Los dos llegan empardados con 37 unidades, a solo un punto del descenso a falta de este y 7 partidos más. Un dato significativo que condiciona y presiona más de la cuenta. Los dos están obligados a buscar la victoria, además Colón necesita volver a ganar un clásico santafesino y mucho más en el Brigadier López.
Después de esto viene todo lo demás, en un partido siempre sin pronóstico a pesar de que uno llegue mejor que el otro. Es un partido aparte, que sale del molde aunque luego los dos jueguen encorsetados, un macht hermoso que puede abrir el cielo o hacer arder en el infierno, es un “infierno encantador” como dice el Indio, deambula por todos los rincones ese “Pac-Man” que se devora la ansiedad y carcome los nervios de todos en esta ciudad tan futbolera.
A veces uno siente que nada que se pueda decir para desdramatizar puede surtir efecto porque un clásico en el fútbol argentino es así: el cielo o el purgatorio, alegría o tristeza, porque para el hincha perder el clásico es la peor de las derrotas. En fin, así somos y parece ser que así nos gusta.
El “candidato” de esta edición
En los antecedentes inmediatos Colón llega mejor, pero no es favorito, quizás llegue como candidato que no es lo mismo. En los clásicos no hay favoritos. El Sabalero dio vuelta un partido que amaneció muy complicado frente a Argentinos Jrs. y venía de perder un juego muy importante ante Instituto.
Con el plantel muy mejorado en cantidad y calidad, Colón enderezó el rumbo encontrando una manera de jugar que antes no tenía, pero mostrando cierta irregularidad que lo llevó a ganar todo de local (Gimnasia, Central, Arg. Jrs.) y perder cada vez que sale de su casa (Huracán e Instituto), salvo el debut en Avellaneda ante Independiente. De mitad de cancha para adelante produce con buenas intenciones y buen suceso, pero hacia atrás brinda espacios y ventajas que lo hacen vulnerable.
El Tate llega con dudas
Unión se empantanó en los empates y se pinchó en los últimos tres partidos. La derrota con Platense fue una consecuencia de esta improductividad que el equipo manifiesta con el agregado de una pérdida de intensidad como valor fundamental de su ADN y sin poder de fuego en los metros finales de la cancha. Jugar mal aun sin perder suele acumular desconfianza y duda, que deriva en una meseta difícil de transitar cuando se viene trastabillando.
Un plantel corto que sintió las ausencias: primero de Roldán post San Lorenzo y Calderón, preservado por estar al límite de amonestaciones junto a Dómina que necesitaba recuperarse del tobillo. El golpe de Vicente López, además de ser digerido, deberá ser un llamado a la reacción inmediata nada menos que en la casa del rival eterno. Para colmo de males se confirmó la baja por lesión de Sebastián Moyano, que con sus atajadas venía siendo la figura de Unión en las últimas dos salidas fuera del 15 de Abril.
El partido “lógico”
Pipo Gorosito, sin que nadie se lo pregunte bajó línea a propios y extraños tras la victoria ante el Bicho de La Paternal: “Nosotros tenemos que salir a jugar, meter al rival contra su arco”, envió como mensaje. El Kily González por su parte había asegurado “que su equipo estará a la altura” a pesar del tropezón ante Platense.
En los papeles previos todo indica que Colón saldrá a proponer con herramientas propias sin demasiada decodificación sobre el juego del adversario: con las proyecciones de Espínola, la iniciación de Álvarez en diálogo con Botta y Galván más la presencia de Battallini y Wanchope; y Unión, buscará neutralizar primero para intentar sorprender de contra atacando los espacios vía Zenón o Vera por las bandas, Roldán y Luna Diale en la gestión; Dómina y el Toro Morales en la zona de definición.
La historia golpea la puerta una vez más…
En el juego de las diferencias sale a la superficie el contraste entre un equipo con más experiencia como Colón frente al vigor y la juventud de Unión. Los 90 minutos darán el veredicto sobre qué es lo que puede pesar, sobre todo en un duelo siempre con “pronóstico reservado”.
Suele pasar que el que llega bien no encuentra el partido y el que llega golpeado se recupera. Todo puede suceder porque los clásicos son partidos diferentes y, además, los clásicos hay que saber jugarlos. Estos partidos tienen reglas que no están escritas, que se van generando como reflejos de esa trama que sucede en vivo y en directo, esa que se escribirá minuto a minuto desde el pitazo inicial.
Con semejante contexto y por consiguiente, con semejante presión uno se pregunta: ¿se puede esperar un gran partido de fútbol? Pues más allá del espectáculo estos partidos suelen definirse en los errores, pero también en aquellas decisiones valientes, individuales o colectivas, que son capaces de romper el “status quo” de un pleito que puede ser trascendente. En la rebeldía, la audacia, la épica y el coraje radica el sentido de búsqueda de los grandes logros. En el sueño y la ilusión, pero también en la templanza para manejar el pulso de un encuentro donde pareciera que se juega a “todo o nada” como si no hubiera mañana.
El que gane sentirá la miel más pura y el que pierda tragará el sabor más amargo, pero al otro día tendrá que estar listo para dar batalla, porque al fin y al cabo, siempre hay que seguir remando. Desde nuestro lugar de siempre como periodistas, seguiremos defendiendo a capa y espada este clásico que nos identifica y enorgullece, bregando porque más allá de que gane uno, gane el otro o empaten, sea en paz y disfrutando del deporte que nos apasiona.
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