Por Julieta Morales
Derecha, izquierda, derecha, salto. Sebastián Fernández se repite bajito como mantra antes de salir disparado. Está en el Anfiteatro del sur de la ciudad: corre desde las escalinatas, atraviesa un caño verde despintado y con una agilidad propia de hombre araña se trepa por un muro. David Leiva lo mira desde lejos, mientras chequea la estabilidad de un piso de madera antes de hacer una pirueta. “La tercera es la que sale mejor”, le grita a su compañero. El parkour llegó desde Francia a Santa Fe para quedarse.

¿Qué es el parkour?
Sebastián Fernández tiene 23 años y David Leiva 24. Se conocieron en la escuela, en una escena de película de ciencia ficción: “Yo lo vi a él saltando desde el segundo piso del colegio, desde la cornisa de una ventana. Yo estaba saliendo del aula cuando vi a un chico que salta, cae, rueda en el piso y sigue caminando con total naturalidad. Y no le pasó absolutamente nada porque obviamente sabía hacerlo. Fui a buscarlo en el recreo y le dije: yo quiero hacer eso”, se acuerda Leiva.

¿De qué se trata? Sebastián Fernández lo explica con claridad: “Es una disciplina, un método de entrenamiento. Consiste en desplazarse de un punto A a un punto B de la forma más eficaz posible, gastando la menor cantidad de energía posible y conservando la estética –es por eso que también es considerado un arte. En el trayecto hay obstáculos que te impiden llegar: paredes, vallas, vacíos”.
Son movimientos fluidos en donde las acrobacias cobran protagonismo: cada persona establece sus propios límites y metas. Se intenta una superación personal a partir de un avance progresivo en la técnica que se elija.
De Francia a Santa Fe, con escala
Todo comenzó a finales de los 80 a las afueras de París: dos jóvenes Sebastián Foucar y David Belle transformaron un entrenamiento de adiestramiento durante la guerra de Vietnam en una actividad recreativa. Decidieron utilizar la ciudad como terreno de juego para sus competiciones.
Así se comenzaron a denominar traceurs/traceuses (trazadores, en francés) ya que deben trazar una línea recta mientras demuestran sus habilidades. Con el tiempo, la película Yamakasi de Luc Besson popularizaría estas hazañas alrededor del mundo.
Con los años se fueron sumando figuras como el griego Dimitris Kyrsanidis, uno de los máximos referentes a nivel internacional. El año pasado estuvo en nuestro país grabando una publicidad de una bebida energizante. El corto se llamó “Running late”: el joven deportista vivió el máximo del parkour haciendo el recorrido desde el Monumental hasta la Bombonera para ver el Superclásico.
“Los locos que saltan techos”
David Leiva se sube a los caños que delimitan las escaleras del Anfiteatro y vuela en el aire: la mortal que hace se desdibuja con la caída del sol santafesino. “El parkour es superación: es una disciplina que genera miedo en las personas. Hay cosas que pueden ser arriesgadas, pero eso depende de cada uno porque el nivel de dificultad o de riesgo lo pone cada uno. Saber qué vas a hacer, si estás seguro de lo que vas a hacer”, agrega mientras se limpia el sudor de la cara.
Para Fernández, “es una puesta en valor de habilidades que desde chicos venimos trayendo. Pero en un momento, la educación que nos dan es decirnos bajate de ahí que te vas a caer. Y es mucho miedo que te inculcan otras personas”.

Los dos jóvenes explican que existen aún muchos prejuicios en tornos a la disciplina. “Los locos que saltan en los techos” les llaman. Corridas por parte de la policía o reclamos de vecinos son una postal corriente cuando ocupan los espacios públicos de la ciudad. Incluso desconocimiento por parte de padres y madres: “en mi casa saben qué hago pero ni con quién ni cómo entreno. En 10 años vi muy pocos padres: acompañan al traerte o llevarte, pero nunca se han quedado a mirar salvo con los más chiquitos”.
En Santa Fe, el primer grupo se organizó hace unos 10 años. Ahora, ellos son de los más grandes que aún lo practican. Han recorrido muchas provincias y conocido infinidad de compañeros/as, que describen como familia.
“El parkour es libertad: yo cuando estoy desplazándome siento que soy libre”, dice Sebastián.
Las pibas del parkour
“Si bien nos podemos sentir cómodas entrenando con otros chicos, para las pibas siempre es un momento complicado el de empezar a entrenar”, cuenta Florencia Katz –practicante de la disciplina en Rosario y una de las chicas de Argentina que participó en el 1° Tour Latinoamericano de Parkour de Mujeres. En nuestra ciudad, ya casi no hay traceuses.
Florencia Katz explica que conocía el parkour desde el 2012 pero recién en el 2015 un pensamiento crítico la invadió: “pensaba que no podía hacerlo pero nunca me cuestioné eso… si la realidad era que ni siquiera lo había intentado. Cuando arranqué éramos solo dos chicas y era un ambiente exclusivamente de hombres. En 2015 y 2016 llegamos a tener hasta 10 chicas entrenando, que es muchísimo para lo que es la disciplina”.
Decidieron organizarse y hasta crearon una página de Facebook para reunirse todas “El entrenamiento femenino en su momento fue cuestionado porque siempre salía alguien a decirnos que excluíamos a los hombres. Y nuestra idea no es esa, sino poder visibilizar a las mujeres que entrenan. O cuando nos están enseñando, pensar qué sentimos al ser la única chica en un grupo de 20 pibes, por ejemplo”, agrega Florencia Katz.
Encuentro de parkour femenino en Belo Horizonte.
El Tour latinoamericano pasó por países como Colombia, Brasil, Chile y Argentina. La idea era visibilizarse como mujeres en movimiento. “Queríamos romper el paradigma de ser una mujer viajando sola, entre comillas. Sí, viajo sola y soy un ser activo con muchas potencialidades y capacidades. Me acuerdo del encuentro en Belo Horizonte: éramos 30 y yo nunca había visto tantas chicas concentradas en el mismo espacio. Ahí me di cuenta que no era un problema solo de nuestra provincia sino algo que nos atraviesa culturalmente a todos”, explica.
Florencia Katz –como tantas otras practicantes- desea que el parkour tenga una comunidad de mujeres que crezca en la misma proporción que la masculina. “A mí es la primera vez que una persona acude a mí para preguntarme sobre el parkour femenino. Siempre preguntan por el parkour en general y no se detienen a ver el factor de la lucha femenina”.
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