Redacción Aire Digital
Los Juegos Olímpicos ofrecen historias que pueden ser dignas de las mejores películas de ficción. Aquel acontecimiento deportivo que cada cuatro años obtiene todas las miradas del planeta, contienen relatos que emocionan y son ejemplo a seguir por miles de personas en el mundo entero.
A 59 años del cierre de los Juegos Olímpicos de Roma, la historia que reflejará para siempre esta cita, es la situación que se dió en el maratón, aquella disciplina cuyo origen se encuentra en el mito de la gesta del soldado griego Filípides, quien habría muerto de fatiga tras haber corrido 42 kilómetros y 195 metros desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa, en el año 490 a.C. En los Juegos Olímpicos modernos, impulsados por Pierre de Coubertin, esta disciplina se desempeña religiosamente desde la edición de Atenas 1896, y será el acontecimiento estelar de Tokio 2020, al disputarse en la última jornada de esta cita.
Abebe Bikila nació en Mout, Etiopía, el 7 de agosto de 1932. Logró la primera medalla de oro del continente africano en toda su historia, cuando ganó el maratón olímpico el 10 de septiembre de 1960. Bikila demostró que la gente de color podía plantarse cara a cara con los atletas europeos y occidentales. Su historia en el atletismo comenzó más bien de casualidad, cuando conformaba la Guardia Imperial de su país, viendo como los atletas etíopes desfilaban en la previa de los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956.
Tras romper todos los récords de las Fuerzas Armadas de su país, aún no era conocido en el ambiente deportivo. De hecho, no iba a viajar a Roma, pero Wani Biratu -quien estaba designado para la cita- se lesionó el tobillo derecho jugando al fútbol, lo que le dio a Abebe su gran oportunidad.
El día de la maratón, se probó no menos de diez pares de zapatillas de “la marca de las tres tiras”,sin que ninguno le quedara a su medida. Entonces, sucedió lo inesperado: solicitó correr descalzo. Como en ese momento no había ninguna restricción para competir en esta condición, aceptaron sin ninguna contradicción.
De esta manera, el etíope recorrió en dos horas, quince minutos y dieciséis segundos -récord mundial- las colinas, caminos de ripio, asfalto y tierra; en lugares históricos como “Via Appia Antica”, “Lungotevere Della Vittoria”, “Piazza dei Campidoglio”, y la “Piazza de Porta Catena”, para desembocar en la meta, ubicada frente al Arco de Constantino.
Cuatro años después, Bikila retuvo el título en Tokio 1964 -ya con zapatillas hechas a su medida, debido al cambio de reglamento- luego de haber tenido apendicitis un mes y medio antes. Rompió su propio récord en dos horas, doce minutos y once segundos, siendo el primer atleta en revalidar el título de maratón, algo que solo ha podido conseguir hasta el momento el atleta de fondo alemán Waldemar Cierpinski (Montreal 1976 y Moscú 1980). En los Juegos de México 1968, la altura junto a problemas en su rodilla, impidieron el triplete del atleta.
La victoria en Tokio significó que el gobierno de Etiopía le regale un auto marca Volkswagen, con el que se accidentó, provocando que quede parapléjico. “Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”, declaró Bikila, aceptando esta experiencia de vida como una fortaleza, luego de ser invitado a la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, bajo la atenta mirada de más de 70 mil personas.
Un año después, falleció debido a complicaciones que le dejó aquel terrible accidente. 60 mil personas despidieron en su funeral, a un atleta que marcó a generaciones enteras, siendo el preludio de excelentes atletas de fondo y medio fondo, provenientes del continente africano.
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