martes 17 de mayo de 2022
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Fórmula 1: Francois Cevert, el galán de ojos azules cuya muerte predijo una vidente

Para muchos, el talentoso y veloz piloto francés tenía destino de campeón mundial de la Fórmula 1. Por su pinta, también podría haber sido un exitoso actor de cine, que hasta tuvo un romance con Brigitte Bardot. Falleció en un accidente en 1973, a los 29 años, tal como una vidente le vaticinó a una de sus novias, al asegurarle que no cumpliría los 30.

El sábado 6 de octubre de 1973, fue una soleada y agradable jornada otoñal en el circuito de Watkins Glen, ubicado en el estado de Nueva York. Faltaban seis minutos para terminar la segunda sesión de entrenamientos para el GP de los Estados Unidos, la 15ª y última fecha de la temporada de la Fórmula 1, que se disputaría al día siguiente y, por ello, quedaban pocos autos en la pista.

Pero hubo un piloto que, como había marcado el cuarto tiempo en los ensayos, intentó cronometrar una última vuelta rápida para tratar de mejorar su registro y, además, probar una nueva configuración de sus alerones.

Aceleró a fondo su Tyrrel 006-Cosworth Nº 6, giró a la derecha en la primera curva (llamada The 90, porque es un ángulo recto) y, cuando se encontraba entre la segunda y la tercera –en un muy veloz lugar del trazado conocido como The Esses, que es un zigzag en subida, y precede el ingreso a la recta más larga del circuito, la Back Straight–, su auto se desacomodó de cola, ya que entró al sector excedido de velocidad.

Cuando el piloto corrigió la trayectoria, la máquina salió hacia la derecha (del otro lado de la curva), golpeó las protecciones de ese sector y salió disparado nuevamente hacia la izquierda, donde impactó a unos 240 km/h contra el guardarail que, como no estaba firmemente asegurado, cedió, se deformó e incluso se rompió en la parte superior.

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A las 11.54 (hora local) y, en un muy veloz lugar del trazado conocido como The Esses, que es un zigzag en subida, su auto se desacomodó de cola, ya que entró al sector excedido de velocidad. Cuando Cevert corrigió la trayectoria, la máquina salió hacia la derecha (del otro lado de la curva), golpeó las protecciones de ese sector y salió disparado nuevamente hacia la izquierda, donde impactó a unos 240 km/h contra el guardarail.

A las 11.54 (hora local) y, en un muy veloz lugar del trazado conocido como The Esses, que es un zigzag en subida, su auto se desacomodó de cola, ya que entró al sector excedido de velocidad. Cuando Cevert corrigió la trayectoria, la máquina salió hacia la derecha (del otro lado de la curva), golpeó las protecciones de ese sector y salió disparado nuevamente hacia la izquierda, donde impactó a unos 240 km/h contra el guardarail.

En una fracción de segundo, el Tyrrell dio una vuelta de campana y continuó deslizándose sobre el guardarail a la altura del cockpit, por lo que el cuerpo del infortunado conductor fue seccionado –literalmente– en dos partes.

Eran las 11.54, hora local y, en estas trágicas circunstancias, la Fórmula 1 perdió al francés Francois Cevert, un veloz y talentoso piloto –y un verdadero galán, que con sus profundos ojos azules y su pinta, bien podría haber sido un exitoso actor de cine, que hasta fue novio de Brigitte Bardot, nada menos– y que, para muchos, tenía destino de campeón mundial.

Pero su estrella se apagó demasiado pronto, cuando solo tenía 29 años, tal como una vidente le había vaticinado a una de sus novias, cuando predijo que Francois no cumpliría los 30. Desafortunadamente, no se equivocó.

Su pasión era la velocidad

Albert-Francois Cevert Goldenberg nació en París el 25 de Febrero de 1944. Su padre, Charles Goldenberg, emigró de su Rusia natal siendo muy joven y se radicó en la Ciudad Luz, donde abrió una joyería. En 1938 conoció a Huguette Cevert y, aunque nunca se casaron, vivirían 45 años juntos. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se unió a la Resistencia y, como era judío, para proteger a sus tres hijos (Charles, Francois y Jacqueline), los anotó con el apellido de su mujer.

Francois se crió en un hogar donde no había problemas económicos, estudió piano durante 12 años pero, a los 16, ya participaba en carreras de motos con la Vespa de su madre. Como su padre no estaba para nada de acuerdo con la elección de su hijo, lo echó de la casa, por lo que Francois tuvo distintos trabajos para poder seguir corriendo.

Igual, su pasión por la velocidad se incrementaba cada vez más y, para esto, mucho tuvo que ver su cuñado, Jean-Pierre Beltoise, un piloto que llegaría a la Fórmula 1 y que se casaría con su hermana Jacqueline en 1968.

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Uno de los que más influencia tuvieron para que Cevert se dedicara al automovilismo, fue su cuñado, Jean-Pierre Beltoise (a la izquierda), que también corrió en el Fórmula 1, y que en 1968 se había casado con Jacqueline (entre ambos), la hermana menor de Francoise.

Uno de los que más influencia tuvieron para que Cevert se dedicara al automovilismo, fue su cuñado, Jean-Pierre Beltoise (a la izquierda), que también corrió en el Fórmula 1, y que en 1968 se había casado con Jacqueline (entre ambos), la hermana menor de Francoise.

Tras cumplir con sus 24 meses de servicio militar en Ravensburg, Alemania, Francois, que tenía 22 años, realizó y aprobó el curso en la Escuela de Pilotos ubicada en el circuito de Bugatti, en Le Mans. Luego pasó a la Escuela Winfield, en Magny-Cours. Por su parte, Beltoise lo convenció de que participara de la carrera en este trazado que ofrecía la beca Volant Shell y, además, competir en la Fórmula 3 Francesa con el equipo Alpine-Renault.

El talento de Francois hizo el resto: venció a la joven promesa del automovilismo francés Patrick Depailler –quien, años después, también correría en la Fórmula 1– y comenzó a escribir su historia –intensa, pero breve– sobre los monopostos.

Su novia Nanou y la vidente

Anne Van Malderen, una muy atractiva rubia parisina, se había casado en 1959. Ese mismo año, acompañó a su madre a consultar a una vidente, cuya técnica de adivinación consistía en mirar a su interlocutor o la foto de una persona durante varios minutos. “No creía en esas cosas hasta que la señora me miró a los ojos y me dijo: «necesito hablar con vos», recordaría Nanou (como la llamaban todos) en el libro Un contrato con la muerte, publicado en 1974. Y prosiguió: “Asustada, la seguí a otra habitación” y, la vidente, le reveló su futuro: “Tu matrimonio no durará. Encontrarás a un joven que dejará profundas huellas en tu vida. Estarás profundamente feliz... Puedo ver sus ojos azules, puedo ver el mar, se conocerán cerca del mar”, detalló.

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Con sus profundos ojos azules, enorme carisma, encanto, y su sonrisa perenne –y que bien podría haber sido un exitoso actor de cine en lugar de piloto–, Cevert aceleró el corazón de muchas mujeres, que solían acompañarlo en su box.

Con sus profundos ojos azules, enorme carisma, encanto, y su sonrisa perenne –y que bien podría haber sido un exitoso actor de cine en lugar de piloto–, Cevert aceleró el corazón de muchas mujeres, que solían acompañarlo en su box.

Y así fue: en el verano boreal de 1964, con 25 años, conoció en Saint Tropez a Francois, por entonces de 20, cuyos ojos azules, enorme carisma, encanto, y su sonrisa perenne, conquistaron su corazón.

El 29 de junio de 1966, Nanou –que ayudaba a Francois a pagar sus cursos en las Escuelas de Pilotos trabajando como diseñadora de modas– fue a ver a la vidente por segunda vez. “Cuando llegué, le di una foto suya (de Cevert) y permaneció en silencio durante casi una hora. Y no dijo nada”, rememoró.

La mujer la reconoció: “Viniste antes acá ¡Ya lo encontraste! Qué extraño, su imagen está toda mezclada en una extraña máquina, tiene ruedas, pero no un cuerpo, ¿qué podría ser?”, le preguntó.

—Es un auto de carreras. Quiere ser piloto —respondió Nanou.

—Hará una especie de prueba, y ganará fácilmente. Veo una carrera brillante por delante —indicó la vidente.

Y, tras un momento, agregó: “Serás muy feliz, pero no podrás abrazarlo, porque su éxito se entromete entre ustedes dos”. Después de otro silencio, más largo aún, reveló un dato escalofriante: “Tengo que decirte una última cosa: él no llegará a los 30”.

Pocos días más tarde, Nanou le contó este encuentro a Francois: “Fui a una vidente. Ella dijo que vas a ganar la Beca Shell. También dijo que tu carrera sería brillante, pero que eventualmente nos separará”.

Pero Cevert retrucó: “¿Separarnos? Esa vidente está loca. En cualquier caso, ese tipo de cosas no es más que una pequeña charla. Apuesto a que verás un futuro completamente diferente para nosotros”.

Ella no le dijo nada sobre la muerte que predijo la vidente y, dos meses más tarde, Francois fue a visitar a la mujer, y no le dijo quién era. Esta detalló la misma visión que le había manifestado a Nanou.

—No verás el comienzo de tus 30 años —volvió a predecir.

—No importa. Seré campeón mundial antes que eso —replicó Cevert.

Tal como adelantó la vidente, Francois ganó la Beca Volant Shell y, en 1967, comenzó a correr en el equipo Alpine-Renault de la F3 Francesa. En 1968 se consagró campeón de la categoría con un Tecno-Ford (y superando a Jean-Pierre Jabouille quien, en 1979, lograría el primer triunfo de Renault y de un motor turbo en la Fórmula 1) y, en 1969, saltó a la Fórmula 2 Europea con el apoyo de Tecno Works. Su crecimiento era incesante: en su debut, logró un cuarto puesto en Thruxton, Inglaterra, al igual que en el harto peligroso Nürburgring, Alemania; ganó en el veloz trazado de Tulln-Langenlebarn, Austria (armado en un aeródromo próximo a Viena), y arribó segundo en Pergusa, Italia.

Su tercer puesto final en el certamen –que conquistó su compatriota Georges-Francis Johnny Servoz-Gavin–, junto con su estilo veloz y decidido, hicieron que varios posaran sus ojos en él. Entre los más interesados estaba el escocés Jackie Stewart, el vigente campeón del mundo de la Fórmula 1 que, el año anterior, había logrado el título con un Matra MS80-Cosworth del equipo que conducía Ken Tyrrell.

Su llegada a la Fórmula 1

Al año siguiente, la escudería Tyrrell compitió inicialmente con los March 701-Cosworth y, luego de tres fechas del calendario, el destino le hizo un guiño a Cevert ante el inesperado retiro de Johnny Servoz-Gavin por una lesión en un ojo: Ken Tyrrell, decidió sumar a su equipo de Fórmula 1 a Francois, quien debutó en la máxima categoría del automovilismo mundial el 21 de junio de 1970 en el GP de Holanda, en Zandvoort. Tras largar 15º, abandonó en la 31ª vuelta por un problema en su motor.

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Francois Cevert debutó en la Fórmula 1 el 21 de junio de 1970 en el GP de Holanda, en Zandvoort. Tras largar 15º, abandonó en la 31ª vuelta por un problema en el motor de su March 701-Ford del equipo de Ken Tyrrell.

Francois Cevert debutó en la Fórmula 1 el 21 de junio de 1970 en el GP de Holanda, en Zandvoort. Tras largar 15º, abandonó en la 31ª vuelta por un problema en el motor de su March 701-Ford del equipo de Ken Tyrrell.

Su mejor resultado fue un sexto puesto en el GP de Italia, en Monza, pero Tyrrell lo ratificó en la escudería, porque quería a alguien que estuviera dispuesto a aprender de Stewart, lo que fue un enorme acierto: Jackie y Francois cultivaron una excelente relación maestro-alumno pocas veces vista, además de una muy estrecha amistad.

En febrero de 1971, Cevert fue invitado al Racing Car Show en París. Ahí conoció a Brigitte Bardot –una de las sex symbols más famosas de todos los tiempos, por entonces de 37 años–, con quien tuvo un apasionado romance, y que puso fin a su relación con Nanou, tal como había adelantado la vidente… No solo eso: terminada su relación con Bardot, su nuevo amor fue la princesa Christina de Caraman.

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En febrero de 1971, Cevert fue invitado al Racing Car Show en París. Ahí conoció a Brigitte Bardot –una de las sex symbols más famosas de todos los tiempos, por entonces de 37 años–, con quien tuvo un apasionado romance.

En febrero de 1971, Cevert fue invitado al Racing Car Show en París. Ahí conoció a Brigitte Bardot –una de las sex symbols más famosas de todos los tiempos, por entonces de 37 años–, con quien tuvo un apasionado romance.

Ese año, cuando Tyrrell presentó su propio chasis, el 002 (diseñado por Derek Gardner, con el que Stewart lograría su segundo título mundial), Francois comenzó a dar que hablar: logró dos segundos puestos (en Paul Ricard, Francia, y en Nürburgring, donde además estableció el récord de vuelta), y arribó tercero en Monza. Pero faltaba lo mejor: el 3 de octubre, en la última carrera del año, disputada en Watkins Glen, ganó el GP de los Estados Unidos que, a la postre, sería su única victoria en la F1.

Fue el segundo francés en cantar victoria en la categoría, detrás de Maurice Trintignant, quien se impuso en los GP de Mónaco en 1955 y 1958. Cevert finalizó tercero en el campeonato y, Tyrrell, se llevó la Copa de Constructores, la primera y única que obtendría el equipo británico.

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El 3 de octubre de 1971, en la última carrera de ese año, disputada en Watkins Glen, Francois ganó el GP de los Estados Unidos que, a la postre, sería su única victoria en la F1.  Fue el segundo francés en cantar victoria en la categoría, detrás de Maurice Trintignant, quien se impuso en los GP de Mónaco en 1955 y 1958.

El 3 de octubre de 1971, en la última carrera de ese año, disputada en Watkins Glen, Francois ganó el GP de los Estados Unidos que, a la postre, sería su única victoria en la F1. Fue el segundo francés en cantar victoria en la categoría, detrás de Maurice Trintignant, quien se impuso en los GP de Mónaco en 1955 y 1958.

En la temporada 1972, el gran rival para los pilotos de Tyrrell fue el brasileño Emerson Fittipaldi que, con su Lotus 72D-Cosworth, logró cinco victorias y otros tres podios, y se quedó con su primera corona. El escocés debió conformarse con el subcampeonato.

Pero, en 1973, Stewart fue por la revancha y, con el Tyrrell 006-Cosworth, se alzaría con su tercer y último cetro en la F1. Junto con Cevert, hicieron el 1-2 en Zolder (Bélgica), Zandvoort y Nürburgring y, Francois, sumó tres segundos puestos más (en Argentina, España y Francia).

Stewart se aseguró matemáticamente la corona en el GP de Italia y, las dos fechas finales del campeonato, se disputarían en Norteamérica: en Canadá y los Estados Unidos. En la primera, que tuvo lugar el 23 de septiembre en Mosport Park, Cevert se despistó en la 32ª vuelta tras tocarse con el sudafricano Jody Scheckter (McLaren M23-Cosworth), y sufrió fuertes golpes en los tobillos.

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Francois con Ken Tyrrell, dueño del equipo con el que transitó toda su carrera en la Fórmula 1, y Jackie Stewart, con quien cultivó una excelente relación maestro-alumno pocas veces vista, además de una muy estrecha amistad. La foto es del festejo tras el 1-2 que lograron en el GP de Alemania de 1973, en Nürburgring, temporada en la que el escocés lograría su tercer título en la categoría.

Francois con Ken Tyrrell, dueño del equipo con el que transitó toda su carrera en la Fórmula 1, y Jackie Stewart, con quien cultivó una excelente relación maestro-alumno pocas veces vista, además de una muy estrecha amistad. La foto es del festejo tras el 1-2 que lograron en el GP de Alemania de 1973, en Nürburgring, temporada en la que el escocés lograría su tercer título en la categoría.

Cevert y Stewart, con sus respectivas parejas, se fueron a las Bahamas para descansar antes de la última prueba de la temporada. Aunque aún no lo había anunciado oficialmente, el escocés se retiraría de la Fórmula 1 tras la carrera de Watkins Glen, que sería su 100º GP en la categoría.

En ese paraíso, Cevert le dijo a su coequiper: “Jackie, Ferrari me hizo una oferta. Algún día tengo que seguir mi camino y, tu relación con Ken (Tyrrell) es tan buena, que quizás nunca pueda ganarte. Tengo que buscar otro equipo".

Stewart no quiso adelantarle que, tras su retiro, el francés sería el piloto número 1 de Tyrrell, con la posibilidad cierta de ir por la corona el año siguiente. "Esperá al final de la temporada, Francois, no seas impaciente. Sos demasiado bueno para que Ferrari no espere otros diez días", le respondió.

Y así llegaron a Watkins Glen. Tras la primera tanda de ensayos, Stewart se ubicó tercero, seguido por Francois y, el sábado 6 de octubre, dos años y tres días después de que el francés ganara en este circuito su única carrera en la Fórmula 1, la tragedia dio el presente en la segunda sesión de entrenamientos…

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Una de las últimas fotos de Cevert al mando  de su Tyrrell 0006-Cosworth en Watkins Glen 1973, donde había logrado el cuarto tiempo en la primea tanda de ensayos. En la segunda sesión y, cuando solo restaban seis minutos para que finalizara la misma, intentó cronometrar una última vuelta rápida para tratar de mejorar su registro y, además, probar  una nueva configuración de sus alerones.

Una de las últimas fotos de Cevert al mando de su Tyrrell 0006-Cosworth en Watkins Glen 1973, donde había logrado el cuarto tiempo en la primea tanda de ensayos. En la segunda sesión y, cuando solo restaban seis minutos para que finalizara la misma, intentó cronometrar una última vuelta rápida para tratar de mejorar su registro y, además, probar una nueva configuración de sus alerones.

Su final y el nuevo acierto de la vidente

Nunca se sabrá con absoluta certeza cuál, o cuáles, fueron las causas del terrible accidente que le costó la vida a Cevert. “Vi a los comisarios con una doble bandera amarilla, señal de que teníamos que parar; comencé a mirar, y había escombros por toda la pista, parecía un accidente de avión, pero los pedazos tenían el tamaño suficiente eran como para ver que eran azules. Llegué al lugar del accidente y me quedé paralizado por el horror, me di cuenta de que no podía hacer nada... El Tyrrell estaba atrapado entre los restos del guradarail, con la trompa hacia abajo y el cockpit frente a mí. Había humo y vapor por todas partes, un reguero de aceite… Y allí, todavía atrapado por el cinturón de seguridad, estaba mi compañero, mi protegido, mi amigo, mi hermano pequeño… Francois estaba muerto”, recordaría Stewart entre lágrimas, al describir la espantosa escena donde yacía quien tomaría su posta a partir del año próximo, e iría decididamente por el título.

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“Vi a los comisarios con una doble bandera amarilla, señal de que teníamos que parar; comencé a mirar, y había escombros por toda la pista, parecía un accidente de avión, pero los pedazos tenían el tamaño suficiente eran como para ver que eran azules. Llegué al lugar del accidente y me quedé paralizado por el horror, me di cuenta de que no podía hacer nada...”, recordaría Jackie Stewart, su coequiper.

“Vi a los comisarios con una doble bandera amarilla, señal de que teníamos que parar; comencé a mirar, y había escombros por toda la pista, parecía un accidente de avión, pero los pedazos tenían el tamaño suficiente eran como para ver que eran azules. Llegué al lugar del accidente y me quedé paralizado por el horror, me di cuenta de que no podía hacer nada...”, recordaría Jackie Stewart, su coequiper.

Stewart renunció a correr al día siguiente y, por ello, Tyrrell también retiró el tercer auto del equipo, que era conducido por el neozelandés Chris Amon. En cambio, Beltoise, el cuñado de Cevert y, en honor a su memoria, decidió participar con su BRM P160D V12 Nº 20, y arribó noveno. Además, él fue quien llevó de regreso a Francia todos los efectos personales del infortunado Francois. En total, Cevert corrió 46 GP en la Fórmula 1, ganó uno, logró dos récords de vuelta y subió 13 veces al podio.

El jueves 11 de octubre, una multitud asistió a la iglesia de St. Pierre de Neuilly, donde se realizó el funeral de Cevert y, la ceremonia, contó con la presencia de Ken Tyrrell, el tricampeón Jackie Stewart, el británico Graham Hill (monarca de la F1 en 1962 y 1968), Emerson Fittipaldi (que se coronó en 1972, y repetiría en 1974), el neozelandés Denis Hulme (campeón en 1967) y Jody Scheckter (que lograría el título en 1979). Sus restos fueron sepultados en el cementerio Vaudelnay, en el departamento de Maine-et-Loire.

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Tras el durísimo impacto y, en una fracción de segundo, el Tyrrell dio una vuelta de campana y continuó deslizándose sobre el guardarail a la altura del cockpit, por lo que el cuerpo del infortunado Francois fue seccionado –literalmente– en dos partes. Otros pilotos se detuvieron para prestar ayuda (como Jody Scheckter), pero ya era en vano.

Tras el durísimo impacto y, en una fracción de segundo, el Tyrrell dio una vuelta de campana y continuó deslizándose sobre el guardarail a la altura del cockpit, por lo que el cuerpo del infortunado Francois fue seccionado –literalmente– en dos partes. Otros pilotos se detuvieron para prestar ayuda (como Jody Scheckter), pero ya era en vano.

Como le dijo la vidente, Cevert no llegó a ver el comienzo de sus 30 años: cuando perdió la vida, tenía 29 años, siete meses y 11 días…

Francois fue un príncipe que pudo ser rey, el mejor piloto de Francia de su época, del que se esperaba que fuera el primer campeón mundial del país. Pintón, seductor por naturaleza, y con un encanto especial, aceleró el corazón de muchas mujeres y dejó un recuerdo imborrable en todos los que lo conocieron

“Era uno de los mejores amigos que tuve, y uno de los hombres más amables que conocí. Era uno de la familia”, señaló Jackie Stewart. “Era una persona tan extravagante y natural…”, acotó el mexicano Joaquín Jo Ramírez, su mecánico. “Francois era un hombre del que era difícil no sentirse cerca. Estaba lleno de vida, amado por las mujeres. Parecía más una estrella de cine o un rico playboy que un piloto, pero era realmente un piloto muy bueno, y con muchos talentos", lo describió.

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En total, Cevert disputó 46 GP en la Fórmula 1, de los que ganó uno, logró dos récords de vuelta y subió 13 veces al podio. Tal como predijo la vidente, Francois no llegó a ver el comienzo de sus 30 años: cuando perdió la vida, tenía 29 años, siete meses y 11 días.

En total, Cevert disputó 46 GP en la Fórmula 1, de los que ganó uno, logró dos récords de vuelta y subió 13 veces al podio. Tal como predijo la vidente, Francois no llegó a ver el comienzo de sus 30 años: cuando perdió la vida, tenía 29 años, siete meses y 11 días.

El año después del accidente, Nanou Van Malderen contó por primera vez la historia de la vidente en el libro Un contrato con la muerte y, en 2012, la hermana de Francois, Jacqueline, corroboró estos dichos en una entrevista con el diario The Sun. “Es una historia real. A Nanou le gustaba mucho ver a un médium”, resaltó.

“Mi madre quería ver a esta mujer”, prosiguió. “Tomó una foto de Francois cuando tenía 12 años, en el que no podías reconocerlo, se la dio a la vidente –que tampoco la conocía a ella– y le pidió: «Hablame de él». La mujer puso su mano sobre la foto, cerró los ojos y le dijo: «Veo muchos éxitos, muchas cosas grandes, será fantástico, él es reconocido por todo el país». Ella no dijo que él era un piloto de carreras, sino que tendría una gran carrera”, completó Jacqueline

Pero, lo más increíble, llegó al final del encuentro. “Entonces, la vidente dejó de hablar. Abrió los ojos. Parecía tan sorprendida y tan asustada… Miró a mi madre y, sin dudar, le dijo: «Está muerto…»”. Otra vez había acertado.