Este 8 de septiembre se cumplen 10 años de la muerte de Blanca, la hija de Pampita y Benjamín Vicuña. La nena tenía seis cuando se enfermó gravemente por dos bacterias que contrajo durante un viaje familiar por México. Aunque los médicos hicieron todo por salvarle la vida, su salud se complicó y la noticia conmovió al mundo.
En esta fecha tan especial para toda la familia, la modelo eligió viajar con sus hijos a Chile para llevarle flores a la pequeña, que descansa en el Cementerio Parque del Recuerdo. Por primera vez, se conoció una foto de su tumba, adornada con rosas blancas y flores artificiales rosas con fotos y un paraguas para que no se mojen.
La postal fue compartida en las redes por Bautista Vicuña, el segundo hijo de Pampita y el actor chileno. "Mi hermana grande", escribió luego junto a varias imágenes inéditas donde aparecen juntos.
El posteo con el que Benjamín Vicuña recordó a su hija Blanca
Días después de la muerte de su padre, Benjamín Vicuña se enfrentó con otra fecha movilizante: el décimo aniversario de la partida de su primogénita. Por primera vez, se animó a hablar como nunca antes de ella, y hasta reconoció que está escribiendo un libro.
“Esta fecha quedó grabada en mi memoria, en mi piel y en la piel de la gente que amo. Hoy, 8 de septiembre –no sabes lo que me cuesta escribirlo– se cumplen 10 años e intento cerrar un ciclo que comprende todos estos meses y todos estos años, todas las cartas, poemas y referencias con fotos tuyas, hija querida, que te fui escribiendo como una relación epistolar con el cielo. Hoy estás más acá que nunca, o yo estoy más allá. Hoy mi casa está habitada por tu cara, tus fotos y de tus recuerdos”, expresó el actor.
Luego, añadió: “Diez años que comenzaron con la rabia, la negación la impotencia, más tarde la aceptación y luego la reconstrucción. El mismo Dios que te llevó, nos sostuvo, nos cuidó y hoy me regala vida, salud y nuevos desafíos. Jamás voy a terminar de entender el por qué, pero sí puedo mirar al fondo de mi alma y estar seguro de que nos acompañamos más que nunca, que estás. Que el 8 sea el signo de la eternidad, elijo pensar que no es un mero azar. En este ciclo, sin duda la amistad fue fundamental para poder salir de zonas oscuras y dolorosas. En lo personal, estos escritos, poemas abstractos y acciones que compartí públicamente, me hicieron bien, me ayudaron. Cada uno de los comentarios que recibí, fueron como un silbido en medio de la niebla, como un cariño, un manto sagrado de protección y humanidad”.
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