Fue la jornada en la que Gustavo Pedro Echaniz y Ricardo Altamirano se convirtieron en héroes con goles que marcaron un antes y un después en la historia del fútbol santafesino.
El camino de Unión y Colón a la final por el ascenso a Primera
La temporada 1988/89 de la Primera B Nacional ya había sido emocionante desde el arranque. Tatengues y Sabaleros se midieron dos veces en la fase regular, con empates 2-2 y 1-1 que alimentaron aún más la rivalidad. Unión terminó tercero, por detrás del campeón Chaco For Ever y Lanús, mientras que el Sabalero culminó sexto. Ambos se metieron en el reducido con la ilusión del ascenso, pero nadie imaginaba que el destino los cruzaría en una final a todo o nada.
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En los playoffs, Colón dejó en el camino a Villa Dálmine, Huracán y Lanús, mostrando un gran nivel colectivo. Por su parte, Unión, que ingresó directamente en cuartos de final, eliminó a Deportivo Italiano y luego a Almirante Brown con autoridad. Así, el clásico santafesino se transformó en el escenario definitivo para decidir quién regresaba a la elite del fútbol argentino.
El primer capítulo se escribió en el mismísimo Cementerio de los Elefantes, donde Unión dio el batacazo. Aquel equipo de Humberto Zucarelli, mucha personalidad y eficacia en el área rival, el equipo logró un 2-0 clave que silenció a todo el estadio. Echaniz abrió la cuenta y Altamirano estiró la ventaja desde el punto penal, generando una euforia sin precedentes en los hinchas rojiblancos.
Esa victoria no solo fue deportiva, sino emocional. Fue el primer paso para consumar uno de los hitos más grandes de la historia del club, que terminaría sellándose una semana después con el célebre “Madelonazo” en el Estadio 15 de Abril, para imponerse 3-0 en el resultado global y consumar el ascenso a Primera División.