Redacción Aire Digital
Luego de la regulación del uso de las pistolas de inmovilización Taser por parte de Nación, el ingeniero Maximiliano Buccello habló con Aire de Santa Fe para despejar varias de las interrogantes que rodean a esta nueva adquisición para las Fuerzas de Seguridad. La primera aclaración que se debe hacer es que Taser no es el nombre del producto, sino el fabricante de estas armas. Y que esta marca, la que proveerá el Estado a la Fuerzas de Seguridad nacionales, cuenta con dos modelos de este producto: el X26P y el X2.
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Si bien recién este año se regula el uso de las Taser, desde hace tiempo, ciertas provincias han adquirido el armamento allá por 2005 o 2006. Como lo son Mendoza, para su grupo especial, o Córdoba para el grupo E.T.E.R. (Equipo de Tácticas Especiales Recomendable). En Buenos Aires, el Grupo Halcón utiliza el modelo más avanzado de Taser desde 2017.
De acuerdo a lo que cuenta Buccello, las pistolas marca Taser traen integradas una cámara que no permite que se utilice sin que se registre audio y video. A partir del momento en que lo desenfunda, todo el procedimiento queda registrado.
En segundo orden, las Taser graban los datos eléctricos exactos de cuánto fue la duración de cada aplicación. Si el oficial la usó un segundo, dos segundos o lo que fuera.
Por último, cada cartucho tiene microetiquetas que quedan liberadas en el piso donde se disparó y pueden verificar de cuántos disparos se efectuaron y relevar otros datos.
No del todo cierto. “Cualquier herramienta mal utilizada puede ser letal”, dice Buccello. Pero para eso este armamento cuenta con las medidas de seguridad para asegurar un procedimiento transparente. Además, exige que el oficial esté capacitado para su uso y sea consciente de su proceder.
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La polémica principal del uso de esta armas es qué sucede cuando se aplica sobre una persona con problemas cardíacos.
Un detalle a tener en cuenta es que un marcapaso está fabricado para soportar la energía de un desfibrilador. La descarga de las Taser, es muchísimo menor que la energía mencionada anteriormente.
Por último, Buccello aclara que para evitar mayores inconvenientes el protocolo policial dicta que los efectivos deben apuntar a la espalda del objetivo, si es que el oficial se encuentra atrás del sujeto al momento de disparar, o desde el esternón hacia abajo, si se encuentra de frente.



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