“Porque queremos jugar”, escribió Tapia, en una frase breve pero contundente que resume el espíritu con el que la dirigencia afrontó la reprogramación del calendario. El amistoso del 31 de marzo en Argentina aparece como una solución para que la Albiceleste tenga acción en la última fecha FIFA antes del Mundial, luego de varias cancelaciones que alteraron la planificación original.
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Además, el dirigente puso el foco en el valor simbólico del encuentro: “Argentina merece despedirse en casa”, expresó, remarcando la importancia de que el equipo tenga contacto con su gente antes de la máxima cita del fútbol. En ese sentido, también apeló al sentimiento del hincha: “En la previa del Mundial, late fuerte la ilusión. El 31, todos juntos alentando a la Selección. Una noche para alentar a los mejores del mundo antes de volver a soñar”.
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Qué dijo Claudio Tapia sobre la Finalissima cancelada
Más allá del entusiasmo por el nuevo amistoso, Tapia también volvió a referirse a la fallida organización de la Finalissima ante España, un partido que generaba enorme expectativa y que finalmente no se disputará.
En un extenso mensaje publicado días atrás, el presidente de la AFA explicó que desde un primer momento la postura argentina fue clara: el encuentro debía jugarse en una sede neutral para garantizar la equidad deportiva. Según detalló, una de las primeras propuestas fue disputar el partido en Madrid, algo que no cumplía con ese criterio y que por eso fue descartado.
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Posteriormente, surgió la posibilidad de jugar en Italia el 27 de marzo, una opción que Argentina aceptó, aunque solicitó mover la fecha al 31 para ajustarse mejor al calendario. Sin embargo, desde la UEFA respondieron que ese cambio no era viable, lo que terminó por frustrar cualquier acuerdo.
“Desde la AFA lamentamos profundamente que, a pesar de la voluntad y los esfuerzos realizados, no haya sido posible concretar este encuentro”, expresó Tapia, dejando en claro que la intención de disputar el partido siempre estuvo.
Con este escenario, el amistoso ante Guatemala toma un valor especial: no solo será la última prueba antes del Mundial, sino también una oportunidad para cerrar filas con el público argentino en medio de un contexto que obligó a reconfigurar los planes sobre la marcha.