El Club Atlético Unión empató 2-2 ante San Lorenzo en el Bajo Flores luego de 90 minutos en los que fue superior en el desarrollo del juego. El local fue más efectivo de cara al arco y los de Gustavo Munúa desperdiciaron varias ocasiones que le costaron caro.
La condición de visitante no le pesó a Unión que manejó la pelota y jugó en campo rival desde el inicio del partido. Sin ser sencilla la tarea de pisar el área de San Lorenzo, el Tate se animó a jugar como si fuese el dueño de casa.
La ausencia de un centrodelantero definido dificultaba la terminación de las jugadas para los de Gustavo Munúa. Si bien intentaban producir espacios con la movilidad de Mauro Luna Diale y Mariano Peralta Bauer, más las intervenciones de Bryan Castrillón por la banda, al Rojiblanco le faltó en muchas ocasiones ese jugador capaz de empujar la pelota a la red cuando la jugada lo pedía.
Era inexplicable cómo Unión no estaba por encima en el marcador cuando se cumplió la primera hora de juego. No solo por cantidad de aproximaciones al arco de Sebastián Torrico, sino por dominio, el Tate merecía estar ganando. Pero, en el fútbol no existe lógica. En su primera llegada en lo que iba del partido, Agustín Martegani desbordó a toda la defensa rojiblanco con un gran enganche y mandó un centro raso al medio que Ádam Bareiro empujó a gol para que el local pase a ganarlo cuando nadie lo esperaba.
El tanto del paraguayo incentivó al visitante para buscar el empate cuanto antes. A través de Castrillón, el conjunto santafesino estuvo cerca de empatar, pero Sebastián Torrico se convirtió en figura y ahogó los gritos del equipo de Munúa, quien se enojó por las oportunidades desperdiciadas.
Como ocurrió antes del primer gol, San Lorenzo llegó al 2-0 cuando Unión se animaba a buscar la igualdad. Presionando por llegar al 1-1, el Tatengue se descuidó en defensa, permitió que Ezequiel Cerutti llegue al fondo, mande una pelota al centro para que Nahuel Barrios defina con cara interna para aumentar la ventaja en el marcador. Las caras del entrenador de Unión eran elocuentes. No había nada más para agregar e intentar explicar un resultado que era totalmente ilógico para lo que fue el desarrollo del partido.



