Entre tantas, en 2017, junto con checo Martin Šonka, voló bajo los puentes de Varsovia, casi al nivel del agua del río Vístula y, dos años más tarde, aterrizó en el famoso muelle de madera de Sopot, ubicado en la bahía de Gdask, al sureste del mar Báltico, que mide 511,5 metros y es el más largo de su tipo en Europa.
Pero esta vez, Luke Czepiela maniobró con extrema precisión su CubCrafters Carbon Cub UL y, en su tercer intento, aterrizó –literalmente, “estacionó”– esta pequeña aeronave en el helipuerto del icónico hotel Burj Al-Arab Jumeirah, en Dubai, convirtiéndose así en el primer piloto de la historia en hacerlo.
Y lo logró en una “pista” de apenas 26,75 metros (88 pies) de extensión, a una altura de 211 metros (695 pies), al lado de un edificio, y con abruptas caídas al final del lugar donde realizó esta arriesgada e inédita maniobra.
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Czepiela hizo dos intentos de aterrizaje: en el primero, apenas rozó la plataforma con la rueda izquierda (foto), mientras que en el otro su aproximación fue demasiada alta. Lógicamente, abortó ambas maniobras y lo intentó por tercera vez, cuando finalmente tuvo éxito.
Por caso, el imponente Airbus A380-800, la aeronave comercial más grande del mundo, mide 72,73 metros de largo, casi tres veces más que el espacio del que disponía Czepiela para posar el CubCrafters Carbon Cub UL en el helipuerto.
La compañía Red Bull –¿cuál otra podía ser?–, que financió el intento, considera que lo logrado por el piloto polaco es algo absolutamente único, ya que aterrizó en “la pista más corta del mundo” y, visto en perspectiva, lo hecho por Czepiela así lo demostró.
La del aeropuerto Juancho E. Yrausquin, ubicada en la isla de Saba, en el caribe holandés, es la pista comercial más corta, con una extensión de 396 metros y, en los extremos de cada cabecera, acechan profundos acantilados, por lo que un avión podría terminar en el océano si no realiza un despegue o un aterrizaje exitoso.
Exceptuando los aeródromos donde operan vuelos comerciales, la extensión de la de césped de Simko Field, en Idaho, Estados Unidos, es de solo 121,6 x 6 metros. Czepiela debió aterrizar en un espacio casi cuatro veces y medio más corto…
Los aviones STOL
Incluso desde antes de la aparición de los aviones a reacción, en la década de 1940, los ingenieros aeronáuticos buscaron diseñar una aeronave que prácticamente despegara y aterrizara como un helicóptero pero que volara con las características de un avión.
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"El mayor desafío fue la falta de puntos de referencia externos, que normalmente se encuentran en un aeropuerto con cientos de metros de pista", recordó Czepiela. “Tuve que confiar en mi práctica y mis instintos. Cuando mis últimas referencias desaparecieron, solo quería detenerme antes de quedarme sin espacio", resaltó.
Estos tipos de aeronaves se denominan STOL (Short Take-Off and Landing, o Despegue y aterrizaje corto) y V/STOL (Vertical/Short Take-Off and Landing, o Despegue y aterrizaje corto vertical) y, el diseño y fabricación de las mismas, fue y es difícil.
A la fecha, se probaron más de 40 aviones STOL o V/STOL, pero solo cinco alcanzaron la fase de producción: el Harrier británico (y sus distintos modelos); dos soviéticos (los de transporte y cargueros An-72 y An-74, y el caza naval Yakovlev Yak-38), y dos estadounidenses (el Bell-Boeing V-22 Osprey, y el caza polivalente F-35B Lightning II).
La mayor dificultad para lograr que un avión aterrice y despegue como un helicóptero es que las alas convencionales proporcionan una buena cantidad de sustentación para una cantidad relativamente baja de empuje hacia adelante.
Para que un avión despegue con poco o ningún movimiento hacia adelante requiere que el empuje del motor, y no la elevación del ala, soporte una parte significativa del peso del avión, o todo. Esto normalmente requiere motores grandes, mucho combustible y controles de vuelo complicados, todo lo cual pesa más.
Otro problema es que estos aviones suelen ser difíciles de controlar por el piloto durante la transición del vuelo horizontal al vuelo vertical y viceversa, lo que se mejoró con la ayuda de sistemas computarizados.
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Como el diámetro del helipuerto del Burj Al-Arab es de apenas 26,75 metros (88 pies), hubo que realizar una serie de modificaciones al avión, especialmente con el peso: debieron reducirlo de 598,7 kilos (1320 libras) a 424,5 kilos (936 libras), es decir, 174,2 kilos (384 libras) menos.
A lo largo de las últimas décadas, se lograron rendimientos STOL con aviones de alas largas (que producen mayor sustentación), reducción del peso de las aeronaves, y motores de gran potencia.
Tal es así que, en la actualidad, las competencias STOL se convirtieron en un fenómeno muy atractivo, donde distintos pilotos exhiben sus destrezas tratando de despegar o aterrizar en el menor espacio posible.
En mayo de 2018, el piloto canadiense Dan Reynolds marcó un nuevo récord al aterrizar su Birdman Chinook (fabricado por él mismo) en solo ¡2,88 metros! (9,5 pies) en un certamen organizado en Valdez, Alaska.
Igual, lo realizado por Luke Czepiela en Dubai fue (y es) extraordinario. Por ende, puede exhibir con orgullo que su aterrizaje en un helipuerto es único.
La aeronave utilizada para este logro
Czepiela necesitó solo 20,6 metros (68 pies) de los 26,75 (88) disponibles para detenerse. La aeronave que empleó para este logro único fue un CubCrafters Carbon Cub UL, que es una variante del Piper J-3 Cub –que voló por primera vez en 1938–, cuyo diseño le permite tener un buen control a baja velocidad y un rendimiento excepcional en pistas cortas.
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Czepiela necesitó solo 20,6 metros (68 pies) de los 26,75 metros (88 pies) disponibles para detener su CubCrafters Carbon Cub UL. A las 6.58 (hora local) del martes 14 de marzo de 2023, y a una velocidad de 25,2 nudos (46,67 km/h, o 29 mph), hizo historia.
Por eso, el CubCrafters Carbon Cub UL (que mide 7,08 metros, o 23,3 pies, de largo, y cuya envergadura –la distancia desde la punta de un ala a la otra– es de 10,41 metros, o 34,25 pies) tiene características casi perfectas para un desafío como este. La aeronave se puede configurar para que su carrera de despegue sea de apenas 18,24 metros (60 pies) y, su aterrizaje, en 33,45 metros (110 pies).
Como el diámetro del helipuerto del Burj Al-Arab es de apenas 26,75 metros (88 pies), hubo que realizar una serie de modificaciones al avión, especialmente con el peso: debieron reducirlo de 598,7 kilos (1320 libras) a 424,5 kilos (936 libras), es decir, 174,2 kilos (384 libras) menos.
Embed - Red Bull pilot successfully lands plane on Dubai’s Burj Al-Arab helipad
El reconocido ingeniero aeronáutico y fabricante de aviones estadounidense, Mike Patey, modificó el avión de Czepiela junto con el equipo de especialistas de la compañía CubCrafters, fundada en 1980 por Jim Richmond.
Además de reducir el peso a 424,5 kilos, ubicaron el tanque de combustible principal en la parte trasera de la aeronave para permitir un frenado más firme y agresivo. Por otra parte, se quitó el compartimiento de equipaje, se instalaron un asiento para el piloto y una batería de menor peso, se modificaron los cinturones de seguridad, la tela engomada que cubría el fuselaje fue reemplazada por una más liviana, y se agregaron ruedas de 29 pulgadas.
Asimismo agregaron óxido nitroso al combustible a fin de mejorar la potencia para el desafío posterior: despegar desde el helipuerto y, esto, incrementó la potencia del motor hasta 230 HP.
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Para el desafío de posarse en el helipuerto del hotel Burj Al-Arab Jumeirah (que se encuentra a 211 metros de altura, sobre el piso 56), Czepiela realizó 650 aterrizajes durante intensas sesiones de práctica –que insumieron dos años–, en un círculo pintado en una pista a nivel del suelo (y hasta en simuladores), en Estados Unidos, Polonia y Dubai.
“En el período previo, nuestro mayor desafío fue reducir el peso", recordó Patey. “Cualquier masa en movimiento quiere seguir rodando y, si no pudiéramos detenerla, Luke (Czepiela) habría caído por el otro lado del edificio. Pero, también, un avión más liviano significa que el viento lo mueve más y tenés menos control. En este entorno, con un edificio alto al lado del helipuerto, distintas corrientes de aire pasan por encima y alrededor del mismo. Así que queríamos un buen viento en contra para ayudar al aterrizaje, pero no demasiado. Este fue un desafío verdaderamente único”, explicó.
La potencia del CubCrafters Carbon Cub UL está dada por un motor Titan CC340 de cuatro cilindros, de 5570 cm³, y que eroga 180 HP merced a una hélice compuesta.
La velocidad crucero de este avión es de 177 km/h (110 mph) y, la capacidad de combustible, es de 94,6 litros (25 galones estadounidenses), con una autonomía de 3,2 horas.
Para el intento de aterrizar en el helipuerto, Czepiela cargó en su avión 83,2 litros (22 galones), de los cuales 56,7 litros (15 galones) fueron para dirigir la aeronave hacia el rascacielos y, los 26,5 litros restantes (7 galones), se utilizaron para los tres intentos de aterrizaje, del cual el último fue exitoso.
Un muy experimentado piloto
Lukasz (Luke) Czepiela nació en Rzeszów, Polonia, el 8 de junio de 1983. Cuando tenía 6 años, acompañó a su padre a un espectáculo aéreo y, a partir de ese momento, la pasión por volar dio el presente en su vida.
Ya adolescente, iba todos los días en bicicleta al aeropuerto para limpiar aviones y, a cambio de ayudar a sacar las aeronaves del hangar, los pilotos lo llevaban a volar. Muy pronto, obtuvo su licencia de piloto de planeador.
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El ingeniero aeronáutico Mike Patey, quien modificó el avión para este desafío, elogió a Czepiela. “Construimos el avión adecuado para este proyecto, pero era crucial encontrar al piloto adecuado para volarlo. Solo hay un par de pilotos en este planeta en los que confiaría para intentar esta hazaña, y Luke era la persona ideal para el trabajo”.
Luego se mudó al Reino Unido y trabajó duro para pagarse el curso de piloto de avión. Una vez obtenida esta licencia, fue por más, y se perfeccionó en acrobacias aéreas. El líder del equipo Honda Dream Team accedió a ayudarlo con el entrenamiento y, en 2004, Czepiela se convirtió en su sucesor y comenzó a competir.
En 2010 se sumó al equipo acrobático de Red Bull –además, voló con la escuadra polaca elazny en diferentes espectáculos aéreos–; en 2013 debutó en el campeonato Mundial y, al año siguiente, hizo lo propio en la Challenger Cup.
En 2016 sumó cuatro podios (incluida su primera victoria, que logró en una carrera en el Indianapolis Motor Speedway de Indiana, Estados Unidos) y, en 2017, alcanzó cinco podios y otro triunfo.
Al año siguiente, obtuvo su primera victoria en la Clase Challenger en Budapest, Hungría, seguida por otra en Fort Worth, Texas, y se alzó con la Red Bull Air Race Challenger Cup de esa temporada.
A la fecha, el polaco suma más de 12.000 horas de vuelo y, como piloto comercial (ya que también posee la licencia de Transporte de Línea Aérea, o TLA), Czepiela es comandante de Airbus A320 en la low cost húngara Wizz Air.
Cuando hizo historia
Para el desafío de posarse en el helipuerto del hotel Burj Al-Arab Jumeirah (que se encuentra a 211 metros de altura, sobre el piso 56), el piloto polaco realizó 650 aterrizajes durante intensas sesiones de práctica –que insumieron dos años de duro trabajo–, en un círculo pintado en una pista normal, a nivel del suelo (e incluso en simuladores), en Estados Unidos, Polonia y Dubai.
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“Con muy poco viento no podría detenerme y, con demasiado, generaría turbulencias tan intensas que sacudirían el avión y me harían chocar contra el edificio", explicó Czepiela, quien logró aterrizar en un espacio casi tres veces más corto que un imponente Airbus A380-800, la aeronave comercial más grande del mundo, que mide 72,73 metros de largo.
El hotel de súper lujo (calificado con 7 estrellas, y con tarifas desde 1700 dólares la noche), fue construido en 1999, se sitúa en una isla artificial a 300 metros (984 pies) de la costa, en el Golfo Pérsico; se accede al mismo por un puente y, la altura total del edificio, es de 320,1 metros (1053 pies).
El helipuerto del Burj Al-Arab Jumeirah fue el escenario de otras acciones promocionales, como la del golfista estadounidense Tiger Woods quien, el 2 de marzo de 2004, dio el primer golpe del Dubai Desert Classic; la del 22 de febrero de 2005, cuando el suizo Roger Federer y el estadounidense Andre Agassi jugaron durante 20 minutos de cara al Dubai Tennis Championship, y la del 30 de octubre de 2013, cuando el escocés David Coulthard realizó siete donuts con un Fórmula 1 del equipo Red Bull, que festejó así la conquista de los campeonatos de Pilotos y Constructores de ese año.
"El mayor desafío fue la falta de puntos de referencia externos, que normalmente se encuentran en un aeropuerto con cientos de metros de pista", recordó Czepiela. "Normalmente, cuando me acerco a una pista, veo lo alto que estoy y puedo controlar fácilmente la trayectoria de aproximación. Pero en este caso el helipuerto desapareció sobre el morro del avión y, mi periferia, se redujo. Tuve que confiar en mi práctica y mis instintos. Cuando mis últimas referencias desaparecieron, solo quería detenerme antes de quedarme sin espacio", resaltó.
Czepiela hizo dos intentos de aterrizaje: en el primero, apenas rozó la plataforma con la rueda izquierda, mientras que en el otro su aproximación fue demasiada alta. Lógicamente, abortó ambas maniobras hasta que en la tercera, a las 6.58 (hora local) del martes 14 de marzo de 2023, y a una velocidad de 25,2 nudos (46,67 km/h, o 29 mph), hizo historia.
“Para ser honesto, no podría estar más feliz. Después de dos años de preparación, (en el) tercer intento, logramos colocar un avión en un helipuerto a 211 metros del suelo en el edificio más emblemático y hermoso del mundo, que es absolutamente fantástico”, destacó el polaco. “Después de otros desafíos que realicé, este era el siguiente paso para probar lo que se puede hacer con un avión", expresó.
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Lukasz (Luke) Czepiela nació en Rzeszów, Polonia, el 8 de junio de 1983. En 2010 se sumó al equipo acrobático de Red Bull y, a la fecha, suma más de 12.000 horas de vuelo. Como piloto comercial (ya que también posee la licencia de Transporte de Línea Aérea, o TLA), es comandante de Airbus A320 en la low cost húngara Wizz Air.
“Con muy poco viento no podría detenerme y, con demasiado, generaría turbulencias tan intensas que sacudirían el avión y me harían chocar contra el edificio", explicó Czepiela. "De hecho, volar implica un 90 % de espera y un 10 % de prisa y, este proyecto, no fue diferente", abundó.
Mike Patey, quien fue el primero que abrazó y felicitó al piloto, dijo: “Necesitábamos que aterrizara antes de una línea circular blanca, pero no antes del borde del edificio, y dijimos: «Si podemos tener nuestro aterrizaje perfecto, quiero decir el perfecto, quiero que pongas marcas negras entre las líneas. Dos marcas blancas, el anillo exterior del edificio y la línea blanca interior». (Czepiela) Tocó exactamente en el punto muerto”.
Y valga reiterarlo: el piloto polaco utilizó solo 20,6 metros (68 pies) de los 26,75 (88) disponibles para detenerse en una pequeña plataforma ubicada a 211 metros de altura.
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“Mi mayor pasión son las acrobacias aéreas. Volé bajo los puentes de Varsovia, que tenía un cinco sobre 10 en dificultad. También aterricé en el muelle de Sopot, el muelle de madera más largo de Europa, en 2019, donde calificaría como siete sobre 10. Pero el aterrizaje en el Burj Al-Arab fue diferente. Fue un 11 sobre 10”, dijo Czepiela.
Después de realizar donuts con su avión (cuya potencia se incrementó a 230 HP con el agregado de óxido nitroso al combustible), Czepiela despegó del helipuerto a las 8.17, cuando la velocidad del viento era de 10 nudos (18,5 km/h). “Lo mejor después del aterrizaje fue el despegue; lo pasé muy bien, lanzando el avión en picada desde el cielo y sumergiéndome casi al ras de la playa”, contó Czepiela.
“Construimos el avión adecuado para este proyecto, pero era crucial encontrar al piloto adecuado para volarlo. Solo hay un par de pilotos en este planeta en los que confiaría para intentar esta hazaña, y Luke era la persona ideal para el trabajo”, lo elogió Patey.
“Estoy agradecido a Dubai y a las personas y organizaciones que me ayudaron a lograr mi sueño. Es un honor formar parte de la impresionante historia del Burj Al-Arab”, indicó Czepiela.
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Czepiela despegó del helipuerto a las 8.17, cuando la velocidad del viento era de 10 nudos (18,5 km/h). “Lo mejor después del aterrizaje fue el despegue; lo pasé muy bien, lanzando el avión en picada desde el cielo y sumergiéndome casi al ras de la playa”, contó.
“Mi mayor pasión son las acrobacias aéreas. Volé bajo los puentes de Varsovia, que tenía un cinco sobre 10 en dificultad. También aterricé en el muelle de Sopot, el muelle de madera más largo de Europa, en 2019, donde calificaría como siete sobre 10. Pero el aterrizaje en el Burj Al-Arab fue diferente. Fue un 11 sobre 10”, concluyó el polaco que, con este asombroso aterrizaje, inscribió su nombre en los libros de Historia.