Según diversos estudios, comer papas en forma regular puede aportar nutrientes valiosos como potasio, fibra, vitamina C, vitamina B6 y antioxidantes. Preparadas hervidas, al horno o al vapor, son una excelente fuente de energía de liberación lenta, que ayuda a mantenernos saciados y con buen funcionamiento digestivo. Además, contienen almidón resistente, que mejora la salud intestinal y puede colaborar con la reducción de la inflamación.
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Sin embargo, no todo es tan simple. Comer papas todos los días también puede tener efectos negativos, sobre todo si se abusa de las versiones fritas o procesadas. Estas presentaciones suelen tener grasas trans, alto contenido de sodio y compuestos como la acrilamida, que se forma al freír a altas temperaturas y que está asociada a problemas cardiovasculares y riesgo cancerígeno.
Además, las papas tienen un índice glucémico elevado, lo que puede influir en los niveles de azúcar en sangre si se consumen en exceso. Por eso, los especialistas recomiendan no superar las cuatro o cinco porciones semanales, y combinarlas con otros vegetales y cereales integrales para mantener una alimentación equilibrada.
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En definitiva, comer papas todos los días no es necesariamente malo, pero todo depende de la forma en que se preparen y de la cantidad. Priorizar las versiones caseras, al horno o hervidas, y evitar las fritas o industriales, es clave para aprovechar sus beneficios sin comprometer la salud. Y como siempre, lo mejor es consultar con un nutricionista para adaptar la dieta a las necesidades de cada persona.