La bala le atravesó la cabeza al policía Víctor Páez que conducía el patrullero. Otro disparo rozó se clavó en el tórax, pero lo detuvo el chaleco antibalas. A este suboficial, oriundo de Uranga, le dispararon en una persecución contra tres hombres de Los Monos que se movían en un Chevrolet Aveo gris.
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La hipótesis que manejan los investigadores es que este grupo de los Cantero iba en camino a atacar a la banda de los Romero, como ya ocurrió dos veces en los últimos diez días. Iban armados hasta los dientes: llevaban un FAL con un cargador completo y una bala en la recámara lista para disparar.
La guerra narco entre Los Monos y Los Romero responde a dos intereses paralelos: venganza y negocios. Por un lado, quieren “cobrarse” el secuestro de un joven de la familia Cantero que fue secuestrado por Los Romero y golpeado de manera salvaje. Por otro, la estrategia del clan de Las Flores es ampliar su territorio para la venta de drogas, un negocio que se achicó con la cuarentena y va a dejar en el camino, como en la economía real, a menos jugadores manejando el comercio ilegal, con una matriz casi monopólica.
No hay antecedentes muy notorios de enfrentamientos de policías con narcos. Por eso, este hecho provocó rabia entre los uniformados, que salieron a cazar a los que le dispararon a este suboficial oriundo de Uranga.
En la fuerza la investigación está a cargo de la nueva Agencia de Control Policial, porque no está clara la participación de un tercer policía en el hecho, cuyo comportamiento parece, por lo menos, extraño. La trama se empezó a gestar a las 21.40 del martes, cuando un policía de civil dio aviso al 911 que había sido blanco de un intento de robo en Nuevo Alberdi, en el norte de Rosario, cerca del límite con Ibarlucea.
Vieytes y Avenida Joaquín Suárez, la zona donde fue baleado el suboficial Víctor Páez.
Un patrullero que estaba en la zona norte fue hacia ese lugar. La información oficial señala que cuando llegan al lugar un Chevrolet Aveo se fuga. El patrullero con los dos policías lo empieza a perseguir. Y se produce un intenso tiroteo. Víctor Páez, el chofer del móvil, sufre dos disparos, uno en la cabeza y otro en el tórax.
Los atacantes que iban en el Aveo logran escaparse y descartan un fusil FAL. Cuando llegan a esa zona otros móviles en apoyo del herido encuentran en Ibarlucea, a unos 3 kilómetros del lugar, al Chevrolet gris.
Páez se encuentra en grave estado por su herida en la cabeza. Durante la madrugada los médicos decidieron operarlo para descomprimir el cráneo, donde la bala entró y salió. Se encuentra asistido por respirador artificial, en estado crítico, según el parte de este miércoles al mediodía.
El martes de la semana pasada, cuando se produjo el asesinato de Joel Mansilla, de 17 años, miembro del clan de Los Romero, ocurrió algo extraño con la policía. Testimonios de los vecinos, a los que tuvo acceso Aire de Santa Fe, señalan que cuando llegaron los atacantes en dos autos había un patrullero en la zona que desapareció. En el feroz ataque contra la residencia de Los Romero, usaron 52 balas. El ruido de las detonaciones se escucharon desde lejos, pero ningún policía apareció.
Como publicó Aire de Santa Fe el domingo pasado, la flexibilización de la cuarentena empezó a cristalizar una mayor dureza en los enfrentamientos entre bandas. En el Ministerio de Seguridad creen que Ariel “Guille” Cantero pretende absorber a los vendedores de droga más pequeños en una especie de búsqueda desaforada por quedarse con un mercado de cocaína cada vez más reducido a causa de la crisis económica y la pandemia. Los movimientos de este mercado clandestino se ejercen balas.
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Los Romero son una histórica banda que, como la mayoría, se dedicaba a los delitos más comunes –entraderas y robos, principalmente– y derivó a un perfil con una base de recaudación con el manejo de la venta de drogas en esa zona cercana a la ruta 34. Al igual que otras organizaciones criminales, es un clan familiar, liderado por Lichi que está preso y fue condenado en octubre de 2018 a 20 años de prisión por una ristra de delitos violentos.
También es investigado por lavado de dinero y su caso se transformó en una especie de mojón para la justicia santafesina, porque la Cámara Penal Federal de Rosario resolvió que ese fuero es competente para intervenir en delitos de blanqueo de activos. La decisión judicial se transformó en un precedente relevante para las investigaciones que apuntan a los bienes que acumulan las organizaciones criminales.
En el caso de Lichi, el MPA detectó que a pesar de que nunca tuvo actividad laboral en su vida logró comprar un BMW modelo 323i, valuado en unos 20.000 dólares. Su primo Gastón Romero, que tampoco posee ingresos legales, adquirió en octubre de 2014 un Citroen C4 por 13.000 dólares. Cinco meses después compró un Mini Cooper por 17.000 dólares.
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