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Deportes Selección | Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 |

Argentina eliminó a Países Bajos y está en semifinales del Mundial: la "Divina comedia" del fútbol en su máxima expresión

La Divina Comedia es una obra que relata el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Si es verdad que el fútbol suele pasar a veces por sucesos fantásticos, los que luego se reflejan en hechos reales, el duelo de Argentina – Países Bajos, sin dudas, fue una prueba contundente.

"En medio del camino, de la vida, errante me encontré por selva oscura, en que la recta vía era perdida. ¡Ay, que decir lo que era, es cosa dura, esta selva salvaje, áspera y fuerte, que en la mente renueva la pavura! iTan amarga es, que es poco más la muerte!" (Fragmento de la “Divina Comedia” - Dante Alighieri)

La Divina Comedia es una obra que relata el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, guiado por el poeta romano Virgilio. La misma está llena de momentos sublimes e inolvidables, pero también de otros difíciles y farragosos. Si es verdad que el fútbol suele pasar a veces por sucesos fantásticos, los que luego se reflejan en hechos reales, el duelo de Argentina – Países Bajos, sin dudas fue una prueba contundente.

Un grandioso partido, acaso un viaje lleno de acontecimientos estelares que parecían llevar de manera inalterable al seleccionado argentino hacia la semifinal, pero también, de incidentes y peripecias. Una batalla en la que no faltaron episodios típicos de un paraje infernal tanto como momentos que terminaron siendo históricos, resplandecientes y celestiales, con nuestro seleccionado finalmente entre los cuatro mejores del mundial.

Todo comenzó como un espeso desafío táctico, de esos que se rompen cuando no una jugada, sino un jugador saca el cuerpo y su talento del molde para cambiar el destino. Así fue que Messi lo vio sin mirar a Molina y a contrapierna del sistema defensivo naranja soltó una asistencia de “tomá y hacelo” para que luego el lateral derecho complete la obra con una llegada y toque a tiempo sobre el arquero rival. El partido recibía el primero de los tremendos golpes de escena que esperaban hasta el final, no solo del tiempo tradicional, sino también del suplementario y posteriormente de los penales que definieron la clasificación albiceleste.

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Un grandioso partido, acaso un viaje lleno de acontecimientos estelares que parecían llevar de manera inalterable al seleccionado argentino hacia la semifinal, pero también, de incidentes y peripecias.

Un grandioso partido, acaso un viaje lleno de acontecimientos estelares que parecían llevar de manera inalterable al seleccionado argentino hacia la semifinal, pero también, de incidentes y peripecias.

Del lado argentino se vivieron tensiones en la fase previa con la presunta lesión de De Paul quien luego se encargó de confirmarla al mismo tiempo que en sus declaraciones volvía a ratificar sus calidades temperamentales, esas que lo ayudaron para sobreponerse, jugar y estar en cancha todo el tiempo que fue posible, haciendo aun más insustituible su presencia entre los titulares del elenco nacional.

Todo venía por un sendero fantástico más luego de la aventura de Acuña quien le ganó su partido por el lateral izquierdo a Dumfries para después animarse a atacar y conseguir un penal que confirmó en gol nuestro capitán antes de ir por el banco de la formación contraria para hacerle los gestos correspondientes a Van Gaal, esos que en el fútbol los jugadores siempre guardan en el silencio de sus vísceras hasta que luego de ese instante de redención sienten que es hora de exhalar como veneno atorado y largarlo todo sobre ese adversario que había roto los códigos de la convivencia previa.

Aquel 2 a 0 fortalecía la confianza en un pase encantador a semifinales, sin embargo, como en la “Divina Comedia” de Dante, esperaba antes una selva de hechos salvajes que llevaron el corazón de la noche qatarí a límites emocionalmente espantosos. La jugada del empate en el suspiro final nos metió en un túnel terrorífico de oscuridades que duró el primer tiempo del suplementario.

El equipo europeo se quedó embarrado en las mieles de su presunta hazaña, mientras de la mano de Messí, Enzo Fernández y con el ingreso de Di María, la formación de Scaloni se recuperaba de esa fatídica igualdad cuyo escenario armaron los diez minutos interminables que adicionó el polémico juez español. En otra muestra más de certezas anímicas el combinado argentino finalizó con un puñado de situaciones claras que tranquilamente hubieran nuevamente justificado el triunfo antes de los penales, tal así por ejemplo, el tiro de Fernández que dio en un caño maldito desviando todo hacia el martirio de los doce pasos sin merecerlo. Parecía que la justicia divina se olvidaba otra vez de nuestro sueño.

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Una batalla en la que no faltaron episodios típicos de un paraje infernal tanto como momentos que terminaron siendo históricos, resplandecientes y celestiales.

Una batalla en la que no faltaron episodios típicos de un paraje infernal tanto como momentos que terminaron siendo históricos, resplandecientes y celestiales.

Pero aun faltaban caprichos del desierto por suceder. Aun quedaban en los guantes del “Dibu” Martínez “costumbres argentinas de decir ¡No!...” y los deseos previos de Van Gaal se hundían en su propio pavor al ver que un ángel en camello se le acercaba como en una fábula cerrándole el pico con la punta de los dedos de una mano. Ya ni le alcanzaban las gafas negras de su ayudante Edgar Davids para evitar el resplandor de la derrota otra vez sobre “esos ojos ciegos bien abiertos”.

Como una poesía perfecta de todas las emociones pendientes, el último penal guardaba la oportunidad fabulosa que este mundial le debía al “Toro” de las pampas argentinas. En odiseas como estas nadie puede ni debe quedar ausente del relato, las mejores historias dependen de un final feliz para todos. Entonces Martínez llegó a su oportunidad de curar heridas propias y las que ésta “Divina Comedia” de cuartos nos había abierto en el alma. Fue un pase a la red, con la “Estampita de Diego” entre los cordones de su botín nos empujó a todos hasta las entrañas del arco de Noppert a quien ya no le quedaban balas por entrarle y la “naranja mecánica” se desangraba en un pobre recuerdo y en el jugo amargo de las palabras al costado de la línea de cal, rendidas ante los hechos frescos y puros que suceden y definen los partidos, dentro de la cancha.

Todo felizmente había terminado, aunque una escena más, sobrevivía atrás del final, tras bambalinas, frente a los micrófonos y las cámaras del mundial: “Qué mirás bobo, andá pallá...” . Salvajes instintos “messiánicos” espantaban demonios neerlandéses que buscaban su satisfacción revanchista nuevamente frustradas frente a una selección argentina que nos regaló un desenlace de los que el fútbol fantásticamente siempre nos recupera después de la tensión y el dolor, devolviendonos en una hermosa fiesta de grandezas, las que no pueden faltar para jugar los siete partidos de la “Divina Comedia” mundial.