domingo 26 de junio de 2022
Cultura | Osvaldo Soriano |

Osvaldo Soriano, a 25 años de una muerte con pena y sin olvido

Un día como hoy, murió uno de los escritores argentinos más exitosos de todos los tiempos. Su prosa clara, su humor ácido y su profunda humanidad atraviesan una obra que habla de la política, el fútbol, los gatos y los viajes. En una entrevista con AIRE, sus amigos Mempo Giardinelli, Juan Sasturain y Carlos Polimeni.

Hablar de Osvaldo Soriano es hablar de un periodista y escritor que imprimió las marcas de la identidad argentina en cada una de sus obras. Su pensamiento, sus palabras y su creatividad quedaron inmortalizados en innumerables páginas. El 29 de enero de 1997 falleció prematuramente a sus 54 años, a raíz de un cáncer de pulmón.

Resumir la vida y obra de una persona íntegra y que está enmarcada en la cultura de un país, es un tanto difícil. Lo que está claro, es que Osvaldo Soriano dejó huella en la formación de una generación de periodistas y escritores; y que llegó directo al corazón de los argentinos.

image.png
Antes de ser periodista y escritor, Soriano trabajó en fábricas y jugó al fútbol.

Antes de ser periodista y escritor, Soriano trabajó en fábricas y jugó al fútbol.

Leer más ► A 25 años de la partida de Osvaldo Soriano: cinco libros indispensables de su carrera

Osvaldo Soriano nació un día de reyes en 1943. Fue a los 20 años cuando comenzó a ejercer el periodismo en Tandil y posteriormente en diferentes medios importantes cómo Primera Plana -donde comenzó a tener renombre- y también en Semana Gráfica, Panorama, hasta llegar a La Opinión. Su paso por estos medios, lo llevarían a tener un reconocimiento entre sus lectores. Publicó su primer libro llamado Triste, solitario y final en 1973; y continuaría publicando una decena de obras entre las que se destacan: No habrá más penas ni olvido (1978; llevada al cine en 1983) y A sus plantas rendido un león (1984).

Su reconocimiento lo tuvo mientras estaba exiliado en París, donde se convertiría en amigo de Julio Cortázar y junto a él, un activo denunciante por la dictadura militar. En 1978 conoció a Catherine Brucher, una enfermera de Estrasburgo con quien se casó en el mismo año y quien le daría su único hijo Manuel. Algunas de sus obras, han sido publicadas en veinte países y traducidas al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, neerlandés, griego, polaco, húngaro, checo, hebreo, danés y ruso; con ventas que superan el millón y medio. Sus restos descansan en el Cementerio de la Chacharita, en una simple y descuidada tumba que acarrea el paso del tiempo, aunque sus obras lo mantienen vivo.

La palabra de los colegas y amigos de Osvaldo Soriano

A continuación, el periodista Carlos Polimeni y los escritores Mempo Giardinelli y Juan Sasturain evocan la obra y el legado de Osvaldo Soriano.

Carlos Polimeni: "Si Soriano estuviera vivo, sufriría la degradación de la profesión de periodista"

image.png
Carlos Polimeni, periodista, escritor, guionista, docente, conductor de radio y de televisión argentino.

Carlos Polimeni, periodista, escritor, guionista, docente, conductor de radio y de televisión argentino.

"Recuerdo a modo de anécdota, que en el 1993 murió mi padre en Costa Rica. Fui durante dos semanas y a modo de despedida cuando volví, escribí una nota sobre mi padre. Era un profesor de filosofía y se había convertido en librero. Con mis hermanos habíamos decidido enterrarlo con algunos libros que para él eran fundamentales, y uno de los libros era de Osvaldo. Cuando escribí la nota que salió en la contratapa del diario en agosto del 93, al otro día vino Osvaldo a la redacción y con los ojos llenos de lágrimas me entregó un texto que había escrito para mí, contándome lo que mi nota le había generado, quizás también, en relación al vínculo que él también tenía con su propio padre. Me impactó ese gesto".

"Soriano era una persona muy querida. Tenía un impacto muy fuerte en su público y en sus ventas. Estaba en constante pugna con un sector de las carreras literarias argentinas, que parecían no perdonarle ese éxito. Sobre todo en la década del 90 que hubo una división de campo entre dos sectores en el mundo de la crítica cultural y de la lectura, en la capilla de quienes cocinan opiniones en revistas, generando enfrentamientos entre modernos y postmodernos. Me gusta pensar que esto era un problema de la misma coexistencia".

Leer más ► Quién era Osvaldo Soriano, el autor de obras icónicas de la cultura argentina

"Algo que no se conoce de Soriano, es que el éxito de su carrera lo lleva a tener propuestas como la de Alberto Olmedo para recrear el cónsul de uno de sus libros, para un protagónico de una película o como cuando Marcello Mastroianni, en Italia junto a un director y un productor, le habían propuesto protagonizar un personaje suyo para que tuviera una conversación durante el rodaje de una película de María Luisa Bemberg, en Colonia, Uruguay. Esas cosas, Osvaldo no las podía creer".

"Si el Gordo estuviese vivo el día de hoy, yo creo que sufriría la degradación de la profesión del periodista, seguiría publicando novelas, fumando y hablando de fútbol. Le hubiese gustado el gobierno de Kirchner y cómo algunos de los sueños de su generación se transformaban en realidad. Hubiera sido un crítico severo de Mauricio Macri y estaría preocupado por el desarrollo de un mundo en una pandemia impensada. En esta situación, como han florecido debates insólitos y como los más poderosos se ha fortalecido y los más desposeídos se han debilitado".

Mempo Giardinelli: "Toda la obra de Soriano es extraordinaria"

image.png
Mempo Giardinelli, periodista, docente y escritor. Doctor Honoris Causa por la Universidad de Poitiers, Francia.

Mempo Giardinelli, periodista, docente y escritor. Doctor Honoris Causa por la Universidad de Poitiers, Francia.

"Siempre lo recuerdo, fue uno de mis mejores amigos, quizás porque éramos provincianos y empezamos juntos en el periodismo porteño, en la vieja Editorial Abril. Nos conocimos en 1969 en la redacción de la revista "Semana Gráfica", en el quinto piso de Leandro N. Alem y Paraguay. Y como además vivíamos muy cerca, solíamos caminar juntos, de noche, toda la avenida Córdoba y parando en algún bar a tomar una ginebrita cuando hacía frío. Nos unía mucho el sentido del humor, que en él era magistral, además del amor al país que ya entonces veíamos degradarse".

"Todas sus obras, de hecho, son excelentes. Pero como asistí y acompañé la redacción de "Triste, solitario y final" siento especial estima por esta novela, que leí en el original mecanografiado. Pero también me gusta mucho "Cuarteles de invierno" y aprecio especialmente "A sus plantas rendido un león", que es un dechado de imaginación, una obra maestra del grotesco. Y dicho esto aclarando que toda la obra de Osvaldo es extraordinaria".

"En cuanto al reconocimiento quizás lo tuvo, en el sentido de que lo leyeron millones de compatriotas y se lo valoró y tradujo en muchos países. Pero no así en el ámbito de la cultura, que Osvaldo en cierto modo despreciaba porque se sentía despreciado. Y aunque no lo reconocía, sé que lo fastidiaba muchísimo porque precisamente en esos ámbitos era leído poco y mal".

"Si algo tenía Osvaldo era coherencia y sentido del humor. Su opinión sobre el actual presente argentino sería, por lo tanto, implacable. Pero quizás hoy henchida de dolor, antes que de humor, porque él era un patriota, al viejo estilo".

Juan Sasturain: "Nos acercaban la escritura, el gusto por el policial negro y la complicidad futbolera"

image.png
Juan Sasturain, escritor, periodista, guionista de historietas, y conductor de televisión argentino.

Juan Sasturain, escritor, periodista, guionista de historietas, y conductor de televisión argentino.

"Lo conocí en 1971 o 72, en la redacción de La Opinión, el diario de Jacobo Timerman en su primer y mejor momento. Osvaldo era un redactor atípico que iba de una a otra sección. Yo escribía –como colaborador externo- mis primeras críticas de libros. Nos acercaban la escritura, el gusto por el policial negro y la complicidad futbolera. Teníamos veintipico de años y la suerte de depender del criterio de responsables periodísticos como Tomás Eloy Martínez, que era el jefe de redacción, y Juan Gelman, a cargo del área de Cultura. Lujos, con privilegios además: uno escribía y Sábat ilustraba. No duró mucho pero bastó para marcarnos a algunos".

"No nos volvimos a ver hasta su regreso con la democracia y la primavera alfonsinista, con Osvaldo ya devenido novelista exitoso, objeto del envidiable amor de los lectores y del vituperio de cierta crítica con la que se peleó en duelo abierto de furias y rencores".

"Tuvimos varios cruces de pasillo y de café durante la larga etapa en común vivida en Página /12. Otra vez, un diario saturado de gente que sabía escribir: de Briante y Dal Masetto a Forn y Fresán, más Galeano, Gelman, Bayer, Feinmann, Saccomanno… Siguen las firmas y los amigos suyos hasta hoy".

"Cuando Osvaldo murió sin necesidad ni urgencia en el verano del 97 se publicó en Radar un suplemento dedicado a su obra y su persona. Todos escribimos ahí lo que pudimos. Pero solo quince años después, creo que en el 2012, cuando volvimos sobre el Gordo para un nuevo aniversario, recién entonces me animé a ponerle esta inscripción, epitafio decantado y mal medido, tardío e inútil como todos, en el que se codeaban sus pasiones:

Bajo la verde gramilla

De chico, cuando todo lo que juega

y cuenta es lo que dice el corazón,

según Fontanarrosa, su ambición

no era ser Cortázar sino Onega.

El Gordo no sabía que la ciega

historia le asignaba una misión:

contarnos desde Marlowe y Perón

un mundo con John Wayne y López Rega.

Lo hizo como nadie. Fue el primero,

solitario y final. Ni cruel ni ortiba.

Por eso, yo le pido, compañero,

que pare antes de ir a donde iba:

cubierto por pastito futbolero

aquí yace Soriano, panza arriba.