“En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre”; diría una de las célebres citas del escritor Eduardo Galeano. La historia del fútbol mundial se encuentra repleta de jugadores que marcaron este deporte a fuego a lo largo del tiempo, y Giuseppe Meazza es uno de ellos. El estadio San Siro de Milan, aquel que alberga los partidos tanto del Inter de Milan como el AC Milan, fue rebautizado post mortem con el nombre de un jugador que se ubica entre los mejores que vistieron la camiseta de la azzurri, a partir del 3 de marzo de 1980.
Vida y obra de Giuseppe Meazza, el primer "capo cannonieri"
Nacido el 23 de agosto de 1910, Giuseppe Meazza se crió en las afueras del barrio Porta Vittoria, uno de los barrios más pobres de toda Italia. Trabajaba con su mama vendiendo frutas, a cambio de poder jugar un momento en los campitos de su localidad.
En el día de hoy, se cumplen 42 años de la muerte del primer ídolo italiano -falleció el 21 de agosto de 1979-; y de uno de los delanteros más certeros de la historia, que justifica su lugar entre los jugadores más importantes de la historia del fútbol italiano. Meazza fue el emblema del seleccionado bicampeón del mundo en las Copas Mundiales de la FIFA de 1934 y 1938, de la mano de Vittorio Pozzo como entrenador y bajo la atenta mirada de Benito Mussolini amenazando de muerte constantemente al plantel en caso de no obtener la victoria.
El primer “capo cannonieri” del fútbol italiano fue una inspiración para los amantes del fútbol y de la literatura. Galeano le dedicó unas líneas entre sus obras, recreando el momento en que se le cae el pantalón al momento de patear un penal ante Brasil, por las semifinales del Mundial de 1938:
“Meazza colocó la pelota en el punto de fusilamiento. Era el galán del cuadro. Petiso pintón enamorado, elegante artillero de penales, alzaba la cabeza evitando al arquero, como el matador de toros en el lance final. Y sus pies, flexibles y sabios como manos, jamás se equivocaban. Pero Walter, el guardameta brasileño, era un buen atajador de penales, y se tenía fe. Meazza tomó impulso, y en el preciso momento en que iba a asestar el golpe, se le cayó el pantalón. El público quedó estupefacto y el árbitro casi se tragó el pito. Pero Meazza, sin detenerse, atrapó el pantalón de un manotazo y venció al arquero desarmado por la risa. Ese fue el gol que lanzó a Italia a la final del campeonato”.
Milán, el lugar futbolístico en el mundo para Giuseppe Meazza
Meazza jugó en los dos clubes de Milan, aunque con ciclos dispares. En el Inter de Milán fue lo más cercano a un Dios, pero en AC Milán, apenas tuvo algunos destellos, por lo cual los aficionados del rossonnero, prefieren llamar San Siro al Estadio que comparten con su más acérrimo rival.
Todos estos laureles se agregan a su picardía y excentricismo fuera de las canchas. Italia entera lo recuerda, mientras el tiempo lo sigue colocando en el olimpo de los grandes futbolistas de todos los tiempos.
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