad, podés hacer todo lo posible para que se haga realidad. Mi trayectoria no siempre fue fácil ni divertida. Pero era algo que realmente deseaba y no había nadie que pudiera impedirme alcanzar mis objetivos. Si hay un niño que sueña con 50 medallas olímpicas, si hay alguien que sueña con las estrellas, puede lograrlo", concluyó.
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