Britney Spears es la muestra de lo repentina que es la fama y los costos que puede traer aparejados la misma. El éxito repentino y la alta explotación de la industria son una verdadera bomba de tiempo. La intérprete de Baby One More Time no para de preocupar a sus fanáticos con sus posteos en redes sociales. Es que muchas de sus fotos o videos subidos a su cuenta de Instagram, no solo no la están dejando bien parada sino que incluso, algunos creen que se tratan de desesperados pedidos de ayuda.
Según informa el sitio web Teleshow, Britney conoció las mieles del éxito en plena adolescencia. Antes de cumplir los 10 años ya mostraba su talento en los escenarios como actriz y cantante para luego volcarse de lleno en el mundo de la música. A los 18 sacó su primer trabajo discográfico bajo el nombre de Baby One More Time. Según los sitios encargados de recopilar información referida a los números y datos, se transformó en la adolescente que más discos vendió. Nadie pudo superarla si nos enfocamos únicamente en ese período de vida. Fue catalogada como la mejor artista internacional de aquellos años... Todo esto, antes de cumplir los 20.
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Sin embargo, en sus últimos 12 años solo se dispuso a cumplir reglas y a obedecer sin siquiera emitir opinión. Aquella joven talentosa se chocó de frente con los excesos que la fama le presentó. Quien supo hacer de su vida lo que quiso, hoy no puede disponer, por ejemplo, de su dinero ni de sus propiedades. Sin autorización, no puede ir de compras, no puede ver a sus hijos, no se podría casar si quisiera… No puede salir de su casa.
Pero los medios que siguen su día a día reflejan otras cuestiones que van más allá y que se representa con el dolor que siente. Hay incertidumbre desde su lado ante la imposibilidad de enterarse sobre los movimientos que se hacen desde sus cuentas bancarias. Mientras que su padre aduce que todos los meses rinde cuentas al fisco, ella y su nuevo abogado no están tan seguros de que las cuentas estén claras. Desconfían y no logran llegar al fondo de la cuestión. Tampoco tiene la posibilidad de explayarse sin previa consulta. Cada frase o imagen que sube a sus redes sociales es previamente chequeada por el entorno que tiene su tutela. Esto abrió el paraguas protector de sus fanáticos y parte de su familia que no está de acuerdo con el régimen que debe obedecer.
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Su vida continuó sumergida en un tormento que la llevó a alejarse de lo más preciado. En octubre, siempre del mismo año, perdió la custodia de sus dos hijos, Seam y Jayden, fruto de la relación con el bailarín Kevis Federline, de quien se había separado un año antes. Así continuaron los sinsabores hasta que en enero de 2008, por disposición de la justicia, fue internada en un centro psiquiátrico bajo la ley 5140, la cual le permite a un juez internar a un ciudadano aún sin su consentimiento, si se comprueba que su integridad o la de otros corren peligro. Allí, el tribunal dictaminó que la cantante quede bajo la tutela de James, su padre.
Porque perdió el control de todos sus actos y accionares. Cada paso que intenta dar no lo puede llevar adelante sin pedir permiso a su papá pese a que ya tiene 38 años. Esta controvertida decisión movilizó a sus fanáticos, que se hicieron escuchar bajo el título de #FreeBritney (liberen a Britney), exigiendo su autonomía. En las últimas semanas, este movimiento se volvió a escuchar en todas las latitudes.
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El hashtag nació en 2009 y desde entonces sus fans buscan respuestas allí. Tras varios años de tranquilidad, recobró importancia a fines del año pasado, cuando se dieron algunos cambios sobre su curatela que no fueron informados, como pide Britney, para que sus seguidores estén al tanto. Uno de ellos fue que su padre la obligó a dejar su casa de Las Vegas para que se mudara con él.Ella no quiso, pero debió obedecer. Al poco tiempo fue internada, una vez más en contra de su voluntad, en una clínica psiquiátrica. Continuando por la misma vía, las sospechas giran en torno a la fortuna que se está llevando su padre por el solo hecho de ser su tutor. Aquí entra a jugar lo moral. No son pocos los que ponen el foco en la figura de un padre cobrándole a su hija enferma para cuidarla y administrar sus bienes.
A tal punto, que la cantante Cher también aprovechó sus redes sociales para aportar su mirada y defenderla: “Trabajó duro, fue la gallina de los huevos de oro, hizo mucho dinero, enfermó, ahora es una vaca lechera... Alguien que hace dinero con ella estando enferma, ¿la quiere bien? Debería cuidarla alguien que no quiera nada de ella”, comentó en Twitter.
Desde el círculo íntimo de la cantante creen que el pedido de renovación para ser quien dirija su vida tiene que ver con la posibilidad del incremento de sus arcas. La justicia dictaminó que ella le tiene que pagar un sueldo de 100 mil dólares a su padre por cuidarla, pese a que ella pide que ese trabajo lo realice otra persona. Al mismo tiempo, según People, ella prácticamente no tiene relación con su progenitor y, ante esto, pide una persona de mayor confianza a su lado, controlando su patrimonio.
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