Según los estudios de la expansión del Universo visible, cada parte de la historia del espacio está compuesta por imágenes que ya pasaron. ¿Cómo es esto? Significa que todo lo que vemos en el cielo es nada más y nada menos que una imagen antigua que tiene -según el caso- millones de años de antigüedad.
Los humanos observamos la realidad visible con el canal más rápido de comunicación que existe: la luz. Gracias a ella vemos las cosas como las vemos: nuestros ojos son receptores y no fuentes de luz.
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La luz está compuesta por ondas que según la longitud, es decir, el tamaño entre una onda y la otra, hará que nuestros ojos la vean de determinado color o no la vean. Una vez que la luz (puede ser emitida desde una lámpara) toca un objeto, este absorbe todo el espectro de colores excepto uno, eso es lo que devuelve a nuestros ojos y es ése el color con el que veremos determinado objeto. Siempre seremos capaces de ver las ondas de luz que no sean ni demasiado intensas ni demasiado tenues. Es decir, si por ejemplo mirásemos la luz del sol que posee una fuerte cantidad de energía, nos destruiría las retinas y quedaríamos ciegos en cuestión de segundos. No pasa con la luz de los objetos.
¿Y qué tiene que ver esto con el interrogante sobre el sol? Nos vamos acercando a la respuesta.
Como es la luz la responsable de que veamos todo a nuestro alrededor y sobre el vacío viaja a 300.000 kilómetros por segundo, en pequeñas dimensiones como las terrestres no podemos percibir su viaje. Cuando encendemos la lámpara de la mesita de luz, nuestra habitación se ilumina de inmediato ya que la luz en ese espacio tan insignificante para ella ocupó todo el espacio en mucho menos de lo que pestañeás. Pero en el espacio las cosas son distintas. Las distancias son tan gigantescas que la luz de los “objetos galácticos” puede tardar varios minutos en llegar hasta nosotros y por lo tanto, nosotros podemos tardar varios minutos o años en enterarnos de que están ahí. Esto es lo que sucede con el sol y con todas las estrellas del cielo. Probablemente muchas de las que vemos hoy hayan muerto, pero están tan lejos de nosotros que, de ser así, nos enteraríamos dentro de miles o millones de años, hasta que su “información lumínica” llegase hasta nuestro planeta. Es decir, nunca lo sabríamos.
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En el caso del sol, según los cálculos, nuestra estrella está a unos 150 millones de kilómetros de nosotros y la luz que emite tarda unos 8 minutos y 20 segundos en llegar a la Tierra. Es lo que tardamos en enterarnos de que está ahí, de que existe y aún no ha estallado. Es decir, el sol no está ahí donde lo vemos cuando lo vemos, sino que está desplazado unos 117.300 kilómetros de ese lugar, porque hasta que llegó su imagen a nosotros con una tardanza de 8 minutos, siguió su órbita. Lo que vemos es una imagen que ya pasó. Vieja.
Si el sol comenzara a "morir", tardaríamos 8 minutos en enterarnos. Asusta. Pero no hay que preocuparse. Pase lo que pase con el pasado del espacio -que es nuestro presente-, los días soleados seguirán siendo lo que son y el sol no explotará de la noche a la mañana. Faltan unos 5 mil millones de años.
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