Emiliano Sala estaba solo dos tantos por debajo de Kylian Mbappé antes de ser transferido al Cardiff City por una cifra récord. En total alcanzó 48 goles en 130 partidos. La venta se había cerrado en 17 millones de euros, una cifra enorme para 2019. El argentino había firmado contrato con el equipo de la Premier League en Gales el mismo día de la tragedia, volvió a Nantes para despedirse de sus compañeros y al regresar por la noche su avión desapareció.
AIRE estuvo en su pueblo, en su casa materna, donde dialogó con su hermano Darío. El recuerdo es imborrable: “Parece que fue ayer. La verdad es que estuvimos mucho tiempo con la investigación. Muchas idas y vueltas para no cerrar, pero sí poder dar por finalizado una etapa y que la familia pueda tener un poco más de paz”.
Emiliano Sala despegó hacia Cardiff en un avión privado cuando desapareció cerca de la isla de Guernsey. La familia todavía no se explica qué pudo pasar: “La verdad que es complejo, no quiero nombrar a nadie, pero la verdad es que sí. Para mí hubo mucha gente involucrada atrás, que podría haber tenido algún cargo o algo. Sin embargo, hay algo que hoy no está y no te lo cambian por nada del mundo, por más que haya una condena, eso no lo vas a cambiar. Siempre vas a quedar disconforme, molesto con algunas cuestiones del tema del juicio y todas esas cosas”.
Darío se acuerda como si fuera hoy cada momento de aquel lunes 21 enero del 2019: “Yo estaba durmiendo cuando me llamaron por teléfono desde Francia. El primer llamado me lo hicieron a mí. Ahí fui a levantar a mi madre, llamé a mi hermana que estaba en Santa Fe y pasó poco tiempo hasta que todos empezaron a hablar del tema. Querían hablar con la familia antes que se conociera”.
Emiliano Sala había nacido en Cululú, un pueblo de Santa Fe, sobre la Ruta Provincial 4, pero al poco tiempo la familia se movió a Progreso por el trabajo de camionero que tenía su papá. El matrimonio y los tres hermanos se criaron en la localidad, el mismo que ya no fue igual cuando esa mañana fue sacudida por las noticias en todos los canales del mundo. El pueblo sentía que había perdido a su hijo pródigo: “Nunca había visto algo igual, ni me lo imaginé. Me acuerdo de que todos esos días fue ver gente que se juntaban en oraciones, personas tratando de aportar su granito de arena, desde los más chicos a los más grandes. En ese momento, mucha gente de todos lados me mandó para ponerse a disposición de la familia y hasta el día de hoy hay chicos que siguen haciéndose la remera de Emiliano. Es un legado muy grande que no se borra con nada".
Por último, Darío hace algunas muecas, mueve la cabeza y en un suspiro cuenta por qué generó tanta angustia de propios y ajenos la noticia de su hermano: “Para empezar, el sacrificio y la humildad que él tenía, hasta donde llegó, luego también por la parte futbolística, pero yo creo que todos, al ver la historia de sacrificio que ha tenido, para poder llegar a eso. Eso es lo que más conmueve”.
La angustia de Daniel Ribero, el presidente del Club que se formó Emiliano Sala
El Club Atlético y Social San Martín es la única institución deportiva de Progreso, que disputa la Liga Esperancina, un torneo regional de equipos de la zona. Acá se crio futbolísticamente Emiliano Sala. Comenzó a jugar a la pelota a los cuatro años para luego, a los catorce, abandonar la ciudad para ser parte del centro de formación “Proyecto Crecer Argentina” del Girondins de Burdeos con sede en San Francisco, Córdoba.
En el club hay murales, camisetas y recuerdos por todos lados. La cancha lleva el nombre de Emiliano Sala. De esta manera lo recuerda Daniel Ribero, quien en ese momento era el presidente del club y hoy es el Presidente Comunal del pueblo: “Emiliano volvía a Progreso cada vez que podía. La última vez que lo vi fue previo al Mundial de Rusia 2018. Los viernes nos juntábamos a comer con los chicos de Primera y de Reserva y uno de esos días me llamó Darío para decirme que Emiliano quería ir también. Ahí tuve una charla cortita con él porque era muy calladito, pero después comió, se divirtió con los chicos, tocaron la guitarra. Estuvo hasta tarde disfrutando con sus amigos. Venía a ver los partidos de inferiores cuando estaba acá. De perfil bajo siempre y eso es lo que siempre destaco de él”.
Aquella mañana del 21 de enero del 2019, el club se convirtió en un santuario de personas que pasaban y preguntaban por lo que había pasado, Daniel cuenta cómo fue ese día: Alrededor de las seis de la mañana, un amigo me llamó para avisarme pensé que era una broma. Todos estábamos tan contentos por el momento que estaba pasando Emiliano que no le creí. Hice dos cuadras más con la camioneta, paré en un negocio a buscar mercadería y escuché la noticia a través de una radio nacional. Ahí recién le creí y entré en shock. Todavía hoy se me pone la piel de gallina cuando tocamos el tema. A pesar de que pasaron cinco años, nosotros seguimos con una herida como comunidad que aún no cicatrizó. Y yo creo que no va a cicatrizar nunca por cómo ocurrió todo.
El dolor de la partida de Emiliano sigue vigente entre los progresinos que lo recuerdan a menudo: “Creo que el dolor sigue estando. Particularmente, cada vez que puedo veo un video y la gente, no solo de Progreso, sino de todo el país en general, lo sigue teniendo presente a Emiliano. A veces a uno le toca viajar, te encontrás con personas a las que le decís que sos del pueblo de Emiliano Sala y lo asocian enseguida; hoy, a cinco años, todavía. Y creo que la gente, a pesar de que no lo conocía personalmente, sintió muchísimo la situación. En Progreso, particularmente, es una herida que está ahí, latente. La familia sigue viviendo acá en Progreso, con lo cual al ver al hermano o a la madre te acordás automáticamente de Emiliano, sea la hora que sea, el día que sea. Creo que es algo triste que, particularmente yo, no me voy a olvidar nunca.
Daniel se queda con lo mejor de Emiliano, quizás las mismas palabras que nos diría cualquier vecino de Progreso si le preguntábamos, qué fue lo mejor que tuvo y cuál fue el legado que dejó: “El esfuerzo, el sacrificio, perfil bajo, no creérsela nunca. Creo que eso es lo que uno trata de transmitir a los chicos. Alejarse de la familia tan joven para irse a un país donde no fue jugador profesional de un día para el otro. Tuvo sus idas y vueltas y eso también es una enseñanza. No siempre se entra por la puerta grande y te ponen la alfombra roja. Esas cuestiones no pasan solamente en el fútbol, sino también en la vida cotidiana. Y no hay que frustrarse, hay que levantarse, seguir trabajando y Emiliano lo hizo. Lamentablemente, en su mejor momento, le pasó lo que le pasó, pero creo que va por ahí: por el esfuerzo y el sacrificio. A pesar de cada tropezón, Emiliano se levantó, siguió trabajando y buscando ese objetivo de ser jugador de fútbol profesional”.
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