La Selección Argentina derrotó 1-0 a Brasil y se quedó con la Copa América. Con un golazo de Ángel Di María, la Albiceleste le puso fin a una racha de 28 años sin ganar títulos.
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Con dos líneas de cuatro, Argentina le planteó a Brasil un obstáculo muy grande de atravesar si quería llegar al área de Emiliano Martínez. Los primeros minutos del juego fueron de mucho estudio, tensión y nerviosismo. La Albiceleste no pasaba sobresaltos, pero tampoco generaba situaciones de gol.
El riesgo más grande que corría el seleccionado era cuando salía jugando del fondo. Por momentos se abusó del pase hacia Dibu Martínez y la Verdeamarela aprovechaba para apretar todavía más el cerrojo. En ataque, una corrida de Lionel Messi y Ángel Di María eran las principales opciones de ataque, pero chocaban casi siempre con una muralla amarilla.
La alternativa que encontró el seleccionado fue lanzar pelotas desde atrás de la mitad de la cancha para romper al espacio con la velocidad de Di María, Messi y la potencia de Lautaro Martínez. En uno de esos pelotazos, asistido por Rodrigo De Paul, el Fideo quedó mano a mano con Ederson y, como en los Juegos Olímpicos de 2008, definió por encima del arquero para adelantar a Argentina en el marcador.
La pelota de De Paul dejó totalmente fuera de lugar a la defensa brasileña que cuando se dio vuelta para alcanzar a Di María, el exjugador de Rosario Central ya estaba festejando. La Selección ganaba de forma merecida, más allá de que no lucía. Y no era un partido para buscar el lucimiento individual o colectivo.
El gol dejó grogui a Brasil que tardó unos minutos en reponerse. En ese tramo que Argentina fue superior, tuvo otra posibilidad de gol con Di María y luego con Messi, que encaró a toda la defensa canarinha y remató desde afuera del área, pero la pelota se fue desviada del palo derecho de Ederson.
Al no tener un nuevo definido de área, Brasil no le ofrecía referencia a la defensa argentina, pero tampoco tenía a un jugador que fije una marca para abrirle caminos a Neymar o Richarlison, por lo que el trabajo de los volantes y los centrales se veía beneficiado por esa ausencia de un atacante presionando constantemente a los defensores albicelestes. Pero todavía se seguía apostando por descargar con el arquero, algo que generó ciertas dudas por momentos.
El fuerte del seleccionado de Scaloni era la mitad de la cancha, donde Casemiro y Fred se tenían que repartir el trabajo de frenar a todos los argentinos que avanzaban, por lo que no llegaban a cumplir esa labor con creces, más allá de que desactivaron más de un ataque y contaban con la ayuda de los extremos que hacían el esfuerzo de marcar.
Sobre el final del primer tiempo, el seleccionado se replegó sobre su área, le cedió la pelota a Brasil y dejó transcurrir los minutos hasta que el árbitro -Esteban Ostojich- marcó el camino al descanso. Solo 45 minutos separaban a la Albiceleste de la gloria.
Segundo tiempo:
Para el complemento, Tité mandó a la cancha a Roberto Firmino, quien juega como centrodelantero para meterse entre los centrales argentinos y producir una presión más asfixiante sobre la última línea albiceleste.
Apretados por el resultado, la Verdeamarela se mostró más agresiva, intentó atacar de manera directa por el centro y tanto Paredes como Lo Celso fueron amonestados, por lo que Scaloni tenía que hacer una variante para no correr el riesgo de quedarse con un jugador menos. Ese jugador que iba a ingresar era Guido Rodríguez, en lugar del volante del París Saint-Germain.
Otra cuestión a resolver era cómo llegaba libre de marcas Richarlison por el sector izquierdo de la defensa argentina. El del Everton tuvo dos ocasiones que hicieron correr peligro el resultado parcial del encuentro. De no ser por un offside y por Dibu Martínez, Brasil hubiese empatado a través de un gol de la “Urraca”. El sector de Marcos Acuña estaba siendo vulnerado y el entrenador de la Selección también tenía que reforzar esta zona. Nicolás Tagliafico ingresaría para ocupar ese rol.
A falta de 20 minutos para el final del partido, Brasil asediaba el área argentina de todas las maneras posibles. Con incursiones personales de Neymar o Paquetá, con pelotazos, centros, la Verdeamarela apeló a todos los recursos, pero la defensa argentina aguantó con la solidez de Cristian Romero y Nicolás Otamendi. De todas formas, el partido no permitía relajarse ni un segundo, la figura de Neymar crecía minuto a minuto y el nivel de agresividad para marcar tenía que ser sostenido.
Faltando 10 minutos, Scaloni puso en cancha a un equipo con características defensivas para aguantar la ventaja que, por el momento, estaba siendo suficiente. Argentina la pasaba mal, el nerviosismo imperaba sobre el césped, pero la presión la tenía Brasil que se estaba quedando sin copa como local.
Y el local se iba a quedar sin copa, Argentina lograría terminar el partido por encima en el marcador y se consagró campeón después de 28 años. Messi, por fin, después de varios intentos, pudo conseguir el título que tanto esperaba con la camiseta que más ama, la blanca y celeste, la que nunca desistió de usar a pesar de no poder conseguir los objetivos deseados y las críticas desmedidas.
No es un título más, es una Copa América ganada en el mítico Maracaná, es la obtención del título número 15 para la Selección en este certamen y alcanza a Uruguay como los máximos ganadores de este trofeo, además era la primera final después del fallecimiento de Diego Maradona. Una copa especial, que marcará a fuego a generaciones. Argentina es campeón, suena y se siente bien.
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