Demián Sánchez es uno de los tantos artistas que desde hace muchos años, trabajan por y para la cultura de la provincia de Santa Fe. Sus inicios en el mundo artístico comenzaron en su adolescencia estudiando arte y teatro; y más tarde trabajando como técnico en el mismo lugar en el que hoy es director. Su formación lo llevó a trabajar en más de 25 obras de teatro y en múltiples trabajos audiovisuales como largometrajes, publicidades y series.
Hoy, se encuentra dirigiendo uno de los espacios culturales más importante de la provincia y como actor, asegura que en el teatro "se siente libre". En una entrevista con AIRE, Demián abre las puertas del Centro Cultural Provincial "Paco" Urondo y de su vida para conocerlo un poco más.
- ¿Quién es Demián Sánchez?
- Me defino como un "diletante", un amante de las artes que no se siente profesionalizado, aunque lo soy. Soy un profesional y puedo darme el gusto de decir que vivo de esto. Estoy en una constante búsqueda en lo artístico, soy como un bicho artístico y si tengo que definirme dentro del mundo artístico, soy actor. Un actor, "devenido en" porque soy un convencido que un actor debe estar preparado para muchas cosas. De ahí viene mi formación como técnico teatral, atravesada por mis años de escuela de arte, donde hice una amalgama y una búsqueda constante de cosas, en pos de aprender de todo esto.
- Hablás de una "constante búsqueda", eso es muy propio de los artistas ¿no?
- Creo que sí, tiene que ver con el eterno inconformista y el eterno equilibrista, con la adrenalina también del cambio constante, de ponerse en crisis y obligarse a eso. Cada personaje te pone en crisis y uno crece y aprende de esas crisis, porque uno se modifica y se transforma.
Esa búsqueda es importante porque además de comunicar algo que nos pasa y sentimos, genera una comunión con el espectador. Hay que tener en cuenta que el teatro es una gran mentira, el espectador va a un espectáculo sabiendo que le van a mentir y sabiendo que lo que pasa no es real. Y el actor, desde el escenario le miente al espectador sabiendo que no es real.
Hay una búsqueda entonces, de una realidad orgánica en un compromiso con el espectador desde esa realidad para creerse el cuento que le cuentan. Es lo lindo de la profesión, que de algún modo me permite tener a mí una esquizofrenia de persona que impide que yo sea un psicópata (risas).
- Sos reconocido en el ambiente artístico no solo por ser actor, sino también por haber trabajado como técnico, vestuarista, escenógrafo, etc. ¿Qué experiencia te brindó haber realizado esas funciones?
- Justamente de eso hice una charla TEDx que se llama “La escena invisible”. Habla de eso, de todo el mundo que está detrás del escenario construyendo lo que se ve. Pero esta escena invisible, la aplico a cualquier cosa. Uno no puede ir contra sus pasiones, en este casi el arte es mi pasión y el teatro por sobre todas las cosas. Muchas veces no entendés por qué haces las cosas que haces y decís "¿cómo me metí en este laberinto?", es que uno no puede ir contra sus pasiones.
Todo eso forma parte de una construcción colectiva, ya que el arte es una construcción colectiva, al menos en lo escénico. Por cada actor que hay sobre el escenario, hay tres personas más que están haciendo desde el boletero, hasta el iluminador, sonidista, utilero, la persona que limpió la sala, quien recibe a la gente, el productor, el que escribió la obra, etc.
Tuve la suerte de trabajar desde muy chico en el teatro en esta búsqueda fui conociendo el detrás de escena. Y en la parte de escenografía y vestuario, tengo la fortuna de tener una compañera que es María Verónica Ritvo que ha sabido bancarme a lo largo de este recorrido. Porque no es fácil, no tenés fines de semana, dejas la familia, porque el laburo de técnico te obliga estar hasta muy tarde. Desde hace varios años, formamos juntos una empresa de escenografía y vestuario con todo lo que conlleva. Recuerdo a mis hijos sobre un escenario durmiendo mientras pintábamos un telón o con mis hijos bordando un vestuario a las 3 de la mañana para entregar.
- ¿Sentís que a tus 45 años esta formación ha dado sus frutos?
- Siempre digo que nunca elegí una carrera, sino que elegí un camino porque no compito con nadie. Si tengo una competencia la tendría conmigo mismo, pero eso sería hipócrita porque creo en la construcción colectiva. Creo que eso, se traduce en el arte como artista. Siempre digo que para mí el arte es como un Dios, no quiero ser hereje ni hablar de más, pero hablo de esa relación que uno tiene con el universo, que algo te devuelve de alguna manera, alguna gente lo siente religioso, otra persona quizás en la madre que amasa el pan, otro lo siente en la libertad como cuando andas en bicicleta.
En el teatro me siento libre y me siento la persona que soy. Y a su vez, estando en personaje no soy ese tipo… por que uno tiene una especie de caparazón y protección. Quizás, es la esquizofrenia de ser un asesino sin serlo (risas), es la facultad que te otorga poder ser un actor.
- ¿Cómo ves a los actores y actrices que arrancan en esto?
- Los viejos grupos de teatro independientes tenían ese concepto de gurú y eso se fue perdiendo. Hoy por hoy, las nuevas generaciones tienen sanamente una pluralidad, donde no tienen problemas en trabajar con distintas personas. Yo si considero que como director del Centro Cultural, tengo que brindarles espacio para que desarrollen lo que necesiten. Porque en su momento yo siendo un joven artista me brindaron esos espacios y es dar una devolución.
En cuanto a las nuevas camadas, actualmente en la obra que hacemos con Ariel Eier Pic llamada "Érase una vez un rey" tenemos a Julián Bruna quien es un actor y un director muy joven. Nosotros con Ariel le damos el espacio como director de la obra, entendiendo que también es devolver esas oportunidades que uno recibió. En su momento Sergio Cangiano, un tipo con una trayectoria increíble tuvo la humildad de ponerse a disposición de un pibe que recién arrancaba.
- Con respecto a la obra Érase una vez, ¿cuántas lecturas tiene?
El texto es de un monstruo como Castro Godoy más allá que nosotros lo re-versionamos. Castro es el padre del teatro comunitario, es un autor, actor y director de la época de Allende, pre pinochetista, con mucha conciencia social.
- Él decía que de algún modo el arte llena el alma y no la panza, por eso tenía la costumbre de servir sopa y un pan a la salida del teatro.
Sí, está buenísimo y tiene que ver con los espacios donde el representaba sus obras que eran los barrios y lugares que no tenían acceso. El espacio teatral es público y eso la gente lo tiene que saber. Venturini, director del elenco Puroteatro dijo una vez: "Si la gente no va al teatro, el teatro tiene que ir a la gente" y eso planteaba el Cuervo; cualquier manifestación artística se podía dar en cualquier espacio.
Lamentablemente esta manifestación llenaba el alma, pero no la panza y para él, era una excusa para hacer una olla popular y servir algo para comer. Es generador de movimientos a nivel latinoamericano de teatro comunitario.
- Siendo el director del Centro Cultural Provincial, ¿como vivís hoy este presente a cargo de un espacio cultural tan importante para la provincia?
- Lo vivo desde un lugar de angustia y alivio. Primero por esa sensación de tener el compromiso de responderle a un montón de gente, cuando antes estuve codo a codo todos estos años haciendo reclamos de todo tipo en pos de mejorar el espacio, hoy estoy en el lugar de quien tiene que responder estos reclamos. Y tengo "angustia" en el sentido de decir, vamos a concretar esto. Pero el alivio de decir, soy yo... Esta esquizofrenia de enfrentarme a mí mismo y decirme, vamos a resolverlo. Todo lo que pase en mi gestión será en pos de mejorar el teatro bajo el concepto de trabajo en equipo y plural.
- Si tuvieras que titular vos esta nota. ¿Qué título le pondrías?
- Le pondría: "Demián Sanchez: un bicho artístico" o "el eterno equilibrista" o "el eterno buscador", ya que hasta el fin de mis días seguiré buscando como todo artista.
Temas









