Caben las dos miradas. Por un lado hubo cierta “negligencia” del cuerpo técnico al considerar y confiar sólo en la palabra de los propios jugadores sobre su estado físico para ser ratificados en la nómina final pero, por otro lado, la reacción rápida del DT, libre de compromisos y consecuente con sus dichos anteriores saldaron la desprolijidad. Nadie esperó semejante confesión de Scaloni una vez terminado el último ensayo ante Emiratos Árabes en Abu Dabi, dolido y preocupado anunció que aún estando concentrados, a 4 días del inicio de la Copa y 6 del debut albiceleste, había decisiones importantes que asumir y comunicar para superar un momento de incertidumbre inesperado para un proceso que parecía llegar sin fisuras a la cita ecuménica.
Este contexto pareciera no haber alterado la armonía de un grupo con cimientos bien consolidados y superado el momento se dispone para el comienzo con los objetivos y las energías intactas. Todos los protagonistas coinciden en la importancia que tiene el primer partido de un Mundial. No se trata sólo de evaluar el potencial futbolístico en un partido donde afloran factores emocionales más allá del juego en sí. Ahí radica la principal dificultad a resolver entre el dominio de las palpitaciones, el corazón, los sentimientos, las emociones en lucha directa con la razón y la inteligencia. Así son los Mundiales y la inteligencia para plantear partido a partido es fundamental para sostener las aspiraciones en la máxima competencia futbolística del planeta.
El equipo no es el que se recitaba de memoria
La lesión de Giovanni Lo Celso fue un golpe directo a la idea madre de Scaloni. Las molestias con las que llegaron varios sumó incertidumbre aunque siempre se aseguró que Cuti Romero estuvo para jugar; definir los laterales y el tercer integrante del mediocampo pasó a ser el acertijo a resolver. Finalmente, Molina irá por la banda derecha; Tagliafico corrió con ventaja sobre Acuña y se quedó con la izquierda y Papu Gómez ocupará la vacante que dejó Lo Celso. El resto dormía tranquilo sabiendo que actuaría de titular en el estreno mundialista.
Este grupo posee un sello distintivo: sus integrantes rinden en la Selección más allá del presente que atraviesen en sus clubes. La sobriedad de Dibu Martínez en el arco, la solvencia de Otamendi y Romero en la zaga, la presencia de Paredes en el centro del campo, el despliegue de un “todo terreno” como De Paul, la amenaza para los rivales que representan Di María y Lautaro Martínez le dan a Lionel Messi el soporte ideal para la irrupción de su magia intacta a sus “jóvenes” 35 años. Esa columna vertebral constituye la proteína que nutre el sueño del plantel y los 44 millones de argentinos.
El “Mundial de Messi”
A ese sentimiento generalizado que nos invade como argentinos de ver por fin a Lio campeón del mundo, a ese reclamo silencioso para que el fútbol sea más justo con una figura emblemática de este deporte en los últimos 15 años, se sumaron las valientes expresiones de Luis Enrique –DT de la Selección de España y streamer prominente-, sentenciando su deseo de que si La Furia no obtiene el título le gustaría que el campeón sea Argentina por Messi y sus merecimientos.
Describiendo sensaciones, solo eso, percibo que una parte importante del mundo del fútbol estaría de acuerdo con Luis Enrique. Quizás la pasión invade mi razón y suene exagerado, pues me lo permito como excepción incorporándome al sentimiento colectivo que nos une detrás de los colores celestes y blancos de la Selección. Sería un cierre tan estelar como lo fue la trayectoria intachable dentro y fuera de una cancha de fútbol.
“Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar…”
Nuestros ojos en Doha a través de los enviados especiales del Grupo Aire: Adriel Driussi, Julián Brochero y Agustín Nicolet nos entregan día a día en cada cobertura el sentimiento, el color y calor del Mundial acortando los más de 13.800 km que nos separan del epicentro futbolístico que conmociona y atrae a los fanáticos del mundo entero.
Llega la hora de la verdad y la ilusión se pone en marcha en el Estadio Lusail. Entre 35.000 y 40.000 argentinos que tuvieron la dicha de viajar representarán a todos los que miraremos desde aquí, azorados por la majestuosidad y modernidad de un país polémico, discutido por una cultura que atrasa en el mundo que pretendemos seguir construyendo en estos tiempos.
Con la pelota en marcha nos abocamos a lo estrictamente deportivo. Esperando que nuestro representativo nacional juegue bien, con el intelecto y la comprensión necesaria para afrontar un torneo de 7 partidos que ojalá nos tenga como protagonistas en la totalidad. Motorizando desde el deporte y la competencia esa batería de aprendizaje y sensaciones únicas que el fútbol promueve desde su costado más saludable.
Con el corazón abierto de par en par, unidos en una de las pocas cosas que nos rescatan de las grietas en este país tan complejo, con la garganta enrojecida entonando al unísono el hit de Qatar:
“Muchachos, ahora nos volvimo a ilusionar
Quiero ganar la tercera, quiero ser campeón mundial
Y al Diego en el cielo lo podemos ver
Con don Diego y con la Tota, alentándolo a Lionel”.
Vamos Argentina!!!






