domingo 15 de diciembre de 2019
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La historia de Braian Galván, la joya de Colón que se supera día a día para hacer realidad sus sueños

Por qué es futbolista, cómo llegó a Santa Fe, qué hizo durante su recuperación y qué quiere para su futuro, son las preguntas que respondió el "Tucu" en una entrevista exclusiva con Aire Digital.

Junto con María -su novia-, Alan -su hermano-, y Daniela -su cuñada-, Braian Galván (19) le abrió las puertas de su casa a Aire Digital para mostrar al pibe detrás del gol de la victoria de Colónante Estudiantes (LP). Un tanto que no significó únicamente los tres puntos quedaran para Colón, sino que fue una invitación para conocer más sobre uno de los proyectos de la cantera rojinegra y del fútbol argentino.

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Apenas dos contactos con la pelota bastaron para que Braian retorne a las canchas de la mejor manera, luego de su lesión de ligamentos y de la forma más inesperada, incluso, por su familia. De esta forma consiguió algo que no había podido lograr en el puñado de minutos que había tenido en cancha previo a la lesión. El gol a Mariano Andújar puso sobre el “Tucu” una señal de atención para que Pablo Lavallén o técnicos futuros sepan que es una alternativa interesante para cambiar el destino de un partido.

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Este primer grito en Primera División ante el Pincha trae rápidamente a la memoria de los futboleros el gol de un crack argentino en un Mundial. Con emoción, Braian dice que observó imágenes, comparó y analizó la jugada donde pudo observar que la postura en el momento previo a impactar la pelota era similar a la de Lionel Messi cuando le rompió el arco a Francis Uzoho, de Nigeria, en el Mundial de Rusia 2018. Sus palabras hacen juego con la foto que se tomó con el crack del Barcelona cuando en una oportunidad fue sparring de la Selección Argentina.

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A pesar de ser el primero, el “Rata” o “Enano” como lo conocen en el barrio en Tucumán, “todas cosas chiquitas”, según sus palabras, cuenta que debió ver lo que había hecho luego del partido porque “no me acordaba, porque cuando paro la pelota y la cruzo fue todo como en cámara lenta, fue todo como una nube”, dijo con una sonrisa recordando el gran momento en que hizo estallar en un solo grito a todo el Brigadier López.

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Y agregó: “Aparte Andújar (Mariano) es largo, pensé que iba a llegar, por eso me quedé mirando. Después me saqué porque fue un desahogo”. Un alivio que también se escuchó en su tierra natal, un 3-2 de Colón que desató la locura de la familia que lo sigue a la distancia. “Allá saltaban, gritaban, lloraban. Encima mi viejo lo miró solo, después fueron sus amigos a felicitarlo. Nadie esperaba que en la vuelta de la lesión iba a hacer un gol”, contó.

Galván se muestra con los pies en la tierra más allá de esta semana de gloria post gol y triunfo. Algo que aprendió, tanto en lo futbolístico como en lo humano, cuando jugaba en los potreros de Tucumán. Es lo que forjó en las canchas con (aunque no lo crea) vidrios entre la tierra y algo pasto de Villa Santillán, club donde jugó en su provincia.

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Una época “en la que no querías tirarte a barrer ni caerte”, cuenta Braian entre risas, pero que le sirvieron para mejorar su técnica y comportamiento fuera de las canchas. Tan adentro lleva a Tucumán que no solo se le nota en su inconfundible tonada que no se atenúa a pesar de los años vividos en la capital santafesina, sino en su buena relación con los otros tucumanos del plantel: “Somos muy unidos. Nosotros acá con Esparza (Gabriel) y el Pulga (Rodríguez) estamos siempre juntos”.

Además de amigo, el Pulga es un referente para este joven atacante “porque es el que está en la posición mía. Pero hay muchas cosas por aprender todavía, ojalá pueda ser como él algún día”, dijo el también seguidor de Nacho Fernández (River), Emanuel “Bebelo” Reynoso (Boca) o Nahuel Bustos (Talleres de Córdoba).

La química con el delantero sabalero también fue y es tema de conversación entre Braian y su padre Omar: “Yo hablaba con mi ‘viejo’ y le contaba que soñaba con que yo le iba a dar el pase a él (al Pulga). Pero se dio así porque la jugada fue por ese lado. Si hubiese sido al revés se lo daba yo”, detalló Galván sobre este que fue su primer gol en Primera División.

La historia de este primer grito del “Tucu” en Colón se gesta desde hace años, es que lleva el fútbol en la sangre. Es Hijo, sobrino y primo de varios profesionales. Su padre Omar fue jugador de San Martín de Tucumán, su tío Pablo hizo lo propio en Barcelona de Ecuador y tiene a un primo jugando en Bolivia.

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Omar Galván, padre del

Omar Galván, padre del "Tucu", cuando era jugador de San Martín de Tucumán.

Con tantos antecedentes parecía inevitable que el “Tucu” no haga otra cosa que jugar a este deporte. Hoy lo disfruta Colón, los hinchas sabaleros pueden darse el gusto de tenerlo entre sus filas, pero el destino pudo ser muy diferente de no ser por un llamado de su hermano.

“Llegúe a Colón en el 2013 por mi hermano”, contó al comienzo de su relato el volante ofensivo del Sabalero. “Él jugaba en Villa Santillán y le estaba yendo muy bien. Quedó acá, jugó un año y me preguntó si me quería venir”. ¿Pero de dónde debía salir Braian para recalar en su actual club? Nada menos que de Independiente, al que había llegado gracias a una recomendación del mismísimo Ricardo Enrique Bochini. “Yo estaba en Independiente, me había llevado Bochini. Estuve como un mes y medio y me iba bien. Ahí mi hermano me dijo de venir acá porque Colón es un club lindo y la ciudad más tranquila que Buenos Aires o Tucumán”, indicó Galván.

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“Si seguía allá (en el Rojo) las cosas iban a ser muy diferentes, pero gracias a Colón se empezaron a dar muchas cosas lindas”, agregó este fanático de la Premier League y el Liverpool, liga y club donde sueña “jugar algún día” porque “es un juego técnico y rápido”.

Pero para hoy estar en este momento sublime y de gran optimismo de cara al futuro, Braian debió superar un largo período de recuperación por una rotura del ligamento cruzado anterior de una de sus rodillas. Una etapa en la que necesitó de su familia y de mantenerse en actividad constante “porque si estas acostado, te ponés a pensar y te afecta más”.

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Daniela, su cuñada, Alan, su hermano y María, su novia.

Daniela, su cuñada, Alan, su hermano y María, su novia.

“Mi novia siempre me acompañó. Las primeras dos o tres semanas son las más difíciles, por la forma en que hay que caminar, y ella me ayudó mucho. Después vinieron mis papas y me ayudaron mucho”, contó el Tucu. A pesar de no poder hacer lo que más le gusta, jugar al fútbol, los meses fueras de los campos de juego los aprovechó para mejorar en el aspecto físico, sobre todo en la masa muscular que ganó y que hoy lo beneficia porque lo notó desde el arranque, en los braceos. "Muchos te meten un manotazo y te tiran, pero ahora ya no”.

A tan corta edad, reponerse de estar alejado de sus padres, volver de una dura lesión, aprovechar el parate para mejorar aspectos que mientras jugaba no podía hacerlos habla de un joven con un carácter y un temple que pocos tienen. Su tranquilidad para tomar las decisiones en la vida se transmite en su voz y sus palabras, aunque no así en la cancha donde trepado a los hombros de sus compañeros le grita al cielo como un gladiador porque sabe que fueron muchos los obstáculos que debió superar para saborear ese momento de gloria y los que vendrán.

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Con el arco abierto y con poner en aprietos al entrenador por más minutos, Braian anticipa que para un futuro segundo gol podría llegar a ensayar algún festejo elaborado: “Vamos a ver, vamos a inventar algo”, como aquellas celebraciones que solía hacer con su primo Gonzalo, más conocido como el “Özil tucumano"por su parecido físico con el jugador alemán del Arsenal.

Es comprensible y esperado que ese grito sea así de desaforado y descontrolado por todo lo que había vivido los meses previos a este reencuentro con la pelota. Ese “dejé todo” haciendo mención a su festejo significa haber cerrado una etapa donde se centró a ejercitarse en su casa o en el gimnasio, yendo al cine con su novia o en los paseos con su perro “Spike” para hacer más llevadera la espera de pisar el verde césped.

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Braian posa junto con

Braian posa junto con "Spike", su bulldog inglés de 11 meses, a quien lleva tatuado en su hombro izquierdo y dice que le "da suerte".

Ya repuesto, con todas las energías puestas en disfrutar de lo que más hace, Galván está de pie, lleno de fe como así su brazo derecho lo demuestra. Ahora más que nunca, este joven de 19 años está nuevamente en carrera para deleitar al público sabalero con más goles que decidan partidos y, por qué no, con esos locos festejos que contagien a las tribunas y a parte de Tucumán.