La construcción de la presa de las Tres Gargantas, en el río Yangtsé de China, tuvo un impacto más allá de lo esperado. Según datos confirmados por la NASA, esta macropresa, que contiene 39.300 millones de metros cúbicos de agua, movió el eje de la Tierra, provocando que los días se alarguen en 0,06 microsegundos.
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La revista Geophysical Research Letters ya había anticipado en 2010 que infraestructuras de esta magnitud podían tener efectos medibles sobre el eje terrestre, colocando la actividad humana como un nuevo actor geofísico a escala planetaria.
Un impacto planetario invisible pero real
El peso colosal de la presa, más grande que toda la población mundial junta, ha alterado la distribución de la masa terrestre, lo que ha provocado un leve desplazamiento del eje de rotación de nuestro planeta. Este fenómeno, aunque casi imperceptible, es un ejemplo claro de cómo una infraestructura de tal magnitud puede afectar a la geofísica del planeta.
Este no es el primer caso de un fenómeno similar. En 2004, después del tsunami en el Océano Índico, el día se redujo en 2,68 microsegundos. Ahora, gracias a la presa de las Tres Gargantas, el día se ha alargado 0,06 microsegundos.
Más que una maravilla de ingeniería
La presa, inaugurada en 2009, fue considerada un avance significativo para China. Además de generar energía hidroeléctrica, esta infraestructura ayudó a reducir las inundaciones y facilitó la navegación fluvial en la región. En 2024, China aprobó la ampliación de la presa, convirtiéndola en la más costosa del mundo y triplicando su capacidad.
Con una capacidad de producción de 300.000 millones de kilovatios/hora anuales, la presa ha jugado un papel crucial en la disminución del uso de combustibles fósiles en el país. Sin embargo, el costo ambiental ha sido considerable: más de 1,3 millones de personas fueron desplazadas por su construcción, y el impacto sobre el ecosistema local ha sido significativo.
Una reflexión sobre el impacto humano
Este fenómeno, aunque mínimo, nos invita a reflexionar sobre el alcance de las construcciones humanas y su impacto en los procesos más profundos del planeta. La NASA ha demostrado una vez más que, aunque nuestras acciones sean invisibles a simple vista, sus efectos pueden ser globales, afectando la rotación de la Tierra misma.
Esta macropresa es un recordatorio de cómo la tecnología y el desarrollo económico, aunque traigan beneficios evidentes, también pueden alterar el equilibrio de la naturaleza de formas inesperadas.
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